borde Sumario. Libros. Reseña.
 

Matómelo Dumas

 

Pepe Monteserín

 

Lengua de Trapo

 

Alberto Olmos

La extrañeza que en el lector despierta el título de la última novela de Pepe Monteserín (Asturias, 1952) es la sensación que predomina también durante su lectura. Matómelo Dumas retrata la vida en la zarandeada Francia posnapoleónica y aborda los dramas familiares de los Galois, un clan casi paranoicamente adicto a la figura de Alejandro Dumas (padre), cuyas obras se citan alegremente en los salones de la casa. Una madre viuda, y en plena senectud, es la esforzada narradora (pluma y tinta en ristre), y su decisión de escribir obedece al tardío descubrimiento del modo en que murió su hijo, un matématico brillante pero herido políticamente de revolución.

La pérdida del esposo, los avatares de la nación y la carrera académica del genio de los números consumen el papel y el tiempo de la anciana madre, que tiene tiempo para reflexionar amargamente sobre el concepto del honor, ya que a este ideal anquilosado se debe, como vamos entreviendo en la narración, la muerte de su querido hijo.

Matómelo Dumas es una novela publicada hoy cuyo mayor empeño parece ser el de no tener relación alguna con el hoy. En esta narración histórica no sirve esa coartada teórica en la que se reivincida la «actualidad» de determinados temas universales, sino que, realmente, uno tiene la sensación de que la historia narrada no desea dialogar con el lector presente, sino ser a solas y resultar atractiva mediante un acendrado autismo. Hasta los créditos finales del libro contribuyen a desconectar al propio producto respecto a nuestros días: «Este libro se acabó de imprimir en el mes de Pluvioso de 2006 en Madrid».

Así, el interés de este sin duda bien facturado libro dependerá de la capacidad del lector para darse a la novela en lugar de esperar que la narración le aporte algo a su vida diaria, ya que Matómelo Dumas es sobre todo un texto extraño, anacrónico, en el que los personajes viven devorados por el escenario y apenas sí asoman un poco las esquinitas de su alma. La propuesta resulta valiente si lo que se busca es alejarse de la novela de consumo rápido, ésa que amontona modas e emails, películas y dónde-estaba-yo-cuando-lo-de-las-Torres-Gemelas, pero quizá arriesga demasiado en el aprovechamiento excesivo de pasajes históricos que figuran ya en cualquier enciclopedia.

Con todo, la novela encuentra su filón de originalidad en lo metaliterario; en concreto en las reflexiones que hace la narradora sobre el acto de narrar y en la inclusión en su relato de escenas de su vida cotidiana actual. También resultan interesantes las comparaciones que hace el hijo entre matemáticas y literatura, dando por sentada la superioridad de su ciencia sobre un arte que no da respuestas «exactas», sino sólo metáforas para «ocupar el tiempo libre de sus clientes».