borde Sumario. Entrevistas.

Ángeles López

"Visualicé  el primer capítulo “del tirón”, ¡y me senté a tricotar!"

Luis García

Poco sabemos de la escritora Ángeles López, salvo que ejerce el periodismo desde hace varios años, que es la autora de dos libros de poesía, Iscariote y Congrios y cormoranes y de las novelas Ve a la alcoba a ver si estoy y Apoikía. También que ha escrito con relativo éxito Trastorno afectivo bipolar. Poco sabemos de ella salvo que colabora en innumerables medios escritos, La Razón, ABC Cultural, La Clave.... y sin embargo estamos ante una novela llamada a cosechar no pocos éxitos. Porque Martina, la rosa numero trece, guarda no pocos paralelismos con alguna novela reciente, pero sin duda al margen de la historia que nos cuenta, Ángeles López se ha detenido en como lo cuenta. En definitiva, calidad no le falta. Esta es la historia, esta es la escritora.

Pregunta: Ángeles López, a pesar de tu trayectoria, no dejas de ser  para muchos una debutante en el panorama literario.... y además a lo grande, en una Editorial de solvencia.... ¿Sientes pánico escénico?

Respuesta: ¡Todo el del mundo y un poco más! Con decirte que me he quedado sin valeriana, tila alpina y lexatines.... Por cierto, por qué tildas de “éxito relativo” a mi libro “Trastorno Afectivo Bipolar”... ¡es un exitazoooooooo que va por la séptima edición!!!! No me niegues el pan y la sal, hombre.

P: ¿Qué nos vamos a encontrar los lectores en Martina, la rosa numero trece?

R: Martina es un ser de luz....Y yo he escrito una historia de los que no tienen historia. Es el homenaje a una mujer que no llegó a cumplir los 23 años, pero no por culpa del cáncer o las fiebres tifoideas... La  mataron, como a otros muchos mil, los ganadores de una guerra. Pero, a la hora de escribir este libro nunca tuve la intención de reivindicar nada. Tampoco, ánimo de denuncia. Es más, creo que si Martina hubiera vivido en los noventa, no hubiera militado en ningún partido... posiblemente se dedicaría a causas sociales. Colaboraría con una ONG, se hubiera ido de voluntaria con las víctimas del Tsunami, o lucharía a favor de pueblo saharaui. En  cualquier caso, no es un ensayo ni una biografía. Es una novela y significa licencia.... Para mentir, para amar, para llorar, para gritar, para recrear.

P: La historia de las Trece rosas rojas ha calado hondo en la literatura española.... ¿no teme las comparaciones con Jesús Ferrero, por ejemplo?

R: También en el cine: en verano comienza a rodarse una película que dirigirá Emilio Martínez Lázaro y producirá Pedro Costa... Y se acaba de emitir en Televisión Española un documental titulado “Que mi nombre no se borre de la historia”. Ten en cuenta que se trata de un episodio que reúne todas las características que precisa un buen relato –sea cual fuere el formato en que se narre-: hay pasión, dolor, crecimiento, ideales, fe un mundo mejor... Pero yo no hablo de las trece menores. Me centro en Martina Barroso, para hacer “vital-ficción”, porque es la tía de mi cuñada y porque quería regalarle un retrato de lo que pudieron haber sido sus pasos por el barrio de Tetuán en el Madrid del 39. En cuanto a lo de las comparaciones con Ferrero, no sólo es imposible, sino absurdo. Él es escritor con una trayectoria y yo una novata. Él se sirvió de la historia de las trece rosas como punto de partida para dar rienda a su espléndida prosa mientras que yo, he jugado a la búsqueda detectivesca... para seguir los pasos de Martina.

P: ¿Y cómo se gestó la obra, como se da vida a un personaje como Martina?

R: Como todas las buenas cosas: ante un buen vino de Toro. Mil veces había escuchado la historia de Martina... Y mil veces más, la dejé escapar. Hasta que un día, en el transcurso de una comida, ante un buen Fariña, volvimos a hablar de ella. Mi cuñada relató lo poco que sabía y que se había transmitido a través de las mujeres de su familia entre bisbiseos... y vi perfectamente la novela. Visualicé  el primer capítulo “del tirón”, ¡y me senté a tricotar!

P: ¿Te has llegado a identificar con la protagonista?

R.- No, en absoluto. Quizá me he identificado más con la narradora, que es su sobrina. Tiene más que ver con mi talante y mis necesidades emocionales: obsesionarme con una historia, buscar, rastrear y contar.  En cualquier caso, creo que a través de las “martinas” el mundo se salva un poco cada día, más que por su “lucha” –sea la que fuere- porque resisten con dignidad el dolor que pesa sobre sus espaldas.

P: Imagino que no te gusta que se te hable de la recuperación de la memoria histórica, pero resulta inevitable. ¿Temes el juicio que se te pueda hacer?

R: Francamente, no estoy particularmente interesada ni en la Guerra Civil ni en la inmediata posguerra. Mi interés en esa etapa, empieza y acaba con Martina. Me he documentado sólo lo justo para entenderla y hacerla caminar por aquel Madrid del 39. Dices juicio... ¿qué juicio me van a hacer? Lo único que podrán decir es que la novela es mala, buena o regular... Pero en ella no se cuenta nada que no sea cierto y tampoco trato de reclamar nada más allá de una historia cercenada, hecha de silencios y transmitida a través de la oralidad de una familia.

P: Porque no es lo mismo crear un personaje que escribir sobre un hecho real, sobre una persona que existió y que murió en tan dramáticas circunstancias...

R: Yo no soy depositaria de la memoria ni de la conciencia de nadie. La historia de “Martina”, tiene tintes casi épicos y por eso decidí abordarla.  Piensa que sólo dejó unas zapatillas de cáñamo que tejió en la cárcel para su sobrina. Y una foto –que la familia pidió a un novio que tuvo-. De ella no queda nada. Ni una nota, ni una camisa, nada que nos remita a cómo era. Se me ofrecía un maravillo esqueleto sobre el que vertebrar una novela.

P: Se te compara por esta obra (Muñoz Molina lo hace en el prologo) con Dulce Chacón y Javier Cercas.... Todo un lujo a mi juicio.... ¿Con quien de los dos autores te sientes mas cercana?

R: ¡También con Javier Marías!... pero es que Muñoz Molina ha sido muy generoso conmigo. No creo que tenga nada de ninguno de ellos, porque estamos hablando de palabras mayores de la literatura contemporánea. 

P: ¿Cómo afrontas el futuro inmediato?. Es decir.... seguro que Martina, la rosa numero trece te lo habrá de cambiar irremediablemente...

R: Yo creo que no. Seguiré con mis reportajes, mis entrevistas y mis críticas literarias porque mis gatos tienen que seguir comiendo.... y en los ratos libres, concluiré un poemario al que tengo que liposuccionar muchos versos y arrancaré la próxima historia. Tomo notas, apunto sensaciones, imágenes. Sé que la próxima novela que escriba está ahí,  y sólo tengo que esperar... para “verla”.

P: ¿Te sientes antes periodista que novelista?

R: Primero de todo me siento poeta. Creo que es la materia prima de todo. Después, me gusta contar cosas y aprovecho los diferentes géneros y resortes de los que dispongo.

P: ¿Y en qué genero te desenvuelves mejor?. Poesía, novela...

R: Me gusta trenzar versos, no puedo remediarlo. Pero hay cosas que sólo se pueden contar desde la narrativa.

P: ¿Qué autor o autores sigues con especial interés?

R: Por mi trabajo me los tengo que leer a casi todos, como tú. De lo que nos llega de fuera sigo con pasión lo que se va traduciendo de Murakami, Claudel, Padura, Yoshimoto, Pelevín, Beigbeder, Joseph O´Connor. Acabo de leer con mucho gusto “El libro del amor”, de Nicole Krauss y “Lunar Park”. De un modo más medular, me cala muy hondo la literatura de Mishima, la poesía de Juan Ramón y sobre todo  Lorca. En realidad, como dijo Gamoneda la última vez que le entrevisté, “después de Federico, nadie”.

P: ¿Y que estas preparando actualmente, una vez terminada Martina, la rosa numero trece?

R: La entrevista que tengo que terminar para mañana de un autor rumano llamado Cartarescu!  Ando sacando punta a un poemario que se me ha enredado un poco. Quizá para el verano decida poner en orden las notas para mi próxima novela.

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