Sumario. Opinión. Repóquer de damas

El esqueleto de humo

 

Eugenia Rico

 
Repoquer de Damas, cinco escritoras españolas Care Santos, Pilar Adón, Eugenia Rico, Cristina Cerrada y Elena Medel se turnan mes a mes para escribir y dar su opinión, puntos de vista y sensaciones personales sobre las cosas de la vida. Un autentico panorama de la narrativa hecha por mujeres de hoy. Sólo en Literaturas.com  

El esqueleto estiró las piernas  y como siempre se golpeo sin querer con las esquinas por donde la Eternidad se tocaba con la tumba. Se rascó pensativo la cabeza y pensó que lo único que te crece después de muerto son las uñas y las ganas de fumar. Lo de las ganas de fumar era más fácil pero en el cielo no había modo de encontrar una manicura decente. El nunca había
fumado en vida. Aun peor, era de los que pegaban carteles en la oficina con caricaturas de esqueletos que decían: " Fuma, fuma que fumar adelgaza". Ahora se arrepentía de no haberse tomado en serio a los esqueletos que era lo mismo que decir que no se había tomado en serio la vida. Y las cosas que se había tomado en serio más hubiera valido que fueran bromas.
Todavía se acordaba de la que se armó con la Ley del Tabaco. Parecía que a los fumadores iban a cazarlos por la calle con tirachinas y eso tampoco hubiera estado bien, que él por muy esquelético que se hubiera quedado seguía siendo una persona de orden. Decían que iban a acabar con el tabaco y lo único que consiguieron fue acabar con la paciencia de los que se
ilusionaron con la ley. Y es que, en aquellos tiempos, cuando el todavía estaba vivo, España era el único país de Europa en el que había que pedir perdón por no fumar. En otros países los fumadores preguntaban si podían fumar antes de encender el cigarrillo, en el nuestro y por eso de que siempre hemos sido diferentes, bastaba toser ante cualquiera que estaba fumando para que el fumador se diese por ofendido. "
Hay que ver Fulano que parecía buen tipo y ya anda con tosecitas, como si no pudiera uno disfrutar el cigarrillo tan bien ganado”.  Así que si uno quería seguir teniendo amigos tenia que tragarse el humo y las convicciones, que más valía ser fumador pasivo que marginado social. O eso creía el. Todavía se acordaba de aquella Reunión de cuando tuvo la neumonía en la que cuanto más pedía su mujer que por favor se levantasen para fumar más le echaban el humo a la
cara. En fin, aquella hubiera sido una buena ocasión para empezar a fumar, sobre todo si hubiera sabido lo del cáncer. Lo del cáncer le cogió de sorpresa. En realidad le cogió contento por lo de la ley del tabaco y decepcionado porque no había cambiado nada. Como no habían prohibido fumar en todos los bares sino que habían montado un galimatías entre bares y restaurantes grandes y pequeños como si fueran peces grandes y peces chicos... Pero al final todos los peces se van con el que les pone el anzuelo mas grande. Todos los bares y restaurantes de su barrio se declararon fumadores y como eran los que mas le gustaban, pues se volvió a tragar el humo y el orgullo. Total, que lo del cáncer no había sido tan malo. Cuando le dijeron que se iba a morir de un cáncer de pulmón después de haber luchado contra el tabaco toda su vida y siendo un pringado fumador pasivo, tomo la determinación que a la postre había de hacerle la Eternidad un poco mas corta y divertida."Como haya algo después de la muerte, juro que me haré fumador" Y así había sido. En el Mas Allá el tabaco andaba caro como todas las cosas de la vida. Pero el supo apañárselas.  El día después del entierro se arrastro fuera de la  tumba y  se hizo una buena provisión con las colillas que sus amigos habían dejado. Aquello fue un chollo, porque con las lagrimas ninguno se lo había fumado entero.  Ahora nadie venia
a verle.  Ya no había colillas. Todos le habían olvidado. El esqueleto encendió el cigarrillo y mientras las volutas de humo subían hacia el Cielo decidió que tenia toda la Eternidad para dejarlo.

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