borde Sumario. Entrevistas.

Inmaculada de la Fuente

"¿Elegimos realmente o somos elegidos por las circunstancias?"

Javier Barreiro

 Mujeres de la posguerra. De Carmen Laforet a Rosa Chacel: historia de una generación puede ser un título equívoco, quizá poco preciso, para delimitar el contenido de un libro que tiene dos partes muy definidas: La obra de las escritoras que publicaron en España en los años cuarenta y cincuenta y las que, más ligadas al periodo republicano, mantienen en el exilio su pasión por la escritura y su labor intelectual.
Así, Inmaculada de la Fuente ha reunido en este libro a un conjunto de mujeres singulares con el paisaje negro de la posguerra española como fondo. Nos presenta en el mismo saco a Carmen Martín Gaite, Ana María Matute, Rosa Chacel, Mercedes Salisachs, María Teresa León, Dolores Medio, Josefina Aldecoa, Carmen Laforet, Mercedes Fórmica o Carmen Laforet, destacando así a las escritoras que se distinguieron en un paisaje de mujeres de negro que nunca pudieron compartir, más que en una pequeña parte, la experiencia de unas "burguesas" singulares que nos dejaron escrito lo que vieron entre visillos o en largas noches de bohemia.

Pregunta: Tu libro viene a ser, entre mil más cosas que podrían entresacarse, un documento que proclama lo aleatorio de las adscripciones, de las banderías. Dos hermanas burguesas, con la misma educación, con los mismos condicionamientos… una de ellas se casa con un aviador fiel a la República y otra se hace amiga de José Antonio Primo de Rivera. Parece claro que la estructura mental e ideológica de las dos hermanas sería muy similar, pero cada una fue fiel a lo que le otorgó el destino, más que a la opción personal y propia ¿Qué reflexiones te suscita esto?

Respuesta: El juego entre el azar y el destino siempre resulta sugestivo en cualquier biografía. ¿Elegimos realmente o somos elegidos por las circunstancias? Comparto la idea de que el azar preside gran parte de lo que nos sucede, pero no de lo que pensamos en el núcleo más íntimo. En el caso de las hermanas De la Mora, el factor diferencial entre ambas hay que buscarlo no en el entorno familiar ni social, sino en el carácter de cada una. Constancia era visceral e impulsiva, con un fondo de sentimentalidad que le hacía más sensible ante la injusticia. Su estancia en un internado de Cambridge al final de su adolescencia, le abrió los ojos como mujer a los valores de la independencia y le dotó de un toque cosmopolita que le sirvió a su vuelta para comprender el atraso de las clases rurales en general y de los campesinos de su padre en particular. Es cierto que el motor del cambio en su vida fue la insatisfacción que le produjo el fracaso de su primer matrimonio, pero una vez que se acercó a la República y a la burguesía progresista (a través de Zenobia Camprubí primero y del círculo de Indalecio Prieto, amigo de su segundo marido, Ignacio Hidalgo de Cisneros) comprendió en seguida su discurso y lo hizo suyo. Marichu, por su parte, más terrenal y templada de temperamento, se mantuvo dentro de los límites de su clase aunque su fascinación por José Antonio Primo de Rivera le condujera a comprometerse con la Falange. De cualquier modo, lo que convierte en dramáticas estas vidas divergentes es el hecho de que el escenario de su enfrentamiento se desarrolle durante la Guerra Civil, un momento histórico marcado por la anormalidad, en el que la ideología se expresa con pistolas y se defiende en las trincheras.

P: Como casi todos los elementos procedentes de la burguesía,  Constancia de la Mora, la roja, se adscribió a un comunismo acrítico  con la política antipopular y represora del partido y que utilizó las checas, el asesinato y la calumnia para luchar contra las izquierdas. Por su cargo y condición, ella lo tuvo que saber y lo pasó por alto. ¿Cómo valoras estos extremos?

R: Constancia de la Mora ingresó en el Partido Comunista de España en el  otoño de 1936, en un momento en que su único pensamiento era defender la República, es decir, no perecer con ella. Hasta el inicio de la Guerra Civil, se movió en el entorno de la izquierda exquisita, un abanico amplio que iba desde los socialistas hasta los comunistas de procedencia burguesa. Su llegada al comunismo no pudo ser más inoportuna desde el punto de vista internacional (estalinismo), pero dentro de la situación española el PCE tenía para ella un valor mesiánico. Se adhirió a su proyecto con toda la fe de los conversos y la fuerza que proporciona la necesidad de supervivencia. En circunstancias políticas normales, tal vez hubiera discutido o puesto reparos a las consignas soviéticas, pero durante la Guerra Civil Constancia no se planteó en ningún momento discrepar de la dirección comunista. Su marido era el jefe de la Aviación republicana, y su propio empeño, como responsable de la Oficina de Prensa extranjera era difundir la bondad de la causa republicana y derrotar a los franquistas: su estrategia y la del PCE coincidían y, aunque en algún momento le molestaran ciertas cosas, no se le pasó por la cabeza apearse de su doble trinchera republicana y comunista. El gran misterio que suscita Constancia de la Mora es si empezó a pensar por su cuenta ya en el exilio, y sobre todo, qué tipo de reflexiones y de denuncias hubiera hecho de haber sobrevivido al estalinismo y al eurocomunismo. Su temprana muerte, en 1950, impidió ver su evolución.

P: Por su parte, Marichu representa un tipo de mujer que no es la prototípica de la España de la posguerra. Hoy que los estudios sobre la vida cotidiana, venturosamente, ocupan buena parte del interés de los historiadores ¿Crees que el caso de Marichu fue absolutamente atípico o que hubo una España, de derechas pero liberal en sus costumbres, que pasó por el franquismo sin que le estorbara demasiado?

R: Marichu, desde luego, no constituía un prototipo de mujer extendido, empezando porque, además de proceder por nacimiento de la oligarquía conservadora con cierta pátina liberal, perteneció también a la elite falangista en el primer franquismo. Su papel no se limitaba a sus  cargos dentro de la Sección Femenina. Su activismo social le llevaba a estar presente en otras esferas: por ejemplo, formaba parte de la Comisión ejecutiva de una Academia cultural fundada por Eugenio D'Ors que buscaba promover el arte contemporáneo entre lo más selecto de la sociedad madrileña. A Marichu, además,  el periodismo le abrió horizontes y su propio talante, abierto, facilitaba a posteriori la comprensión de las ideas. Con los años, Marichu, como los  falangistas de mayor sensibilidad o más honrados, se sintieron abochornados ante la represión y el puritanismo franquista. La derrota nazi del 45, aunque no acabó con Franco, les dejó también, flotando en la historia.A pesar de haber conspirado contra la República y de ser políticamente reaccionarios, muchos de ellos mantenían cierto poso liberal en el terreno personal o en sus costumbres. Como es lógico, estas afirmaciones requieren muchos matices, pero estoy rotundamente de acuerdo con la afirmación de que hubo sectores que, aunque respaldaron a Franco en sus inicios  y nunca rompieron del todo con él, en un momento dado se desentendieron del Régimen, o le apoyaron tácitamente para mantener sus privilegios y su estilo de vida, exento de las mordazas morales y sociales impuestas a las clases medias y trabajadoras.

P: ¿Cómo ves a los casi tres cuartos de siglo de los acontecimientos el dilema moral de ambas hermanas? ¿Ser fieles a sí mismas, a su familia, a sus hombres, a su circunstancia…? Sé que es otro libro pero procura expresarlo en menos de una página.

R:  Constancia de la Mora, a pesar de sus equivocaciones y excesos, me sigue pareciendo un personaje poliédrico y en conjunto fascinante, aunque no siempre simpático. Su viraje, a comienzos de los años treinta del pasado siglo, hacia la izquierda, en contra de su clase social y de su familia, la convierte en una figura valerosa y atípica en la burguesía española. Alguien capaz de ver más allá de su clase social y de tener sentido de la historia. Se puede decir que Constancia de la Mora eligió la República y fue elegida por la Guerra Civil, como les ocurrió por otra parte, a tantos españoles. El exilio, y su trágica muerte, en un accidente de tráfico en Guatemala, devuelven a Constancia su primera grandeza. Cuando murió, en las colonias mexicanas y francesas de exiliados se especuló si aquel accidente pudo ser intencionado. Oficialmente, parece claro que fue un simple accidente, pero si algún día se descubriera que la purga estalinista llegó a alcanzarla, Constancia de la Mora se convertiría en un personaje de leyenda. En cuanto a Marichu de la Mora, la historia no miente: formó parte de los conspiradores y de los golpistas, pero gracias a su capacidad de supervivencia  y a su empatía contribuyó a humanizar la posguerra. Falangista convencida pero “amplia” de talante, como se decía en la época, fue flexible, primero con su propia vida y luego con la de los demás. Ya en los primeros años cuarenta avaló a algunos de sus amigos que sin haber sido rojos como Edgar Neville y su compañera Conchita Montes o la marquesa de Yebes, sí habían mostrado lealtades inicialmente republicanas. Pero hay que ser justo: Marichu vivió más y ha sido posible conocer su evolución, cosa que no sucedió con Constancia. Por otra parte, es significativo que siendo Marichu tan tolerante de trato no se planteara visitar a su hermana en el exilio y perdonarla. Era demasiado pedir, y sobre todo demasiado pronto (Constancia murió en 1950) y la brecha entre ambas honda.   

P: El libro es esclarecedor, ejemplar, significativo, emblemático, como se gusta de decir ahora, de una situación que se repitió en circunstancias muy diversas y muy similares en distintas familias y ámbitos en el turbio periodo de la guerra. A veces, también es repetitivo o acumulativo en los testimonios. ¿Cómo te planteaste su disposición, su estructura, su técnica?

R: El libro nace del interés que despertó en mí Constancia de la Mora, de quien tuve noticia al manejar diversa bibliografía para mi anterior ensayo, Mujeres de la posguerra (Planeta, 2002). Me llenó de asombro que una nieta de Antonio Maura hubiera sido comunista y hubiera muerto en el exilio. Cuando supe que Marichu era su hermana, vislumbré el libro. Inicialmente Marichu de la Mora iba a ser un mero contrapunto de Constancia y así concebí el comienzo del primer capítulo, arranque y síntesis del libro. Pero pronto descubrí que, aunque la biografía de Constancia tiene más altos vuelos, la personalidad de Marichu encierra en sí misma elementos muy atractivos. Después de todo, aunque la opción política de Marichu se agota en torno a los años cincuenta, no se puede soslayar que su evolución es muy representativa dentro de las clases ilustradas  del franquismo: una mujer vinculada con el Régimen que seguía frecuentando a Serrano Súñer y que a la vez almorzaba con gente joven y bohemia o con cineastas y actores de la movida amigos de su hijo Jaime Chávarri. Por otra parte, no se puede obviar su privilegiada e íntima amistad con José Antonio Primo de Rivera primero y con Dionisio Ridruejo después. Ante este panorama, decidí investigar la vida de ambas hermanas por separado y distribuir sus historias en capítulos alternos. Los cuatro primeros capítulos, con el primero como avanzadilla, narran las vidas alternas de ambas, hasta el final de la Guerra Civil. Los otros cuatro tratan de explicar su evolución hasta el final de sus vidas. En el caso de Constancia es particularmente interesante, ya que sólo conocíamos lo que ella misma cuenta en “Doble esplendor”, su autobiografía hasta 1939. Las dificultades para obtener testimonios han sido muchas y diversas. Sobre Constancia hay una enorme escasez de fuentes: la familia de aquí cortó con ella en buena medida, sus nietos mexicanos están desperdigados y la mayoría no llegó a  conocer a su abuela.  Investigar su vida ha sido una labor de rastreo, de ahí que haya una deliberada intención de acumular testimonios que confirman versiones ya apuntadas en capítulos precedentes. Con Marichu ha ocurrido lo contrario: he obtenido una importante documentación que incluye epistolarios personales que he tenido que reducir para no darle al libro una dimensión excesivamente humana..Uno de los riesgos que me ha planteado el libro es buscar un equilibrio entre ambas hermanas, a pesar de que entre ellas se da un desequilibrio permanente: eran muy distintas entre sí y mientras una murió joven, a los 44 años, otra superó los noventa. Desde el principio, mi empeño era no mostrarme maniquea y evitar que Marichu quedara rebajada frente a una figura de la envergadura de Constancia. Al final, el riesgo era el opuesto: la trayectoria de Constancia, más estudiada, ha concitado a la par que adhesiones de culto, reparos en la izquierda, siempre más crítica (a la vez que la derecha, con su cicatería habitual, la consideraba ajena, a pesar de su origen), mientras que Marichu, más atractiva desde el punto de vista humano y con un vuelo político más plano, apenas planteaba controversia. Me preocupaba, por tanto, que Constancia apareciera discutida, y Marichu involuntariamente realzada, de ahí mi interés en plantear lo mejor de cada una, pero sin eludir lo polémico ni falsearlas.   

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