borde Sumario. Opinión. Repóquer de damas

Repoquer de Damas, cinco escritoras españolas Care Santos, Pilar Adón, Eugenia Rico, Cristina Cerrada y Elena Medel se turnan mes a mes para escribir y dar su opinión, puntos de vista y sensaciones personales sobre las cosas de la vida. Un autentico panorama de la narrativa hecha por mujeres de hoy. Sólo en Literaturas.com

 

Me acuerdo

Elena Medel

Me acuerdo de mi primer encuentro con Je me souviens, de Georges Perec; me acuerdo con la viveza de mis mañanas de guardería, cuando los niños jugábamos, durante el recreo, en un pequeño patio aislado del mundo por enredaderas, y mi tía deslizaba su mano entre las hojas, desde la calle, para que yo disfrutase de un dulce o de unos caramelos, más allá del bocadillo preparado por mi abuela. La operación resultaba sencilla, pero sólo en la apariencia: debía acercarme con sigilo, obedecer en mi papel de soldado de élite, recoger, huir, desenvolver y devorar sin que mis compañeros lo notasen, evitando así un atraco seguro. Igual, pues, me acuerdo de Je me souviens. Me acuerdo, por ejemplo, de cómo Félix Romeo nos habló —en minúsculas, adaptando el título, Je me souviens, al sustantivo, je me souviens, con barniz cotidiano—sobre los recuerdos que Georges Perec, a la manera de Joe Brainard —un pintor y escritor norteamericano que los inventó, pero no logró popularizarlos, diciendo adiós a la paternidad—, escribió y publicó durante sus últimos años de vida.

No me acuerdo de si Félix, durante su espléndido taller de narrativa —en el Mapa 7.0, Córdoba, julio de 2005—, entregó impresos algunos de los je me souviens de Perec, si los leyó en voz alta o si sólo nos inyectó el veneno, pero al volver a casa encendí el ordenador, tecleé “je me souviens” en Google, y comencé a leer y, por inercia, traducir. Aquel ejercicio de memoria que Perec nos regalaba me fascinó, y desde entonces —me acuerdo— inauguro los cursos de escritura creativa que en ocasiones imparto con la lectura de algunos de esos recuerdos de Georges Perec, e invito a mis alumnos —adolescentes casi todos, la mayoría ajenos a los libros por elección propia— a escribir los suyos propios. Nunca falla: todos se entusiasman, redactan frenéticamente durante quince minutos, leen entre risas, y los poemas y los relatos acaban brotándoles como por arte de magia, naciendo siempre a raíz de Perec. ¿Moraleja? Todos han cumplido entre trece y dieciséis años, nacieron en lugares distintos, se criaron en ambientes distintos, cada perfil viaja a las antípodas: unos leen, otros no, unos se interesan, otros te ignoran por sistema, víctimas de una rebeldía sin motivo que hincha su ego y pisotea el tuyo. Sin embargo, pese a sus diferencias, todos reaccionan con igual entusiasmo ante el Je me souviens de Georges Perec, Alta Literatura, entusiasmo de las universidades, y fascinación también entre lectores que, después de sus primeros pasos, se plantean continuar entre libros, u olvidarlos para siempre. Je me souviens, pues: una lectura mágica, un tres en uno para la imaginación, un lujo sensorial.

Me acuerdo de los días siguientes, de los meses siguientes a aquel taller de Félix Romeo, de la sensación cuando el ISBN respondió a mi interés mostrando la cruda realidad: sorprendentemente, Je me souviens jamás había sido editado en castellano. La firma y el prestigio de Perec, el atractivo de su contenido, importaban bien poco: el lector interesado cruzaba los brazos y, ya lo he comentado, se conformaba con probar a entender el original colgado en Internet. Por fortuna, el sello cordobés Berenice —que en año y medio de vida ha mostrado sus cartas poderosas, con un catálogo que también incluye a Joseph Conrad, y que traduce La joven del agua— acaba de enmendar el error: la obra de Perec puede, por fin, leerse como Me acuerdo, merced al fantástico trabajo de Yolanda Morató. El prólogo es entretenido —logro y auténtico milagro en los tiempos que corren, asediados por las notas al pie y la obsesión de la excelencia—, la traducción limpia, clara, al servicio del texto, y las notas constituyen otro Me acuerdo dentro del originario, en un juego de muñecas rusas que el propio Perec habría aplaudido. Entusiasmo obliga: Me acuerdo es uno de los libros del año. De 2006, 2007, 2008, y no paren de contar. Pocos regalos más personales se me ocurren. Para que el abuelo organice su lista de batallitas, para que la madre se emocione recordando, para que los hijos reclamen que Otra Lectura Obligatoria Escolar Es Posible. Lean, disfruten, y aprovechen las páginas en blanco del final: todos somos Perec. ¿De qué se acuerdan?

Elena Medel
www.elenamedel.com

 

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