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Miguel Baquero
¿Conrad o Verne?, se plantea en un determinado momento de esta novela. Es decir, la aventura en sentido puro y heroico, a la manera del escritor francés, o la aventura como un torrente imparable que pone al descubierto el carácter, las profundidades y miserias de los seres humanos. ¿O ambas cosas a la vez?
La Gruta del Toscano, la última novela de Ignacio Padilla (México, 1968), un escritor que se dio a conocer por su premiada Amphytryon, trata sobre una caverna en las profundidades del Himalaya descubierta a principios del siglo XX y que pronto se identifica con el infierno de Dante, con el abismo formado por numerosos círculos que se describe en La Divina Comedia y en cuyo fondo aguarda Lucifer. La cueva pasa a ser entonces objetivo de numerosas expediciones y causa igualmente de múltiples desastres, a la manera de las grandes cumbres himalaicas antes de que pasaran a ser poco menos que un parque temático. Al principio de la novela se nos habla de tiempos heroicos, tiempos al modo de Julio Verne mezclados con una cierta nota surrealista, en que a los pies de la cueva llegan visionarios movidos por su fe pero con apenas nociones de espeleología, tropas militares en perfecto estado de revista, tipos excéntricos que se lanzan al abismo sin más arma que su imaginación... Padilla nos cuenta, en la primera parte de la novela, cómo van fracasando una expedición tras otra y cómo, poco a poco, la cueva va convirtiéndose en una leyenda y un reto para los alpinistas.
En la segunda y tercera parte de la novela la cara amable y deportiva de la aventura de pronto cambia. Una expedición ha llegado al penúltimo círculo de la cueva, la Fosa de los Gigantes dantesca, y, pese a no alcanzar el fondo y perder a dos de sus hombres, afuera les espera la gloria, el reconocimiento de su heroísmo, los honores. Poco después, otra expedición alcanza por fin el Cócito, lo más hondo de la gruta, y plata allí su bandera. Enseguida descubriremos, sin embargo, que hay una versión "oficial" por un lado y por otro está la realidad, y, al modo ahora de las novelas de Conrad, ni los héroes son tales ni los villanos lo son del todo ni los hechos tuvieron nada que ver con lo que de ellos se cuenta. La realidad que se nos ofrece es, en suma, una apariencia, una convención, una trampa; la verdad es otra bien distinta y tiene un rostro descarnado.
Padilla logra introducirnos, con avaricia de aventura, en el primer registro de su historia, y con afán de saber y desvelar el misterio en la segunda. Construye, en suma, una novela muy atractiva donde, en alas primero de la anécdota y después de la curiosidad, poco a poco el lector va envolviéndose en la historia y acaba por tener a La Gruta del Toscano como un hito geográfico verdadero cuya conquista llega a obsesionarle de igual modo que a los personajes de ficción. Padilla consigue convertir a la gruta y sus numerosas leyendas en la verdadera protagonista de esta novela, una "personalidad" con inusitada fuerza que imanta al lector y le mantiene atado a las páginas. Levanta, en fin, un universo con apariencia verdadera, con bulto y consistencia, que es uno de los principios de la novelística.
Bien es cierto, sin embargo, que en varias ocasiones la narración se aturulla, los hechos se mezclan y confunden unos con otros, las expediciones, a fuerza de sucederse, se solapan y hay momentos en que el lector no sabe exactamente quién es el narrador, cuándo ni dónde. En este sentido, a la novela le falta quizás un poco de trabajo y algo de orden que facilitase su lectura. Asimismo se intercala en medio de la acción alguna que otra consideración psicológica si no pueril sí de muy escasa profundidad. Pese a todo, la convicción con la que Padilla se produce, el amor por el alpinismo y las proezas humanas (la vida al aire libre) que se respira detrás de cada línea, la imaginación y un muy atractivo empleo del lenguaje hacen que la novela supere estos escollos y acierte a conducirnos, con el ánimo en suspenso, hasta lo más hondo de la caverna, hasta el fondo de la narración, allí donde palpitan en toda su crudeza las pasiones humanas.
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