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Cinturón de fuego

 

Juan Manuel ROdríguez

 

Libri Mundi - Enrique Grosse Luemern (Ecuador)

 

Luz Madroño

En la mitad del mundo, allá donde el Norte y el Sur se dan la mano, en demasiadas ocasiones poco amigablemente, donde las contradicciones, los enfrentamientos, los choques entre los dos hemisferios de nuestro planeta que se buscan para sobrevivir es un pulso tenso que salpica cotidianamente las páginas de la prensa y es trasfondo de sus narraciones, se enmarca la acción de Cinturón de Fuego, última novela de Juan Manuel Rodríguez (Bilbao), prolífico escritor nacionalizado ecuatoriano que posee el arte de aunar el pensamiento más profundo con el más sensible análisis crítico e irónico de la realidad actual, en unas páginas llenas de dinamismo y acción que nos atrapan desde la primera a la última línea mientras poseen, a la vez, el don de incitarnos a la reflexión, de transmitirnos un guiño de complicidad, sin espacio para la indiferencia. Juan Manuel Rodríguez sabe bien del oficio de escribir.  

Cinturón de fuegoes lametáfora de unas democracias habaneras y a la vez un canto de esperanza a la capacidad del hombre convertido en víctima y objeto de transacción para sobrevivir a un mundo marcado por la corrupción, el tráfico de armas y drogas, el terrorismo, la quiebra del sistema financiero... y en el que bastará la llegada de una tormenta solar para poner al desnudo la fragilidad de unas instituciones y unas democracias que no son sino un remedo burlesco. Su autor, Juan Manuel Rodríguez, escritor español, o como a él mismo gusta denominarse hispano-ecuatoriano, incorporado a la reciente literatura ecuatoriana no sólo por residir en Ecuador sino también por participar activamente en su quehacer cultural, ocupa actualmente uno de los lugares más prominentes dentro de la narrativa y el periodismo del país.

Hispano porque de la tierra en la que nació, Bilbao, salió con apenas veinte años y en ella quedaron sus recuerdos más profundos, aquellos que alimentaron sus raíces primeras. Ecuatoriano porque tras mucho deambular decidió que allá, entre la exhuberancia de una salvaje naturaleza y la hermosura de unos paisajes capaces de cobijar un alma indómita como la de este escritor y periodista, donde los dos hemisferios se yuxtaponen, había encontrado su lugar en el mundo. Juan Manuel Rodríguez salió de España en busca de un rincón menos asfixiante como el que le tocaba vivir, finales de una dictadura que aún marcaba el acontecer diario y bajo la que se negó a seguir viviendo. Un buen día este librepensador con mucho de aventurero decidió coger su maleta y buscar otro lugar, su lugar. En pleno siglo xx se lanzó a «hacer las Américas» y, tras un quijotesco peregrinaje, con la sombra de lo que dejaba atrás, llegó a Quito. En este mágico entorno, entre selvas y bosques tropicales encontró su lugar en el mundo. Un lugar que, con el tesón que le caracteriza, supo reconstruirse. Con el paso de los años sería profesor fundador de la hoy prestigiosa universidad San Francisco de Quito, donde continúa alternando la enseñanza con sus dos pasiones: el periodismo y la narrativa.

En Cinturón de Fuego, Juan Manuel Rodríguez vuelve a conjugar sus finas dotes de filósofo con la más sofisticada ironía, el humor más ácido y la crítica más despiadada al poder corrupto que legisla con la mira puesta en su mediocre parcela de enriquecimiento personal. Cinturón de fuego quiere ser una novela de género negro pero es mucho más que eso. Y si como tal entronca con la más rancia tradición del género (ha sido comparado con los grandes como Raymond Chandler o Dashiel Hammett) también hunde sus raíces en la tradición del realismo mágico latinoamericano. Y no es menos cierto que la trama para Juan Manuel Rodríguez es una excusa para exponer un sutil análisis de los problemas fundamentales en los que hoy vivimos atrapados y secuestrados los habitantes de este planeta al que tan escaso respeto profesamos. Una alegoría de la injusticia, la pretensión injustificable del uso de medios ilícitos para alcanzar unos fines que por ellos se convierten en injustificables, la malversación y la corrupción de una sociedad que perecerá quemada entre el fuego de las armas y el de la ambición tratada con una prosa ágil, profusa en imágenes, con un excelente dominio del castellano y de innegable valor literario. 

Un país asolado por una tormenta de calor en el que «la hoguera del bochorno era un incendio nocturno sin fuego», que pondrá al desnudo la fragilidad de unos sistemas corruptos y que coincidirá con la llegada de un barco de placer turístico trastocando la cotidianidad tanto de sus habitantes «que lo tienen todo  y carecen de todo en una tierra rica y miserable» como la de los turistas que, buscando diversiones alternativas con las que contrarrestar contrariedades del viaje se verán envueltos por un cinturón de fuego en el que sus propias existencias perderán todo el valor y sentido que, hasta entonces, habían tenido. Sus, hasta entonces, plácidas vidas sin grandes sobresaltos, «Al verlos tan ingenuos e infantiles, Salmerón pensó que los Estados Unidos era una horrible película con pésimos actores, siendo una lástima que la gigantesca  masa de extras fuera un conjunto anónimo de buenas personas en ese absurdo largometraje de su insípida existencia». Esas apacibles existencias garantizadas por ser ciudadanos de esa parte del mundo rico del que han tenido la dicha de pertenecer se verán rotas, sometidas a una tensión donde la vida no vale nada y en la que se impone la lucha por escapar de la muerte. Perdida la libertad, sólo queda la huida hacia delante, la escapada. Tensión que Juan Manuel Rodríguez sabe mantener hasta la última línea de su novela.

El detective Salmerón, personaje quijotesco, «un castellano maduro y campechano, parco y ensimismado», creado por Rodríguez y protagonista de varias de sus obras, con grandes posibilidades de pasar a la historia de los detectives novelescos, es el nexo entre un escenario mágico y tropical en constante ebullición y un mundo en el que sus moradores «habían pagado para no presenciar la miseria, para que se les ocultara la fealdad y crudeza de la vida»; Salmerón, envuelto entre los recuerdos de un amor aplazado, va a cumplir un encargo hecho por un grupo de empresarios vascos. Tiene una misión concreta, cuyo último objetivo ignora y que es contrapunto al grupo de turistas en viaje de placer que verá  alterada su ruta. Juntos, tendrán que hacer frente a la amenaza de muerte, aprendiendo nuevos mecanismos de solidaridad para sobrevivir mientras la situación extrema pone al descubierto pasiones, egoísmos, miserias humanas, miedos y venganzas, pero también altruismo, entrega desinteresada, cooperación, imaginación, valentía. Frente a ellos y como verdugos, un grupo guerrillero que maneja el secuestro y la extorsión como armas para conseguir cambiar el mundo; unos gobernantes envilecidos, de hueros discursos, ignorantes de las necesidades de su propio pueblo.  Son los elementos que maneja hábilmente Rodríguez para recrear una historia en la que nadie parece quedar a salvo. Mundos paralelos y yuxtapuestos que pretenden ser excluyentes mientras mutuamente se retroalimentan.

En un escenario en el que «los techos de cinc resplandecían y fulguraban como una gran coraza plateada que reflejaba el sol y desperdigaba la luz blanca hasta cegar la miseria y esconderla», se mueve una compleja galería de personajes tratados con meticulosidad de cineasta, movidos por los hilos del poder, la crueldad, la ambición; pero también por los de la solidaridad, la cooperación, la conciencia de la necesidad de aunar esfuerzos para escapar de un infierno que nos atrapa y alcanzar la libertad, la entrega desinteresada y el sacrificio de uno mismo en aras al bien común, la imaginación que nos ayuda a sobrevivir cuando la esperanza se tambalea y también el amor. No hay en la obra superhéroes, pero sí una gran humanidad. Personajes que irán mostrando sus distintas aristas en un calidoscopio donde el mínimo movimiento produce profundos cambios de perspectiva.

Cinturón de Fuego es una denuncia a un mundo descompuesto pero al mismo tiempo es un canto de esperanza, una llamada a la necesidad de preservar la libertad como valor que mueve las acciones más intrépidas del ser humano.

Cinturón de Fuego invita a la reflexión, no deja indiferente. Una novela llena de acción que tiene el valor de mover conciencias, de hacer que el lector tome partido para no perecer él mismo en un mundo caótico, en el que los grupos de poder o presión utilizan cuantas armas en sus manos tienen para esclavizar y ahorrajar la libertad humana.

Cinturón de Fuego, última novela publicada por Juan Manuel Rodríguez, hoy uno de los escritores más imaginativos, profundos, amenos, conocedor del oficio (Francisco Proaño A.) e importantes de Ecuador. Entre sus obras destacan Algunas compras y otros encargos (1980), Jorma el predicador (1983), Levedad del vino (1988, segundo premio en el concurso internacional «Gabriel Miró»), El espantapájaros (1990, finalista en el concurso internacional «Novedades y Diana»), Hombre de cenizas (1990, premio internacional «Fernando Jano» de México en 1993), Fricciones (1990, Premio Nacional de Literatura «Aurelio Espinosa Pólit»), El pulso de la nada (1996, tercer premio en la Bienal de Novela), El pez perfume (2003), El poder de los vencidos (2003), El mar y la muralla, además de una extensa colección de artículos periodísticos y ensayos.