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Eduardo García Fernández
La búsqueda de la sabiduría abriéndose paso.
El primer indicio que tenemos del personaje Subhuti emerge tímidamente en una historia apócrifa del libro “Asia, alma y laberinto” del 2.002, título ya de por sí altamente sugerente, donde en el “sutra del gran rey Vivekataramanam y su hermano gemelo que llegó de países extraños”, se realiza una iniciática y pedagógica explicación del budismo que como broche final del libro aporta lirismo a la narración.
Partiendo de la traducción de un antiguo manuscrito custodiado en el monasterio de Maha Gandayon de Amarapura en Birmania, preparada por Jesús Aller a partir de una versión inglesa de la que es autor el venerable Lun Sein, un monje del citado monasterio, se presenta la autobiografía de un monje que vivió probablemente en el II milenio en la India.
Si cada vida es un río y con anterioridad llegamos a conocer una pequeña bifurcación del Ganges (Subhuti), ahora en estos fragmentos de una vida asistimos al recorrido de todo su maravilloso caudal (vida) con una prosa que desde su inicio nos envuelve de principio a fin.
Teniendo presente esa imagen del río, en sus comienzos el personaje recibe las enseñanzas de un maestro espiritual, “el despierto”, manantial de origen que provoca que Subhuti se adentre en las enseñanzas del budismo, donde vivirá experiencias que lo irán transformando como “el flujo de conciencia que en la meditación tiene que ser observado milimétricamente y diseccionado para descifrar las viejas voces que nos habitan” “... ese estado en el que todo calla y la paz dulcemente regresa”.
En el idioma inglés existe un término para designar este estado y es mindfulness que puede entenderse como atención y conciencia plena, presencia atenta y reflexiva. Es una experiencia contemplativa donde se pretende observar sin valorar, aceptando la experiencia tal y como es; es también una forma de estar en el mundo, una filosofía de vida y un modo de conducirse en ella que es lo que precisamente va realizando el protagonista. Aquí cada experiencia a la que se ve abocado es vivida plenamente y esto le llevará poco a poco a vivenciar en toda su plenitud la libertad, a medida que se desprende del apego, pero desde la óptica de mostrarnos el dolor que implica vivir.
Lo aquí contado es una vida despojada de todo lo superfluo – no tienen cabida por supuesto ni la familia, ni los medios de comunicación, ni la sociedad de consumo, ni si quiera cabe una cultura psicológica que pretenda una explicación de lo que conlleva el sufrimiento y el dolor. Estos cuatro pilares de la sociedad actual no aportarían nada a este río puro y cristalino que fluye como auténtica y verdadera literatura que es, pues su núcleo es centrarse en el vivir como experiencia.
Con este planteamiento budista, el libro admite y tiene un armazón eminentemente existencialista con una exposición de los cuatro grandes temas a los que todo ser humano más tarde o más temprano tenemos que enfrentarnos y que son: la muerte y sus derivados como la enfermedad, la soledad, el sentido de la vida y la libertad.
En las primeras líneas asistimos a la enfermedad del protagonista y a su posterior recuperación, así como a lo largo de ese río-vida contemplamos cómo el agua se muestra con mayor vigor- en las crónicas urbanas- y dónde el río se vuelve manso y ancho- en las reflexiones- que nos remiten a la Eudemonología de Schopenhauer tomando aquí el concepto de sabiduría de la vida en su sentido inmanente, es decir, en el “arte de hacer la vida lo más cómoda y dichosa que se pueda”; puesto que Subhuti ha visto más allá del velo de Maya y reconoce que el mundo es nada.
El personaje, en un auténtico tour de force en la ciudad, va construyendo su particular visión del mundo a la par que disfruta de los misterios de Venus experimentando las servidumbres del apego, para posteriormente abandonar la ciudad una vez extraídas de la misma el aprendizaje necesario.
Si en “Recuerda” (2.004) tenemos la parte racional y la visión analítica de un geólogo, con la presencia del mar, las montañas y los elementos, en definitiva con el surgimiento de la vida en el planeta, todo ello teñido con una gran carga de profundidad y de crítica social, en estos “fragmentos de una vida” nos encontramos con el envés, lo intuitivo y poético, el budismo, pero con el nexo en común de la crítica social. Ambos libros son pares dialécticos que se retroalimentan y nos aportan una visión amplia, profunda y profusa del autor que a vista de pájaro nos remite a tener una panorámica a la par del Danubio (Recuerda) y del Ganges (Subhuti), que desembocan uno en el mar negro y otro en el golfo de Bengala a modo de disolución del yo.
Para finalizar, cabe añadir que el libro resulta atrayente por su formato a la vez que manejable. La portada con un yantra, dibujo simbólico que representa la divinidad y se usa en la meditación, es el Shri Yantra que contiene lo masculino y lo femenino; el aspecto sexual es esencial y los triángulos que miran hacia arriba (falos) representan el principio masculino y los que miran hacia abajo, el femenino. La portada nos muestra una orgía.
El tamaño manejable del libro hace que uno mantenga una relación con él como objeto bello, y que además por el mero hecho de tenerlo a la vista y cerca, emane de él un brillo que nos aporta una luz nueva cuando llega la noche.
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