borde Sumario. Libros. Reseña.
 

El dolor y la guerra

 

Bao Ninh

 

Ediciones B, 2005

 

Ricardo Sumalavia

Cuando una persona ha pasado casi toda su juventud en un guerra, cuando se es uno de los diez sobrevivientes de la masacre a una brigada que llegó a reunir a poco más de quinientos combatientes, cuando se es testigo de la muerte de los amigos y se vive entre fantasmas, cuando esa persona dispara y destroza el cráneo de sus enemigos en combate, cuando esa persona cree salir de todo ello y se atreve a escribir una novela, sobre qué más podría escribir. La obvia respuesta apuntaría a que este sujeto no tendría más que dar cuenta de toda esa experiencia. En el caso del escritor Bao Ninh, nacido en Hanoi en 1952, quien tuvo que pasar por todo este recuento de atrocidades, y más, desde el frente norvietnamita, su novela El dolor de la guerra (Ediciones B, 2005), consigue narrar todos estos hechos con maestría, pero, definitivamente, va más allá, donde solo llegan los mestros: con lucidez y sensibilidad.

Muchos han anotado que el principal valor de de esta novela es ofrecer un testimonio distinto, crudo, vivo, de la guerra de Vietnam, la cual, en mirada de sus oponentes, los estadounidenses, se había reconstruido de acuerdo a sus necesidades, satanizando a sus contrarios o, cuando pretenden ser críticos, mostrándolos como ignorantes. Los que busquen este valor no saldrán defraudados. Pero es conveniente advertir que Bao Ninh es de los escritores para quienes la guerra es un punto de inflexión en la vida de sus personajes, pero a la vez es el telón de toda una vida. En esta novela, cuyo protagonista, Kien, alter ego del propio Ninh, la guerra está presente en su infancia, en el reconocimiento del padre y sus limitaciones, en el amor afectado hacia Phuong, una mujer que se verá refractada en todos los otros amores del protagonista. Este librotambién nos dice que desde el dolor, del desgarro, es posible recuperar el amor, o su recuerdo. Quizá por ese motivo la última edición vietnamita recupera el título original de la novela, Destino del amor . Y para estos fines, con acertada pericia, el autor supo valerse de una estructura fragmentada, con saltos temporales, engarzando el recuerdo de una tarde sublime frente a un lago, con un bombardeo sangriento. Era el mejor recurso para representar el caos, el de la sociedad y el individual; para saber que una experiencia bélica, absurda como todas las guerras, solo puede hacer de los sujetos y su memoria esquirlas que se extraviarán en el vacío.