| Poeta, novelista, cuentista.... no se le escapa registro alguno a la autora gallega Luisa Castro, recién Premio Biblioteca Breve 2006 con La segunda mujer . Y es que está en racha , por utilizar un símil futbolístico, esta joven escritora, ya que en espacio de apenas dos años también se ha alzado con el Premio De Narrativa Torrente Ballester con Podría hacerte daño , y ha visto reunida su obra poética en Señales con una sola bandera. Obra poética 1984-1997 .
Luis García .- Luis Castro, vieja conocida de los ambientes literarios y Premio Biblioteca Breve 2006 con La segunda mujer. ¿Sorprendida?
Luisa Castro.- La verdad es que sí, muy contenta y también sorprendida. Este premio es una de esas alegrías que ya no te esperas. Cuando empecé a escribir esta novela ni por la cabeza se me pasaba que pudiera tener un destino tan bonito, y cuando decidí presentarla al Biblioteca Breve tenía todas las dudas, pues no es una novela al uso, no es una novela bizantina, creo que reta bastante al lector, a su capacidad de sobreponerse a los prejuicios y distinguir entre el autor y su creación, y que todo eso se comprendiera por parte del jurado y se viera compensado con el premio, fue maravilloso.
L.G.- ¿Qué es La segunda mujer. ¿Cuál fue su génesis?
L.C.- Empecé a escribirla en medio de otro trabajo. Llevaba ya más de cien folios con una novela cuando decidí interrumpirla para darle paso a LA SEGUNDA MUJER. Esta segunda novela se impuso, estaba ya construida en mi cabeza, y sentí que no tenía el menor derecho de reprimirla, aunque tuviera tantos paralelismos con mi vida real, aunque se prestara a confusión y morbosidad, sentí que mi oficio y mi responsabilidad era dejarla fluir, ser lo que en definitiva es un escritor: el canal por el que fluye la vida y la ficción.
L.G.- Sorprende (a mi al menos) la utilización de la tercera persona y ese narrador que aparece a veces y todo los sabe.... porque puede llegar a desconcertar al principio. (Por ejemplo, cuando en la pag 25 Gaspar le pregunta a Eladi por su futura separación y el narrador nos aclara el motivo....). ¿Por qué has escogido la tercera persona?
L.C.- La forma narrativa también se impuso. No podía utilizar la primera persona porque me costaba mucho identificarme con Julia. La tercera persona que uso no se identifica con Julia, sino que la ausculta, la comprende, la castiga, pero no se identifica. No era eso lo que yo pretendía. Esta tercera persona que efectivamente lo sabe todo de los demás, es una tercera persona tradicional, omnisciente, con la novedad quizás de que es una tercera persona que a veces parece ser también la voz de la conciencia de Julia. Pero es que Julia y su conciencia no tienen que ir por el mismo camino. ¿O acaso es eso lo que hacemos en nuestras vidas? ¿Vamos siempre pegados a nuestra conciencia? No lo creo. Si esta novela existe es precisamente porque Julia toma un camino muy diferente del que su conciencia le está indicando al principio, su desconfianza de Gaspar y todo eso, pero ella no la obedece, sigue adelante, y la novela, narrada así en tercera persona, es como una especie de reproche que la conciencia de Julia le hace a Julia. Para ese desdoblamiento, para esa distancia entre el discurso de la protagonista y el de la novela necesitaba la tercera persona.
L.G.- Te lo pregunto porque sin duda es la mas arriesgada de las formas de narrar.... a decir de muchos....
L.C.- Cada novela se afronta de forma diferente. Esta es mi quinta novela, tres en primera persona, y dos en tercera. También en LA FIEBRE AMARILLA, mi segunda novela escrita en tercera persona, afronto la historia de una mujer al final de su vida, a las puertas de la muerte, y desde la omnisciencia. ¿Por qué? Esa mujer de setenta años que empieza a delirar, Virginia, y la joven de LA SEGUNDA MUJER, esa Julia que se equivoca al elegir marido, son dos personajes que pueden tener mi corazón, mi ternura y mis sentimientos a su favor, pero que son tremendamente distintas a mí. No podría narrarlas en primera persona, no las hubiera comprendido bien.
L.G.- ¿Es La segunda mujer una revisión del mito de Lolita ?
L.C.- Es una lectura posible. La realidad es tanto más verdadera, más real, cuantos más relatos se despliegan a partir de ella. Y el relato de la joven que se ve atrapada por las artes seductoras de un hombre mayor, y que acaba siendo su víctima, a mí me faltaba en el repertorio de relatos de la realidad que nos propone la literatura. Siempre es al revés, siempre es el pobre viejecito la víctima de una joven al fin y al cabo más inexperta que él. Esa parte del relato a mí me interesaba explorarla, sí. Lo terribles que podemos ser conforme nos hacemos mayores, la frialdad de nuestros sentimientos conforme avanza la edad, frente al apasionamiento de un corazón joven, que apuesta en la vida y se enamora por primera vez. También me interesaba revisar esa perspectiva de la voluptuosidad masculina y femenina. En la literatura yo no había visto la adoración, la admiración y el apasionamiento y enganche físico, el encoñamiento, en una palabra, de una joven hacia un hombre mayor, y en esta novela se ve. Ella se degrada porque se deja llevar por su voluptuosidad, pero es que esta degradación también es un camino de investigación y de autoconocimiento. El profesor de Navokob sufre porque Lolita no le hace ningún caso, y yo en esta novela me planteé: ¿Y qué hubiera sucedido si Lolita se toma en serio al profesor?
L.G.- O incluso de Peter Pan ...... esa obsesión de Gaspar por no envejecer....por anhelar la juventud de los demás....
L.C.- Gaspar es un Peter Pan desde que descubre a Julia, vuelve a renacer, pero en cuanto la consigue esta inocencia suya y esta juventud desaparecen, y vuelve a ser mayor. Claro, en medio de este panorama Julia vive desconcertada. Se ha casado con un hombre que la ama, pero en cuanto la tiene en sus manos ya no la ama y se convierte en su carcelero. Me equivoco cuando digo que la literatura no ha tratado mucho este tema. La literatura culta, no. La popular, sí, y los mitos clásicos también: ahí tenemos la historia de Barrabás o de Eros y Psique. En esta última la inteligencia, el conocimiento, el deseo de saber lo representa la mujer. También es así en la historia bíblica, en la escena primitiva del pecado original. El pecado original no es el sexo, es el deseo de saber, de ir más allá, y ese deseo, esa curiosidad profunda, la alberga la mujer.
L.G.- ¿Y que tiene de autobiográfica, si es que tiene algo?
L.C.- Me he cansado de decir que no lo es. Y lo que tenga de autobiográfica es lo que tiene cualquiera de mis novelas: yo escribo de lo que veo, de lo que conozco, pero no cuento mi vida, ni mis peripecias reales. Desde luego, también podía haberme pasado lo que le pasa a Julia. Esa es la frontera que a mí me interesa narrar, la de los miedos, pero eso no quiere decir que a mí me haya pasado eso. Yo si escribo es para separar muy claramente la mentira de la verdad, y la ficción de la realidad, y desde luego con esta novela lo he conseguido al cien por cien, mi verdad y mi realidad están a salvo. Hay una cosa que dice San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual: “cuanto más te abajas más te ensalzas, cuanto más expones tu alma más protegida está”. Y creo que esto se puede aplicar a mi novela. Otra cosa es lo que cada lector quiera pensar, o decida imaginar, que siempre estará en su derecho, pero de eso yo ya no soy responsable. Con esta novela yo pretendía estudiar un asunto que creo que es de incumbencia universal: ¿qué entendemos por amor?
L.G.- ¿Verdaderamente vale la pena por amor cualquier cosa en esta vida ?
L.C.- No. Para mí esa frase es completamente erronea. Es justamente al revés: Sólo las cosas que merecen la pena valen nuestro amor. Y esa es además la postura de Julia al principio, la postura antirromántica, pero luego se deja arrastrar por la vehemencia de Gaspar y, de algún modo también le está dando una oportunidad a su contrincante dialéctico, le está diciendo con su actitud: bien, estoy dispuesta a que me convenzas. Pero Gaspar no acaba valiendo verdaderamente la pena. Y la lucha de Julia entonces es: ¿Cómo se retira el amor? ¿Cómo se deja de querer a quien te está destruyendo?
L.G.- Porque parece ser lo que trasciende de la historia de pasión y amor de Gastar y Julia en sus comienzos....
L.C.- Creo que con la respuesta anterior ya te he contestado. Ella no cree en esa visión romántica del amor, ella es una mujer, y teme ante tanta vehemencia, pero no quiere salir huyendo, ella tiene una autoestima muy elevada y se sobrepone a su miedo y se pone a la altura del que la reta, por otra parte ella también está enamorada, sexualmente se entiende, y LA SEGUNDA MUJER navega entre estas dos aguas: el miedo y el deseo. ¿Podré yo con este hombre que piensa y siente de un modo tan distinto a mí? Se pregunta Julia. Y luego se responde: No lo quiero perder.
L.G.- Pasión descarnada, por otra parte.... y tremendamente verosímil............como toda la historia......... ¿Le salió la novela como un torrente?. A veces lo parece...
L.C.- Así es, aunque escribí mucho más de lo que se publicó. La novela tenía el doble de páginas, que pulí, corregí, reescribí.
L.G.- Has manifestado que es “una historia en la que un personaje masculino hace valer su poder”.... ¿no temes que se te presente como un nuevo valor de la literatura femenina o feminista?
L.C.- Tampoco depende de mí. Yo desde luego no pretendía escribir una novela feminista, ni creo que lo sea. Como te dije más arriba, el tema que plantea la novela creo que es de la incumbencia de todos, y cualquiera que lea la novela se dará cuenta que el personaje masculino hace valer su poder por poderoso, no por masculino. Si fuera una mujer la que estuviera en su lugar, quizás haría lo mismo. Gaspar es un personaje que lo da todo a cambio de que no le pidan nada, y eso no es querer. Pero esa no es una actitud sólo de hombres, yo creo que lo que le pasa a Julia le pasa a muchos hombres y muchas mujeres en sus parejas, que están dándolo todo y despojándose de todo sin que el otro suelte prenda jamás. Pero tampoco descarto que haya lectores que no lo vean así, y que vean a Julia como una caprichosa. ¿De qué se queja esta chica? Pensarán muchos. Yo de hecho cuando escribía la novela también lo pensaba. Mi pensamiento no siempre estaba a su favor.
L.G.- Porque a su modo, la novela está muy enraizada en el mundo en que vivimos.... maltratos a la mujer, eso que ahora se llama violencia de género....
L.C.- El maltrato psicológico es una realidad que me interesaba indagar desde hace mucho tiempo. Es un tema que está en la novela pero no como una tesis sino como un resultado de una relación desigual, en la que uno de los miembros está más desprotegido que el otro. Estas relaciones de poder, de sumisión, siempre me han interesado. ¿Qué busca el que pretende machacar, y el que se somete? En el caso de Julia, nada, sólo la destrucción. En el caso de Gaspar, todo, el provecho total. Yo he planteado esta novela como un conflicto psicológico, no entre hombres y mujeres, sino entre un hombre y una mujer, un conflicto en el que uno de los miembros de la pareja le pasa al otro toda la responsabilidad para que la pareja no sucumba, esta es una actitud asquerosamente machista y repugnante, la de “yo tengo mi conciencia bien tranquila” “le di todo lo que tenía”, cuando eso nunca es así, nunca damos todo lo que tenemos y nunca tenemos la conciencia tranquila. Dejar al otro solo, debatiéndose en el fango de la culpabilidad, es el peor de los castigos. Y es lo que hace Gaspar con Julia cuando la relación con ella deja de interesarle: le deja de hablar. Pero esto pasa muchísimo entre la gente, entre los amigos, los amantes, los hermanos. Esto se llama chantaje emocional, y es inadmisible entre personas razonablemente buenas y civilizadas. Gaspar, que se supone que es un gran señor, en esto es un orangután. Y esta es otra de las cosas que afloran en la novela, el mundo de las apariencias.
L.G.- Has cultivado todos los géneros, poesía relato, novela.... ¿en qué género te encuentras mas a gusto?
L.C.- Para mí todo es lo mismo, todo forma parte del mismo magma. Soy novelista en cuanto tengo lectores de mis novelas, y soy poeta en cuanto tengo lectores de mis poemas. EL poema y el relato a mí me sirven para plantar la semilla que luego, al crecer y desarrollarse, puede dar lugar a una novela. De hecho esta novela nació de un cuento, como ya me había pasado en EL SOMIER. Y LA SEGUNDA MUJER, viene precedida además de un libro de poemas que sondea este asunto del amor y la sumisión. Pero no sólo la poesía y el cuento me sirven como taller y experimentación para mis novelas, sino también la columna periodística y el guión cinematográfico.
L.G.- ¿Y qué estas preparando en estos momentos?
L.C.- Estoy pensando en dos historias a la vez, veré cual acaba venciendo. Y también tengo ganas de atacar el guión cinematográfico de mis últimas tres novelas. Pero esto es posible que vaya para largo. |