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Miguel Ángel Gara
Aunque las posibilidades de leer la poesía que se hace a un lado y otro del Atlántico son, en estos momentos, mayores que nunca (estaremos más o menos de acuerdo en que la Red no es un mal instrumento para la difusión y el conocimiento de ciertos textos) existen inmensos vacíos respecto a las obras de autores de países con los que compartimos lengua y sentido. Especialmente si esos autores están alejados de los cauces canónicos.
En esta antología que nos ocupa y que se ha dado en llamar Los poetas interiores, con el subtítulo aclaratorio “Una muestra de la nueva poesía argentina”, su recopilador e introductor, Rodrigo Galarza, compone una perspectiva de 34 poetas argentinos menores de cuarenta años, que ha coagulado en función de dos características. En principio dando prioridad a la poesía generada desde dentro del país, es decir, la ajena al centro neurálgico de Buenos Aires, ombligo que suele acaparar, con dudosa justicia, la atención de los recopiladores. En segundo lugar buscando un denominador común en la tendencia hacia el irracionalismo de estos poetas que Galarza denomina “epifánicos”, en el aspecto de que no pretenden hacer una descripción de la realidad, y sí en cambio “rehacerla a través de la suspensión de la referencia ordinaria del lenguaje”. Son estas las condiciones que anteceden el sugerente título del libro.
La selección, plasmada en riguroso orden alfabético, oscila en un abanico de edades muy variadas; desde los nacidos en los años 60, acaso más resistentes (por sitiados) a la poesía de corte realista que ha tendido a dominar los últimos lustros del siglo XX, hasta la nueva generación de poetas veinteañeros. A pesar de diferir, como es lógico, temática y estilísticamente, todos (o casi todos) los autores escogidos están unidos por ese subjetivismo heredero de las vanguardias francesas que se revela en la iluminación personal, la escritura (en apariencia, o no) automática, la ausencia de metro, el ritmo sincopado e intrínseco y la composición visual del poema.
La calidad, como es habitual en este tipo de selecciones, es muy heterogénea, con toda seguridad, y al margen de las premisas aglutinadoras, no están todos los que son, ni son todos los que están, pero una antología es una apuesta, una poética incluso, según sus parámetros previos, que no se propone agradar sin más, si no precisamente lo contrario: generar un nuevo espacio de debate y conocimiento donde (¿por qué no?) los posibles desencuentros produzcan choques de ideas, dudas proteicas.
En definitiva una antología, ésta, alternativa, valiente en sus planteamientos (como por otra parte, viene siendo marca de la casa en la recientemente fundada editorial Amargord) y esencial para vislumbrar, aunque sea fugazmente, la poesía argentina contemporánea ajena a los círculos sagrados y a las bendiciones institucionales. |