| Juan Manuel Villalobos nació en Ciudad de México, en 1972. Es periodista y escritor, y vive en España desde 1997. Ha colaborado con los diarios El Mundo , La Jornada y Reforma , y en revistas como El País Semanal , Cadernos Hispanoamericanos , Letras Libres y Altaïr , entre otras. “La vida frágil de Annette Blanche” es su primera novela, una obra sobre el amor que se escapa de las manos en un mundo abrumado por la incertidumbre, el dolor y la falta de comunicación.
1.- La novela está impregnada de un punzante tono nostálgico. Se aprecia en cada página una melancolía constante por el amor que se pierde, por los lugares a los que no se ha ido y por las cosas que no se han hecho. ¿Crees que Juan, el protagonista de tu novela, es un ser abocado a la añoranza y a la tristeza?
R: Sin duda. El protagonista de la novela está en una acuciante búsqueda de su lugar en el mundo, de las cosas que verdaderamente le pertenecen, mientras descubre todas aquellas que le son ajenas. Es como encontrarte en tu camino una sucesión de hechos que te hacen ir despidiéndote de todo aquello con lo que alguna vez soñaste. Añora, en realidad, un mundo que no existe, un mundo perdido, su infancia, un pasado que, sólo cuando crece, descubre entre tinieblas. La añoranza y la tristeza a la que haces referencia es la explicación a su fracaso por no encontrar más ese lugar.
2.- Juan Rodríguez, el protagonista de “La vida frágil de Annette Blanche” deja México, país en el que nació, y se va a Londres con la excusa de haber publicado en su país un libro incómodo titulado “Cartas a un editor: el daño está hecho”, con el que se gana un buen número de enemigos. En el libro recopila las cartas que varios autores han mandado a una editorial para convencer al editor, con todo tipo de argumentos, de que sus manuscritos deben publicarse. Una queja que se oye en la actualidad con mucha frecuencia entre los actores de nuestro mundo editorial es la de que se publica demasiado. ¿Qué opinas al respecto? ¿Crees que también se escribe demasiado?
R: Hoy en día se hace todo en exceso. No sólo escribir y publicar. Sencillamente, vivimos en un mundo dominado por el despilfarro. Sin embargo, dado que la literatura es una labor intelectual, resulta curioso esa proliferación de libros, de revistas, de escritos. En la actualidad, la letra impresa es letra muerta, precisamente por eso: porque ya no hay patrones de calidad, porque ya se acepta cualquier texto, porque ya no hay rigor, porque no hay buenos editores que vean más allá de ‘un mercado'. Y cuando hablo de editores, no me refiero sólo a los literarios, sino a esa gran cantidad de no sé qués que se inventan reportajes, artículos, o textos basura para rellenar esa oferta, para rellenar revistas insulsas, para fomentar la nada editorial, para ofrecer periódicos gratuitos. Hoy se escriben artículos de opinión, reportajes, análisis de “fondo”, e incluso libros, con un plazo de entrega de dos, tres, cuatro días. Eso, a lo único que conduce, es al desprestigio absoluto del mundo editorial. Y, naturalmente, a que cualquiera crea que puede hilvanar una línea detrás de otra, y luego publicarla. No sólo en la televisión hay gente que vive del cuento. No obstante, y hay que decirlo, dentro de ese exceso, sobrevive lo que verdaderamente es bueno. Los buenos libros, las buenas revistas (o, dentro de ellas, un buen reportaje, una entrevista). Pero hay que bucear en la mierda para encontrar la perla. Antes, las perlas estaban ahí, eran más visibles. Ahora, en un estante de novedades, literalmente, uno naufraga.
3.- Juan es un personaje sensible que observa cómo a su alrededor se teje un mundo cruel, un universo marcado por el dolor y por la incomprensión. Ante semejante panorama, normalmente se rebela, pone en tela de juicio las respuestas que recibe y que no considera justas, y muestra una oposición frontal. ¿Crees que una actitud semejante es posible en el mundo en el que vivimos, o que, por el contrario, resulta más eficaz intentar unirse a la corriente y sacar la cabeza de vez en cuando para respirar?
R: No se es feliz cuestionando el mundo que te rodea en todo momento; eso está claro. Tampoco es la mejor táctica para sobrevivir en nuestro apreciado mundo moderno lleno de pantomima, pero creo que un mínimo de dignidad, de valor, hay que tener para no aceptar todo aquello en lo que no creemos. Si uno renuncia a eso, ya renunció para siempre a sí mismo. No se trata de ser héroe. Se trata de reflexionar un poco, simplemente.
4.- La novela está narrada en primera persona, el personaje principal, que además es el narrador, se llama Juan y deja México para terminar viviendo en Madrid, donde trabaja en diversas editoriales y revistas… Quizá la pregunta resulte demasiado obvia, pero ¿cuánto hay de autobiográfico en tu novela? ¿Se trata de una novela de aprendizaje?
R: En algún sentido sí es una novela de aprendizaje, entendido esto como el “despertar” al mundo de un personaje. Pero no es sólo eso. Creo que siempre estamos “despertando” al mundo, se haya vivido lo que se haya vivido. Así, lo que vive Juan en Europa, es una nueva faceta de su vida, una nueva experiencia, un nuevo aprendizaje. Cada decisión lo va construyendo o transformando, cada cosa en la que piensa, cada momento que vive. Por otro lado, no es una novela autobiográfica, explícitamente. En todo caso, la novela funciona como un aspersor de ciertos momentos vitales propios y ajenos. Supongo que el arte de novelar consiste en hacer verosímil una historia. Uno debe creerse lo que escribe. Pensar que verdaderamente lo ha vivido, pensar que cualquier otro lo pudo haber vivido, que es algo que ha pasado o que está pasando.
5.- En la novela mencionas la frase: “Se puede combatir la maldad, pero ante la estupidez se está desamparado”, de Henry Miller. ¿Qué autores consideras que son los “padres” de tu literatura?
R: Creo que de cada libro que uno lee, aprende algo. Incluso de los malos libros; de los verdaderamente malos, de esos que no deberían publicarse: uno aprende a saber cómo no escribir jamás. No me gusta resumir mis gustos o sencillamente listar a una serie de autores que posiblemente me hayan marcado, o no. ¿Quién sabe realmente que el haber leído a éste o aquel autor lo hizo escribir hoy ésta o aquella línea, lo hizo escribir mejor, o lo hizo, sencillamente, escribir? He leído a autores cuyos nombres no recuerdo y seguramente han sido importantes para mí. Pero si tengo que mencionar a uno sólo (sólo tenemos un padre), entendido como aquel que me hizo mover las neuronas en otro sentido, no dudaría en decir que ese fue Albert Camus.
6.- En Madrid, Juan empieza a trabajar en una editorial “independiente”, donde no encuentra más que chanchullos y en la que está bajo las órdenes del “editor más iletrado de quien tenga memoria”. Pasa también por una revista, “Mujer Nueva” para la que redacta la sección de “Libros”, y en la que el ambiente no es tampoco muy alentador ya que se rige por unos preceptos inmovilistas y poco culturales. ¿Cómo ves el panorama editorial en España?
R: Creo que ya lo expliqué antes. En cualquier caso, echo mucho de menos libros de periodismo de investigación. No libros del tipo de “infiltrados” en redes de no se qué, este sensacionalismo provocador tan en auge en televisión y en prensa escrita, y ahora en el mercado de los libros. En otros países de Europa hay colecciones serias sobre trabajos periodísticos; en España lo único que se encuentra son libros prefabricados. Si no, traducciones aisladas que nunca conforman una colección. No es posible que la mejor investigación periodística escrita por un español sobre los medios de comunicación, sobre el papel de la prensa, no se encuentre en ninguna librería. Busqué hace tiempo Desde las tinieblas , de Joan M. Oleaque, sobre el famoso caso de las niñas de Alcásser, que abrió un antes y un después en la historia de los medios de este país, y ninguna librería lo tiene. ¿Es posible? Las mejores librerías son las casas de los amigos. Así está el panorama.
7.- Me da la impresión de que, en ciertos aspectos, esta novela es un gran ajuste de cuentas. Juan enjuicia el mundo del periodismo, el mundo editorial, las consecuencias de una sociedad racista dirigida en muchas ocasiones por necios… ¿Cuál fue el germen de “La vida frágil de Annette Blanche”?
R: La rabia. Si no se escribe con rabia, si no hay una diminuta porción de rencor en lo que uno escribe, no merece contarse nada.
8.- En la novela existe un personaje que me ha resultado bastante siniestro, no sólo por su peculiar situación literaria, sino también por sus implicaciones en la vida e infortunios de Annette Blanche. Estoy hablando del escritor Pierre Bignon, para el que todo son elogios y honores. Cuando Juan revisa el dossier de prensa realizado para la última obra de Bignon, observa que todas las críticas, firmadas por profesionales de prestigio, son espléndidas. Desde tu perspectiva no sólo de novelista sino también de crítico literario, ¿crees que la crítica, en nuestros días, forma parte del marketing editorial?
R: Creo que en nuestros días si no todo, casi todo es marketing. Lo único que puedo decir es que falta sensibilidad crítica a la hora de enjuiciar libros, de enjuiciar películas, de enjuiciar el mundo. Sólo basta ver (ni leer es necesario) las portadas de los periódicos todos los días, para saber que detrás hay algunas personas que nos quieren convencer de algo en lo que ni siquiera ellas probablemente creen. Hoy se ve más claramente que nunca que en todos nuestros actos cotidianos hay unos tipos que intentan hacer lo posible para vendernos algo. El mundo consiste en eso. Y lo único que nos queda es estar alerta para no dejar de ser nosotros. Para mantener el mínimo de dignidad de la que hablaba antes.
9.- “La vida frágil de Annette Blanche” es tu primera novela y ahora estás preparando un libro de relatos. ¿Te planteas distintos procedimientos de forma o de estilo a la hora de afrontar un tipo u otro de narración?
R: Absolutamente. Creo que una novela fluye con el tiempo, se van descubriendo cosas en el camino, se van dejando otras detrás, se va buscando poco a poco un hilo conductor, los personajes van delineándose con el tiempo. En fin, una novela no se escribe en una sentada. Se escribe en un par de años, o acaso en varios meses. Los relatos, al menos en mi caso, son historias inmediatas que necesitan ser contadas a la mayor brevedad posible. Historias que nacen y se mueren en un periodo corto de tiempo. Luego, naturalmente, requieren como cualquier trabajo, de cinco, seis, o diez lecturas si es necesario.
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