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Os presentamos dos colaboraciones sobre un mismo tema, empezamos por la colaboración de Paco Inclán, acreditado por la revista literaturas.com a la FIL en noviembre de 2005 y seguimos con
Giancarlo Stagnaro,
editor del suplemento de cultura Identidades de Perú.
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Personajes de la FIL 05
Cada año, a finales de noviembre, se celebra la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, segunda ciudad de México. La cita, la más importante en lengua castellana, supone el encuentro de diversos agentes relacionados con la literatura que, en esta crónica, aparecen despedazados en seis categorías: editores sin best-sellers, personas-personaje, meseros, azafatas y taxistas, escritores sin editor, periodistas y similares, distribuidores y, cómo no, libros.
Editores sin best-sellers .
Si no fuese por ellos, las Ferias del Libro no guardarían ningún resquicio literario. Por las grietas de sus poros se cuela el entusiasmo por la palabra escrita. Son los pequeños editores, incluso algunos minúsculos, autodenominados independientes, aunque también los hay frustrados que no entendieron que la independencia no debe ser una postura forzada ante el fracaso sino una manera de resistir al maltrato del libro como objeto de consumo rápido, a la manera de las grandes editoriales dispuestas a vender libros como se venden churros o frijoles. Ser editor independiente significa no extraviar la sonrisa por las derrotas, buscar la manera de que las letras sobrevivan en esta selva de números, publicar libros de vez en cuando por el mero placer de hacerlo (de todos ellos, resalto Yachay Wiraqucha Dun Quixote Manchamantay, edición ilustrada del Quijote en quechua). En definitiva, defender los cuentos por encima de las cuentas. Hay un pasillo en la FIL donde la literatura se asoma a la vida. Allí están los guatemaltecos de Letra Negra, combatientes de entusiasmo contagioso contra las dificultades de sacar adelante un proyecto editorial en el corazón maltrecho de Centroamérica. También está Gerardo González en la gestión de la caseta de la Alianza de Editoriales Mexicanos Independientes (AEMI), dispuesto a defender lo que otros prefirieron dar por perdido o la gente de Sexto Piso que en tres años han gestado una editorial coherente donde los libros son tratados como libros. O Miguel Avilés, de la editorial local Mantis, transmisor literario-radiofónico y promotor del intercambio poético entre Québec y Jalisco. O los artistas del Taller Ditoria, que mezclan la sensibilidad de la pintura con la forma de las palabras para plantear un juego artístico donde cada libro es único porque no se debe parecer a ningún otro. Editoriales de ocaso luminoso, de altos vuelos y aterrizaje forzoso.
Personas-personaje .
Aparecen en las ruedas de prensa más concurridas, en las conferencias magistrales donde hasta los eructos sentarían cátedra, en las entrevistas de palabras medidas, en las firmas de libros, en la entrega de los premios más publicitados. Son metódicos, van bien vestidos y siempre limpios. De carne y hueso, aunque a veces transmiten un aura de irrealidad. Dicen lo que tienen que decir para mantenerse en el hueco que la historia les ha reservado y se respaldan entre ellos para mantenerse bien posicionados en los círculos del poder literario, esquivo con los esbirros. Respaldados por una despampanante mercadotecnia, en ocasiones, el continente (el personaje) supera al contenido (la obra). A algunos se les aplaude sus discursos antes de ser pronunciados, a veces sus libros ya están vendidos antes de ser escritos. Son personas interpretando sus personajes, son lo que son a ojos ajenos. Su presencia siempre levanta expectación y saben que a veinte metros a la redonda siempre habrá alguien dispuesto a besarles, golpearles, cogerles, alabarles, matarles o todo a la vez. Y eso convierte en un ser importante (VIP) a un simple mortal. En el fondo, muchos quisieran estar donde están ellos, no en vano despiertan entre los aspirantes una mezcla de admiración y envidia. Pero en la cima de la literatura no caben todos, son muchos los alpinistas que quieren trepar y pocos los que asumen que fueron expulsados de su cúspide, para habitar donde la magnitud de las cosas alcanza siempre su verdadera insignificancia.
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Meseros, taxistas y azafatas .
Los nativos del lugar –de gentilicio, tapatíos- reconocen que Guadalajara es una ciudad que lee poco. A pesar de ello (¿o quizás por eso?), alberga la Feria del Libro más importante en lengua castellana y la segunda del mundo, después de la de Frankfurt. Paradójicamente, la FIL gana en encanto poético gracias a unas gentes supuestamente ajenas al universo literario. Son los camareros de los bares que cada cuatro cervezas se olvidan de cobrar una, que preguntan sobre Los Ilegales o Siniestro Total, que te hablan del apareamiento de las ballenas en La Paz o de las mariposas monarca en Michoacán, que siempre dicen que irán a la FIL al día siguiente pero luego prefirieron hacer otros planes. Son los taxistas de la ciudad que igual platican de rock argentino, de la historia de la ciudad, de la diferencia entre entender y comprender, de los murales de Orozco o te cantan el himno mexicano mientras sueltan el volante y dejan a la mano de Dios o de quién sea la suerte de no estrellarse. Y son las azafatas de la FIL que sonríen y preguntan qué onda, cómo estás, mientras sostienen la mirada cuando las miras, y suenan palabras al azar, yo soy así, no traje disfraz, ¿qué haces luego? Bailes, saliva, cobijas. Y unos chilaquiles para desayunar.
Escritores sin editor .
Son los desarrapados de la literatura, sus PIV.Se pasean por la Feria con sus manuscritos (¿por qué los llaman manuscritos si están escritos con ordenador?) para que no se pudran en sus cajones (¿por qué se dice cajones donde debería decir archivos de programa?). Se saben marginados, buscan su oportunidad, también proclaman su independencia aunque algunos la llevan con más resignación que orgullo. Más bien, parecen hartos de ediciones autofágicas y de deambular perdidos por suburbios culturales. Desde estos andurriales despotrican contra los centros literarios con verdades incómodas que destrozan sus propios anhelos. Suelen estar en el lugar apropiado en el momento inadecuado con la palabra inoportuna. Los reconocerás porque caminan con una mochila cargada con sus propios textos y donde de vez en cuando se llevan un libro sin pagar. Además, casi siempre padecen de un defecto físico: o son bizcos o son orejudos o tienen mal aliento (¿por qué los escritores sin editor son más feos que los que sí que lo tienen?) En sus desordenados bolsillos se acumulan tarjetas de editores, agentes literarios y distribuidores. Por las noches, te los encontrarás en las barras de los bares y con dos cervezas de más, confesarán sus sueños de ser algo en el mundo literario, y con cuatro de más, prometerán dejarse el espíritu hasta lograrlo y con seis cervezas de más, comenzarán a recitar en voz alta sus poemas y con ocho de más, te verás obligado a incrustar tus dedos en sus gargantas para ayudarles a vomitar la más profunda y visceral de todas sus creaciones.
Periodistas y similares .
Con 1.200 periodistas acreditados en la FIL se hace difícil encontrar la entrevista diferente, la exclusiva única, la originalidad excéntrica. Además, las prisas apremian, los formatos constriñen. Hay de todo, desde los corresponsales de los grandes medios de comunicación hasta revistas inventadas por simpáticos truhanes informativos, que utilizan la acreditación para estar en todos lados, disfrazados de periodistas. Se la pasan llamando a sus lugares de origen, navegando sin rumbo por interné, colándose en las fiestas y comiendo cacahuetes y manzanas en la sala de prensa. En un amanecer tardío conocí a Pablo Lorca, articulista de una publicación que parecíano existir, de nombre Mamotreto Cretino. Hace años, en Barcelona, también utilicé un carné de una revista digital inexistente –Earthquake, terremoto en inglés- para acreditarme en un concierto de Color Humano y un festival de cine africano. Los tiempos corren (sin prisa sin pausa) y uno encuentra sus contactos a los que estar eternamente agradecido. En una fiesta para la prensa, coincidí con José Andrés Rojo, enviado de El País y le pude comentar la existencia del colectivo “Matemos a Rosa Montero” (literariamente, supongo), por su escritura meliflua, de buenas y huecas intenciones. Por otra parte, propuse a Arturo Pérez Reverte, reportero de guerra convertido en escritor de historias militares, que firmara un autógrafo suyo en un libro de otro, en Los cínicos no servimos para este oficio, del autor polaco Ryszard Kapus- cinski. El libro trata sobre el buen periodismo, inalcanzable para los que vemos la vida como un circo donde informar es, inevitablemente, deformar la realidad. Cada uno cuenta la suya pero todo se me hace parecido. Mejor o peor, pero parecido. Como una gran copia mutua y colectiva. Pero, ¿se puede plagiar el silencio?
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Distribuidores .
Un libro sin distribución es como un muerto sin entierro. No hay donde ponerlo. Los editores repudian la imagen de cajas de libros amontonadas en oscuros cuartos esperando que alguien se digne a sacarlos de su ostracismo. Sin duda, la distribución es la gran lacra de las pequeñas editoriales que ven como las librerías prefieren mostrar los best-sellers, los libros-fórmula, de venta rápida y éxito calculado (primero las cuentas, luego los cuentos). Miles de libros quedan para el cuarto trastero de la literatura. Y un libro que no se lee es menos libro. Por ello, toma importancia el movimiento internacional de book-croosing, que en la FIL fue presentado bajo el lema de Libros Libres. Se trata de llenar el planeta de libros, de dejarlos en cualquier lugar –en un árbol, en un mingitorio, en un autobús- para que otra persona lo agarre, lo lea y lo deje en otro sitio. A través de interné se pretende construir una red mundial de esta distribución romántica, gratuita y efectiva. En la presentación de Libros Libres hablaron de un libro que había recorrido 187 lugares hasta volver a Italia, de donde partió. El movimiento está emergente en numerosos países y supone una distribución alternativa que insulta a los intereses económicos del mercado editorial. Si el book-croosing obtuviera un éxito desbordante, seguro que buscarían la forma de reprimirlo (ya lo están haciendo con las compañías aéreas de tarifas baratas). ¡Construyamos pues una enorme biblioteca callejera y planetaria! Para más información: www.libroslibres.com.mx
Libros .
En la FIL no están todos lo que son. El mundo del libro sufre una saturación editorial que algunos han bautizado con el eufemismo de bibliodiversidad. Viajé a Guadalajara con tres títulos anotados en mi libreta. No hallé rastro de ninguno de ellos. Pregunté por El turno del aullante, de Max Rojas, intermitente poeta mexicano que entre 1976 y 2003 sólo escribió un poema. En la Cámara Salvadoreña del Libro investigué sobre el devenir de Radio Venceremos, de José María Vigil, crónica de una radio insurgente que emitía desde el interior de un volcán durante la guerra en El Salvador. Y en varios lados busqué información sobre la extinta editorial mexicana Extemporaneos que, en 1972, publicó la única traducción en castellano del libro The abortion: An historical romance, de Richard Brautigan, que inspiró la creación de una biblioteca en la localidad estadounidense de Vermont que sólo admite manuscritos rechazados por la industria editorial (más información o desinformación o ambas en Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas). Por suerte, pude encontrar algunas rarezas apartadas de los escaparates como San Mago, patrón del estadio, de Geovani Galeas, obra teatral basada en la vida de Mágico González, futbolista salvadoreño que desperdició talento y levantó pasiones en el Cádiz C.F. de los años ochenta. Y una recopilación de crónicas de Pedro Garfías, poeta olvidado del exilio republicano español, que murió alcoholizado en una cantina del centro de Guadalajara, de nombre Maestranza, aunque otros lo matan en una acera de Monterrey. Leyendas. El Mágico es al fútbol lo que Garfías a la poesía. Una oda al gol, un soneto al regate, poesía y fútbol. Un verso por la escuadra.
Paco Inclán es director de la publicación especializada FINZINE de Valencia.
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