Sumario. Libros. Reseña.
 

Los reinos de la casualidad

 

Carlos Marzal

 

Editorial Tusquets - 2005

 

Ángeles López

Carlos Marzal nació en Valencia en 1961 y se licenció en filología hispánica. Ha sido codirector, durante los diez años de su existencia, de Quites , revista de literatura y toros. Como poeta se dio a conocer con El último de la fiesta (1987), al que siguieron La vida de frontera (1991), Los países nocturnos (1996), Metales pesados (2001) –que recibió el Premio Nacional de la Crítica y el Nacional de Literatura en 2002–, y Fuera de mí (Visor), Premio Fundación Loewe. Todos ellos están recogidos en El corazón perplejo. Poesía reunida. Marzal es autor también de Poesía a contratiempo, de escritos teóricos, y de la traducción del catalán de Andén de cercanías , un poemario de Enric Sòria. Los reinos de la casualidad es su primera novela, y en ella, c inco personajes, que son a su vez los narradores de las cinco primeras partes, confiesan sus obsesiones, manías y particular visión del mundo, dominado por el azar, los secretos y los malentendidos. Todos tienen en común su afán por fabular la existencia, y literaturizar el amor, el deseo y la realidad que les rodea, para ensanchar su horizonte vital. Por eso, desmenuzan sus experiencias desde la reflexión. Comparten una misma formación porque en el pasado fueron compañeros de colegio, y diferentes casualidades nos descubren relaciones inesperadas en sus vidas, que se entrecruzan hasta llegar a colisionar, gracias a una amiga común: la fascinante Carlota. Si alguien pensó que del verso de Marzal se podía esperar mucho pero de su prosa nada, erró en el juicio. Aunque bien es cierto que muchos poetas al adentrarse en la prosa lo ponen todo perdido de metáforas, no es el caso del valenciano que ha encontrado un particular modo de fabulación de fuerte peso atómico, reflexivo, digresivo, culturalista y hasta culterano. En medio de tantas novelas con thriller de fondo, relatos conspiranoicos y aproximaciones metaliterarias, se agradece un texto moroso en el decir donde se hilvanan historias reales o fingidas y los personajes encuentran el sentido de sus vidas, reinventándolas. Todo le vale a Marzal en este laberinto sin minotauro, en el que se cita con la vida, sus causas y sus azares, llevando el autoanálisis hasta los límites de lo soportable. Interrogantes existenciales al servicio de una trama no unitaria que sí tiene un mismo tronco argumental. El hasta ahora poeta, tiene una fragmentaria manera de unir materiales distintos, porque muchas son las patrias de este libro: cuento, aforismo, novela... y uno sólo su pasaporte: el saber contar. Aunque es cierto que no todo se queda en palabras, no es menos verdadero que se agradecería que la acción avanzara con algo más de vértigo, ya que hay momentos en que los árboles de la digresión impiden ver el bosque del argumento. Novela de avance lento que da dos pasos adelante y uno atrás en beneficio de su caudal discursivo y en la que no hay ítacas a los que llegar porque todo es trayecto; la palabra, el único vehículo para explicar el itinerario, que es el mundo. Si los neandertales desaparecieron de la tierra por carecer de lenguaje como sostienen algunos antropólogos, bienvenida sea la herencia genética del cromagnon incontinente verbal, fabulador y reflexivo disoluto que retrata Marzal. De un poeta de la experiencia, imprescindible, sólo cabía esperar una novela tan áspera como consistente.