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Agustín Fernández Mallo

Agustín Fernández Mallo

«El deslumbramiento estético sólo se da ante situaciones y objetos que nos desenfocan la mirada establecida. Entonces es cuando se regenera un género, o lo que es lo mismo, aparece uno nuevo»

Entrevista: Iván Humanes Bespín

Reseña: Miguel Ángel Gara

 

Nocilla Dream es la primera novela del poeta Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967). Publicada en 2006 por la editorial Candaya, ha sido considerada como una de las mejores novelas del año pasado por los críticos de El Cultural, y la mejor según la revista literaria Quimera. Fue la primera entrega de su Proyecto Dream, que se completará con la edición de dos libros más: Nocilla Experience y Nocilla Lab. Desacostumbrados como estamos en este país a recibir y reconocer nuevos talentos, Fernández Mallo rompe con todos los tópicos literarios y se convierte en la excepción: ha sido avistado por los críticos y la calidad es lo que prima en su obra.

 

Iván Humanes Bespín: Nocilla Dream se abre con un prólogo de Juan Bonilla, y ahí se hace énfasis al desierto. ¿Es esta una novela repleta de desiertos? ¿Cómo explicaría la novela?

Agustín Fernández Mallo: Sí, quizá el desierto es la metáfora conductora. El desierto es un lugar de frontera, un límite entre lo orgánico y lo inorgánico, es decir, entre la vida y la muerte. Los personajes también están de alguna manera en un límite, en el de lo asocial, lo extraño. Es quizá una novela de fronteras (un poco a lo David Lynch), tanto físicas como simbólicas. Y esas fronteras se pueden articular tanto con referencias clásicas, como científicas o pop. Pero lo que más destacaría del libro es el tono poético y simultáneamente plano, casi periodístico, que tiene. Si yo no fuera poeta no podría haberlo escrito. 

 
Iván Humanes Bespín: Nocilla Dream es fruto de un accidente: comenzó a escribirla mientras estaba en cama, al haber sido atropellado por una moto y romperse la cadera. ¿Qué elementos fueron los que influyeron en su escritura durante ese tiempo?

Agustín Fernández Mallo: Bueno, directamente, quizá el estar postrado 25 días en la cama de un hotel de Tailandia. Lo único que podía hacer es zapear por canales incomprensibles y escribir en cuanto papelito iba encontrando, facturas incluidas. Pero en realidad, todo eso ya estaba en mí, yo ya lo traía, porque reelaboro más con productos mentales que, aunque emanen de la realidad, son de “segunda generación”, que de la experiencia directa. De hecho, la novela es una muestra de mi empanada mental, no de mi realidad física.

 

Iván Humanes Bespín: ¿Qué es la “docuficción”?

Agustín Fernández Mallo: Una manera de articular una construcción: bebe del género documental pero también hay ficción en tanto ese documento es modificado. Creo que mi novela se ajusta bien a ese género. Es lo que hacen con sonidos los músicos cercanos al Dj cuando usan el sample.

 

Iván Humanes Bespín: Parafraseando un artículo que publicó en la desaparecida Lateral, ¿cree que es condición indispensable para la nueva novela, que lo menos obvio sea, precisamente saber que es novela?

Agustín Fernández Mallo: Esta pregunta me gusta, porque es algo que me parece fundamental. Cuando un género se establece totalmente, aparecen los tics, los amaneramientos, se agarrota, se esclerotiza por un exceso de colesterol en sus venas. El deslumbramiento estético sólo se da ante situaciones y objetos que nos desenfocan la mirada establecida. Entonces es cuando se regenera un género, o lo que es lo mismo, aparece uno nuevo.

 

Iván Humanes Bespín: La cultura pop y sus derivaciones está latente en sus páginas, ¿qué le aportan esas referencias? ¿No cree que la mayoría de escritores reniega de su “actualidad”?

Agustín Fernández Mallo: Bueno, eso me sale sin premeditación alguna. Aunque toda novela es una construcción, un artificio, es también un reflejo del autor. Es que mi mundo, lo que me estimula, es una resultante tanto del Equipo-A como de Cioran, pasando por la física o por Valente, o los chicles de fresa ácida y Sr. Chinarro. En ese sentido yo no diría tanto pop como sí ecléctico, un posmodernismo lioso y tardío. Y todo eso, tanto a mi obra poética como ahora a mi narrativa, le aporta una frescura que por lo que se ve muchos lectores echaban en falta. Pues lo celebro, pero no hay premeditación alguna.

 

Iván Humanes Bespín: ¿Cómo relaciona la física, su profesión, con la poesía y la narrativa? ¿La poesía es matemática?

Agustín Fernández Mallo: Es que para mí la física es un gran poema. No es la realidad si no una representación de la realidad, y como tal, es susceptible de ser tratada como ficción. A llegar a ese pensamiento me han ayudado pensadores como Rorty, Baudrillard o Félix de Azúa. Ahora bien, no creo que la poesía sea matemática. Más bien al contrario, la matemática es poesía.

 

Iván Humanes Bespín: ¿Cómo ha recibido la avalancha de críticas positivas sobre Nocilla Dream? ¿Cree que el éxito puede cambiar al escritor?

Agustín Fernández Mallo: Las he recibido con mucha tranquilidad y alegría. La gente de Candaya ha hecho un trabajo espléndido de promoción, un trabajo que ya les gustaría a muchas grandes editoriales, y me he sentido muy acompañado en todo. Y contestando a lo segundo, claro que el éxito cambia al autor, es natural y así debe ser, lo contrario es negar el propio hecho de la vida. La cosa está en si lo cambia para bien o para mal. Ahí cada uno ha de estar bien atento, y si comete un traspiés fatal, pues mala suerte.  

 

Iván Humanes Bespín: Nocilla Experience será el siguiente título a publicar en esta trilogía, ¿puede anticiparnos algo sobre su argumento?

Agustín Fernández Mallo: El tono y la poética son muy similares al de Nocilla Dream, sólo que la metáfora conductora en vez de ser los desiertos quizá es el río, las nieves, que vienen a ser otro desierto en inverso. Y el último, Nocilla Lab, no tiene nada que ver con los otros dos ni en contenidos ni en forma.

 

Reseña

Nocilla Dream
Agustín Fernández Mallo
Ed. Candaya, 2006

 

LA IDENTIDAD COMO TRÁNSITO

Nocilla Dream, la primera novela del poeta y físico Agustín Fernández Mallo (La Coruña 1967), es una novela especial ¿y por qué es especial? primero porque es uno de los pocos intentos serios en la narrativa española actual de integrar otros géneros y otras disciplinas no necesariamente literarias, lo cual, según el mismo autor ha declarado en alguna ocasión, vienen realizando ya con cierta naturalidad otras artes como la pintura, el cine o la música. Y segundo porque esta novela, planteada posiblemente con la intención de reivindicar o de reinventar algunos postulados de la posmodernidad, (fragmentación del discurso narrativo, intertextualidad, ironía, preponderancia de las interpretaciones frente a los hechos, etc.) tiene mucho que ver con la poesía. Y es que al margen de su innegable capacidad de sugerencia lírica, Fernández Mallo despliega un mosaico de personajes que se desplazan ante símbolos y objetos simbólicos (un árbol en el que cuelgan miles de zapatos, un gigantesco laberinto subterráneo, la cabina de un avión en tierra, una improbable estatua de Borges) de una manera parecida a como las curvas de un fractal construyen una longitud infinita con una superficie finita. Esta metáfora es a su vez utilizada con acierto en el transcurso de la narración y define muy bien el resultado final.

El lisérgico título de la novela, cuya elección personalmente me resulta un auténtico misterio, remite al parecer a una canción de Siniestro total (y tal vez al recuerdo de un anuncio en el UHF de los perdidos 70), y apunta a la mezcla de un elemento familiar o incluso cotidiano -como es la conocida crema de cacao- con la vocación sofisticada y ambiciosa que alienta el libro.

El argumento (por llamarlo de alguna manera, dado que el autor evade las reglas de narratividad al uso) se desarrolla en su mayor parte en las enormes planicies cuasi-vacías de algunos estados de Norteamérica: Nevada, Oklahoma, Texas, sitios desocupados, espacios donde en invierno impera el viento y la línea recta y en verano la luz y los espejismos, en fin, no-lugares, por otro lado virtualmente semejantes a aquellos a los que cientos de millones de ciudadanos del mundo accedemos a diario: las electrónicas vísceras de los servidores de red del planeta, zonas donde la personalidad puede ser suplantada, la vida inventada, donde la máscara se convierte en el verdadero rostro.

Es por eso que sin dejar de ser un interesante tapiz de historias que pudiera abrir nuevos caminos desde el punto de vista formal, lo más importante de Nocilla Dream es su capacidad de epitomar el mundo que se nos ha avecinado sin que tal vez hayamos caído demasiado en la cuenta. Un mundo que no percibimos ya únicamente con nuestros sentidos inmediatos, ni siquiera en nuestra relación con los demás, si no que se nos ofrece como una posibilidad perpetua de transformación, y nos permite interactuar como si fuéramos otra persona e incluso sentirnos otra persona (sentimiento éste que tiene mucho que ver con la poesía) en entornos que cuestionan las barreras psicológicas del espacio-tiempo. Internet, los nodos de comunicaciones, los aeropuertos, las fronteras, los países inexistentes; lugares de paso, espacios donde se puede vivir pero a los que difícilmente llamaríamos hogar, desiertos en definitiva, acaso donde comienzan los mitos, o la poesía. La identidad como tránsito.

 

 

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