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Marta Sanuy
Este libro de Italo Calvino es una recopilación de artículos, conferencias, apuntes, diálogos y ensayos inéditos hasta ahora en castellano y que fueron escritos desde los años cincuenta hasta 1985. Su editor, Mario Barenghi, ha organizado estos textos en tres bloques temáticos: «Leer, escribir, traducir», «De lo fantástico», «Ciencia Historia y Antropología» se titulan, y bajo esos epígrafes nos encontramos textos evidentemente circunstanciales junto a otros muy ambiciosos.
En uno de esos artículos Calvino dice de Ortega y Gasset «no leo a Ortega sino por el placer que me produce ver cómo funciona el mecanismo de su mente», y esto mismo alegaría yo para recomendar este o cualquier libro de Calvino, el placer que produce ver cómo funciona el mecanismo de su mente, hable sobre lo que hable. En este volumen los temas son muy variados, pero su reflexión los persigue todos con intuiciones originales, ilumina ángulos que no habíamos previsto, y además siempre habla con autoridad.
Italo Calvino es tan interesante por su obra de creación como por sus, aun novedosas, propuestas, teorías y alternativas literarias. Todavía estamos muy imbuidos en concepciones del siglo xix. Estas páginas, como casi todas las que nos lego el autor, tienen el valor de ser un asidero para pensar el presente, incluso el futuro. Aunque pueda cuestionarse la publicación de estos escritos, no decidida en vida por su autor, lo cierto es que los lectores agradecemos que Calvino nos siga dibujando senderos en este momento convulso, de cambios rápidos e innovaciones inesperadas «Añoro todo lo que podemos haber perdido pero nunca olvido que las ganancias superan a las pérdidas. Lo que estoy intentando averiguar es qué podemos hacer hoy», escribe en «Mundo escrito, mundo no escrito». Y logró averiguar un buen trecho: imaginó las máquinas espasmódicas, indago en las posibilidades literarias de las matemáticas y volvió a plantear las posibilidades creativas de la combinatoria, pensó también, y aquí nos lo cuenta, en cómo nos las íbamos a ver con la tecnología.
Pero vayamos por partes. La primera de este libro, la titulada «Leer, escribir, traducir» se centra en cuestiones exclusivamente literarias, comienza con artículos muy breves, casi anotaciones: «Los buenos propósitos», en el que habla del equipaje del buen lector para las vacaciones, «Personajes y nombres», «Cuestiones sobre realismo» o «La suerte de la novela» contienen pinceladas de un par de páginas sobre los temas que anuncia el título. Pronto, en la entrevista titulada «Respuestas a nueve preguntas sobre la novela» empezamos a empuñar el lápiz para subrayar. Mantiene nuestro interés en páginas tituladas «De la traducción» en las que habla como editor y nos advierte de una mala costumbre: cuando alguien habla mal de una traducción, dice, nadie busca pruebas y esa idea, sea falsa o no, se extiende como la pólvora. Critica también a los críticos (una buena costumbre que se está recuperando gracias a Internet) y analiza los métodos de selección de las editoriales. Espaciosa resulta la trascripción de una conversación con el pintor Tullio Pericoli titulada «Robos con arte» y en la que leemos agudas reflexiones sobre creación y recreación y sobre el espacio que va de la cita al plagio. Y llegamos al capitulo central, el que da titulo al libro, «Mundo escrito, mundo no escrito»,un ensayo corto, nítido y ambicioso, dónde explora las relaciones del mundo y el lenguaje, o «El Libro los libros», emparentado con el anterior, en el que se remonta hasta la Edad Media y nos refresca la memoria sobre Ramón Llull para definirnos mejor la novela-enciclopedia abordada por Joyce o Musil. En «¿Por qué escribe usted?», otra entrevista, nos cuenta que su impulso narrativo es poco romántico, que escribe azuzado por un reto, y argumenta, hablando sobre la gestación de «Palomar»o de «Si una noche de Invierno un viajero», la fertilidad del reto como impulso creativo: «He de decir que la mayor parte de los libros que he escrito y que tengo pensado escribir nacen de la idea de que escribir un libro así me parecía imposible. Cuando estoy convencido de que cierto tipo de libro está completamente fuera de las posibilidades de mi temperamento y de mis capacidades técnicas me siento en mi escritorio y me pongo a escribirlo».
La segunda parte del libro, titulada «De lo fantástico» no necesita comentarios, Calvino, es sabido, fue uno de uno de los mayores expertos en el tema, y aquí se recopilan textos que tratan desde el Rey Arturo hasta los árboles genealógicos o los cuentos fantásticos del siglo xx, o los modelos cosmogónicos.
En la tercera parte, «Ciencia, historia y antropología», se incluyen críticas de libros y nos encontramos con Calvino convertido en un gran divulgador, capaz de traducirnos con claridad los asuntos de la ciencia. Tiene especial encanto «Largo viaje al centro del cerebro», dónde nos cuenta todas las etapas de evolución que atravesamos para tomarnos una cerveza para comentarnos la obra de un neuropsiquiatra, o las sabrosas páginas dedicadas a la obra de Levi Straus.
Pero no todo en este libro sigue teniendo sentido, resultan anacrónicas las pormenorizadas peroratas, cartas a coetáneos y argumentaciones sobre la novela social o del compromiso político de la literatura, que forman parte de un planteamiento sobre el tema ahora agotado. Tampoco logran interesar entradas demasiado eruditas, que cuentan detalles sin duda sabrosos, pero remotos para el lector no especializado literatura Italiana.
En todo caso este es un libro para leer con el lápiz en ristre, y eso que se trata de un libro accidental.
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