Eduardo García Fernández
En este último libro del catedrático de ética Savater, se realiza de una forma amena y clara una aproximación, análisis y desarrollo de los siete pecados capitales: la soberbia, gula, avaricia, ira, lujuria, pereza y envidia desde una perspectiva actual contraponiéndola a sus contrarios, a la vez que expone someramente cómo ha ido cambiando a lo largo del curso de la historia el concepto que se tiene de los pecados, desde su origen hasta la actualidad.
Lo más interesante a señalar es la sencillez con la que aborda los pecados, sin llegar a cargar el texto de citas y más citas, sino que su planteamiento se muestra elegante a la vez que sagaz.
Este libro es de agradable y sugerente lectura tanto para aquel lector avezado a los ensayos de Fernando como para otros que se quieran acercar a él desde lo último publicado.
La sencillez no tiene por qué estar exenta de originalidad, y así es, ya que en cada capítulo que aborda un pecado capital se establece un diálogo entre Satanás y el escritor; aquí es donde brilla la agudeza y el ingenio salpicado de cierta ironía que se agradece, para a continuación terminar el diálogo con una cita a modo de frontispicio o entrada, donde el autor se dispone a desarrollar su tesis sobre cada pecado. Este planteamiento permite que el libro se lea bien en orden o de forma salteada según el interés o preferencia del lector. Sin embargo lo que más cabe destacar es que el autor desvela cuál es su propio pecado capital, la ira: “la indignación me pone en marcha. Quizá si no me enfadase, no me movería”. A lo que Satanás responde acertadamente: “¡Que interesante excusa para alguien que intenta reflexionar en un ámbito de cultura y racionalidad!”.
En el texto hay citas que son pura sabiduría como: “el que domina su cólera, domina su peor enemigo”. Confucio.
Si alguna objeción cabe realizar es que se echa en falta la existencia de referencias bibliográficas que permitan a los lectores curiosos ahondar en el tema. Pero por lo demás el libro es a degustar pausadamente y sin gula; ideal para compartir con amigos y conocidos; no pretendo desvelar más de lo ya dicho, sólo añadir que es de agradecer que el autor siga manteniendo el pulso y la frescura en la escritura, así como la amenidad. |