borde Sumario. Libros. Reseña.
 

Historias naturales

 

Primo Levi

 

El Aleph

 

Marta Sanuy

Los lectores habituales de Primo Levi se van a encontrar en este libro con quince historias poco relacionadas, en apariencia, con el resto de su obra. En estos quince cuentos, muy bien traducidos por Carmen Martín Gaite, Levi nos describe máquinas o ingenios del futuro. Es necesario tener en cuenta la fecha de publicación de Historias Naturales, 1966, porque ese futuro ha llegado en algunos casos: no andaba desencaminado el autor cuando describió el funcionamiento de «el versificador», máquina que escribe poemas a partir de permutaciones y que hoy ya existe gracias a la informática. Todavía es pronto, sin embargo, para comprobar los resultados de la criogenización, procedimiento que se empezó a aplicar en 1965, y que él describe en «La bella durmiente en el congelador», cuento nada romántico donde una aventurera que ha sido congelada a mitad del siglo XX despierta joven, lozana y seductora una vez al año. Tien e 163 años o 23, según se mire, y se puede permitir el lujo de la eternidad y de la juventud. Tampoco andaba Primo Levi lejos del futuro, nuestro presente, al adivinar el poder de algunas empresas planetarias dedicadas a la revolución tecnológica, NATCA llama a la multinacional de inventos en la que trabaja el señor Smith y a la que se atribuye, además del citado «versificador», la sin par «Mimete», máquina capaz de reproducir cualquier objeto que se le introduzca, y gracias a la cual el protagonista duplica dados, arañas, diamantes y hasta un huevo duro para la cena; un amigo suyo lleva más lejos los experimentos con la «Mimete»: reproduce a su mujer y se reproduce a sí mismo provocando un extraño conflicto entre los auténticos y sus dobles. Pero NATCA no es la responsable de todos los inventos, hay en este libro otros «perturbadores del orden y las costumbres»; impresiona la descripción de las consecuencias del descubrimient o de la versamina, una droga que convierte el dolor en placer, o el de la Cladonia rápida, un parásito que devora los coches y a partir del cual el autor nos cuenta, con el lenguaje aparentemente incuestionable de la ciencia, la existencia de futuros coches varones y hembras. Encontraremos también en este libro aproximaciones prematuras a la cadena de ADN a través de un anélido parlante o descripciones muy exactas de la hoy habitual nanotecnología.

Primo Levi pertenece a una generación en la que eran comunes los escritores con formación científica: Robert Musil fue matemático, Hermann Broch ingeniero, Arthur Schnitzler médico, él fue químico: el hábito del pensamiento sistemático y objetivo que sus respectivas disciplinas les proporcionan se puede percibir como un elemento enriquecedor en sus labores literarias; la lógica y el lenguaje de la ciencia al servicio de la verosimilitud del texto es incuestionable en estas quince historias y esto, unido a la maestría narrativa de Levi, vuelve a hacernos pensar que la literatura se adelanta y delimita el imaginario con el que luego trabajará la ciencia, que los literatos nos sugieren, mucho antes que nadie, por dónde va a ir el progreso.

El autor contaba que cualquier interpretación simbólica de estos cuentos le había pasado inadvertida al escribirlos, que lo que había tratado de narrar era «una intuición que en la actualidad no es rara: la percepción de una falla en el mundo en que vivimos, de una grieta, grande o pequeña, de un “defecto de forma” que invalida uno u otro aspecto de nuestro universo moral» y llama a estas historias «relatos-juego» o «trampas morales». Primo Levi es conocido por haber contado la tortura mejor que nadie: resulta un poco falso decir que fue un superviviente de Auschwitz, donde estuvo recluido a los 19 años, porque no sobrevivió, se suicidó a los 70 años incapaz de resistir durante más tiempo la secuela de esa experiencia. Ninguna de las «trampas morales» que aquí nos plantea es baladí a pesar de la ironía y el tono poco dramático que utiliza; desde luego, ninguna es anacrónica.