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Las pruebas de la infamia

 

Joaquín Leguina

 

Tropismos, 2006

 

Francisco José Peña Rodríguez

Las pruebas de la infamia, Joaquín Leguina

La última novela de Joaquín Leguina (1941), La pruebas de la infamia, continúa su particular línea narrativa de los últimos años, entroncada con el género policiaco. Es esta una obra de rabiosa actualidad en la que el político madrileño entremezcla su bien trazada trama con una inteligente crítica social hacia la corrupción urbanística, tan presente en los medios de comunicación en nuestros días.

En 2003 había dado a luz al abogado-detective Baquedano, ayudado del laborioso periodista Sedano en Por encima de toda sospecha, un dúo que vuelve a trabajar conjuntamente en un caso aún más enmarañado. Ya entonces continuaba parámetros propios surgidos en 1992 en Tu nombre envenena mis sueños: realismo descriptivo, psicología bien marcada de los personajes, reflexión social y ética de estos... Pero será otro rasgo de lo policiaco lo que sobresaldrá en esta novela suya de 2006: la confirmación de Madrid como microcosmos literario de nuestro autor. Él rigió políticamente Madrid como concejal y presidente de la Comunidad Autónoma y él, en nuestros días, representa a la provincia en el Congreso y vive en la parte más castiza de la ciudad. Esa ciudad de La Latina, con las Cavas Baja y Alta y sus alrededores, será la que el lector reconozca detrás de los pasos del detective-abogado Baquedano y de sus conmilitones en la búsqueda de los entresijos del asesinato de un concejal que, como si se tratase de la realidad más absoluta, estaba entroncado con el mundo de la construcción y las recalificaciones de terrenos a cambio de prebendas.

La novela que esgrime Leguina es una obra propia del siglo XXI y deja en alto lugar a su escritor dentro de la Literatura, en la línea de otros que, tradicionalmente, han combinado dedicación literaria y dedicación política: léase, como ejemplo, el también socialista Max Aub, el republicano Manuel Ciges Aparicio, el conservador Azorín o el falangista Agustín de Foxá.

Las pruebas de la infamia trata de un crimen achacado a un inocente, en el que Baquedano se inmiscuirá llegando incluso a verse en complicaciones bien trazadas como consecuencia de sus pesquisas, pero el observador Leguina nos presenta una suerte de personajes secundarios que enriquecen aún más la narración. La caracterización y representación de la mujer tal como él la puede observar en la calle nos sumerge en una realidad cotidiana que nos recuerda, al unirse a la descripción espacial, a Benito Pérez Galdós. Pero lo barojiano también anda presente al no escamotear ni ensombrecer el relato con subterfugios o complicaciones de tipo léxico o lingüístico. En este sentido, hemos señalado los personajes femeninos, pero otra tónica, como ya puso de manifiesto en 2003, es que otros personajes que el lector conoce, del mundo social y político, aparezcan en la trama al hilo de algo que no deja cabo suelto. Pongo por ejemplo a Alberto Ruiz-Gallardón o a Esperanza Aguirre, como antes había aparecido en Por encima de toda sospecha José María Mendiluce o Juan Barranco. Ni qué decir tiene que el comisario amigo de Baquedano no es más que un alter ego de José Acosta, otro político socialista conocido en la sociedad madrileña.

Leguina no es un narrador aficionado, no es un político metido a narrador, sino que la psicología de la novela nos da cuenta de una meditada obra literaria que debemos observar críticamente con interés. El espacio y el tiempo están bien tratados y cobran una importancia abismal: el lector lo es en el siglo XXI y en ese tiempo ocurre todo y los personajes son comunes a esa época. Las cartas que como narrador se guarda, para sorprendernos al final (no en vano es confeso lector, entre otras, de Agatha Christie), las mantiene tan ocultas que, aunque uno intuya algo, nunca deja de mantenerse alerta, interesado en llegar a un final que no anda lejos de lo calderoniano.

Hay otros asuntos que no deja de sacar a colación el autor: el tema de la inmigración, el de las minorías (la hija de Baquedano es lesbiana), la historia de Madrid en citas por boca de Baquedano, la reflexión sobre la sociedad del siglo XXI, el mundo social gastronómico de Madrid centrado en el ya citado entorno de La Latina, la Literatura y el Cine de actualidad, a los que tan aficionado es el protagonista... Todo ello aderezado con suculentos diálogos introducidos de una forma sutil e ingeniosa, que contribuyen a la caracterización de los personajes y a agilizar la acción, que acontece con ciertas prisas pero sin pausas; no en vano trata de demostrar en cierto modo cómo, a veces, la justicia acaba por condenar a los más inocentes hasta que un Baquedano cualquiera presenta "las pruebas de la infamia" (expresión que, irónicamente, el lector conocerá oportunamente a lo largo del relato en un affaire entre el abogado y una joven secretaria).

Leguina despliega un lenguaje sencillo, estándar y allegado al lector, cargado de ironía y gran sentido del humor, que hace aún más atractiva esta obra que, a mi modo de ver, compone el tercer título de una suerte de trilogía policiaco-madrileña conformada por Tu nombre envenena mis sueños, Por encima de toda sospecha y Las pruebas de la infamia. Algo más que recomendable este último título; algo más que interesante, ágil e inteligente. Sin duda Leguina ha trazado una novela interesante que no debe pasar desapercibida al lector, sobre todo a aquel que crea que en España aún no se ha hecho novela policiaca aceptable.