El escritor español José Angel Mañas , nos dará mes a mes una entrega de sus reflexiones sobre narrativa. El autor de Historias del Kronen saca su lado pedagógico y ofrece en EXCLUSIVA a los lectores de Literaturas.com su visión interior para escribir textos .
José Ángel Mañas nació en 1971, en Madrid. Inició su carrera literaria con la novela Historias del Kronen, que quedó finalista del Premio Nadal en 1994. Entre 1995 y 2001 ha publicado otras cinco novelas, Mensaka (Destino, 1995), Soy un escritor frustrado (Espasa, 1996), Ciudad Rayada (Espasa, 1998), Sonko95 (Destino, 1999), y Mundo Burbuja (Espasa 2001). En marzo de 2005 Destino publica su séptima novela, Caso Karen . Sus novelas han sido traducidas a varios idiomas. Tres de ellas, Historias del Kronen, Mensaka y Soy un escritor frustrado han sido llevadas al cine. Actualmente reside en Madrid.
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APUNTES SOBRE LA FORMA NOVELESCA (V)
Por José Angel Mañas
46. Céline calca la serialización autobiográfica canonizada por Proust, y le abre el camino a Miller y a Kerouac.
47. París, en el siglo XIX, y a principios del XX, fue la capital de la novela. En los años treinta, le pasa el relevo a USA. Si Francia es la Grecia de la novela, Estados Unidos es Roma.
49. Veo, en la tendencia “hard-boiled” americana, una reacción al modernismo poetizante europeo de los años 20.
50. Hammet es la encarnación de La Forma en la primera mitad del siglo XX. El Mondrian de la trama. La poesía de la acción. Su pureza narrativa sigue siendo el logro estilístico más importante de su época: la adecuación de la novelística al ritmo frenético de los nuevos tiempos. A través de su obra, La Forma hace las paces con la modernidad.
51. El género policiaco reaviva el culto a La Forma. Borges lo intuyó, en su prólogo a La invención de Morel . Que, a la larga, haya sucumbido, también, a los cantos de sirena de la modernidad, es síntoma de su decadencia. Chandler ha sido el mayor apóstata de La Forma: su peor enemigo.
52. La Beat Generation supone un nuevo brote de modernismo romántico. Kerouac resucita, a su manera, a Proust. “Mis libros no son novelas”. La Forma se pierde. Él, Céline, Miller, e incluso Bukowsky, son, todos, los hijos bastardos de Proust. .
53. El Nouveau Roman es, a la novela, lo que la abstracción a la pintura figurativa. La “cosificación”, la deshumanización radical de la novela.
54. Vargas Llosa ha desmontado y ha vuelto a montar, en sus novelas, La Forma. Sus mejores obras son, a La Forma, lo que el cubismo a la figuración. La Forma, pese a ello, lo tolera. Su virtuosismo narrativo la hace inteligible a los gustos deformados del siglo XX.
56. Carlos Fuentes, a propósito de la Nueva Novela Latinoamericana: “un novela moderna está más cerca de Michaux, Dumehel, Artaud que de Marx, Freud, Heidegger”.
57. Desde que se preconizó su muerte, la novela vive en un estado de crisis permanente. Puede que se esté muriendo, pero su agonía durará siglos.
58. El mal de la época sigue siendo el eclecticismo, ese nuevo eclecticismo que hemos dado en llamar postmoderno.
59. La novela postmoderna incide en la exacerbación del narcisismo modernista. La novela, aburrida del mundo, se mira el ombligo. Después de ironizar sobre todo, acaba ironizando sobre sí misma. La pescadilla se muerde la cola. Se autofagocita, por agotamiento.
60. La novela postmoderna empieza donde se para Descartes: “no puedo dudar de que dudo”.
61. La novela postmoderna empieza donde arranca el barroco de d'Ors: “todos los mundos existen al mismo tiempo”.
62. El minimalismo de Carver, el realismo sucio de Bukowsky, los barbarismos neocelinescos de Welsh, las toscas fantasías de una Virginia Despentes, son, todas, formas de reacción a la archisofisticación de la novela postmoderna. La comparación con la música punk de los años 70 resulta iluminadora.
63. El punk es el extremo más radical del modernismo. Un virulento retorno a lo básico. Ha llegado a un tal punto de crudeza que, en muchos casos, ya no parece arte. Es el grado cero artístico, el último arrebato de la modernidad literaria.
63. El odio es, al punk, lo que el sentimiento al romanticismo.
(…)
64. En España, nadie ha encarnado, todavía, La Forma.
Nota del autor: Todos estos pensamientos datan de finales de los noventa. Los publico, entrados ya en el siglo XXI. Repasándolos, corregiría algunas cosas. Por ejemplo, a Flaubert, más que canon del clasicismo, lo consideraría modernismo temprano; y también reubicaría, de una manera más precisa, a Bajtin en su siglo. En lo esencial, sin embargo, mi apreciación de la historia de la novela no ha variado. En cuanto a España, he procurado evitarla, entre otras cosas porque no me parece elegante ser juez y parte en un asunto. Es posible que mis apuntes al respecto nunca vean la luz, aunque he dejado, a modo de cierre, aquel que resumía mis conclusiones.
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