| Llamada a ser una de las novelas de la temporada, la escritora Ángela Vallvey presenta La ciudad del diablo tras haber ganado el Premio Nadal en el año 2002, con la esperanza de dejar de ser la joven promesa que algunos críticos habían anunciado. Estamos ante una historia diferente, ante una manera de contar la historia, en este caso los últimos días de la muerte del Dictador Franco, uno de los periodos más grises y sobre los que menos se ha escrito de nuestra reciente historia, que se nos presenta a nuestros ojos de lector como si de un fresco se tratara. Valentía y oficio no le faltan a Ángela Vallvey.
Luis García.- Novela histórica, novela social.... ¿qué es La ciudad del diablo ?
Angela Vallvey.- Baroja decía, en su época, que la novela era un género tan viejo que ya no daba más de sí; pero lo cierto es que sigue haciéndolo: sigue "dando de sí", y una novela puede ser a la vez histórica, social, de aventuras... etc. Espero que mi novela sea varias cosas a la vez, no una sola.
L.G.- Y ante todo una novela muy cinematográfica.... ¿la veremos en cine?
A.V.- No tengo ni idea, probablemente no. Es curioso: siempre me dicen
que mis novelas son muy "cinematográficas", pero el caso es que aún no se ha llevado ninguna al cine, a pesar de que existe un guión escrito de una de ellas ("A la caza del último hombre salvaje", de la que Rafael Azcona escribió un guión). Creo que a lo mejor mis novelas no son tan cinematográficas como parecen, ¿no? Y, en todo caso, la literatura no es una émula del cine.
Trasladar el lenguaje literario al cinematográfico depende más del entusiasmo de alguien (director, productor, etc.) que de lo "cinematográfica" que pueda parecer una novela.
L.G.- Para aquellos que vivimos y recordamos aquella época, nos resulta cuando menos chocante el que hayas escogido un asesinato como eje sobre el que pivota la historia.... ¿Por qué?
A.V.- Porque la novela es una historia de violencia: la del pasado reciente de España. Una historia que transcurre en un tiempo en el que las aguas parecían claras y mansas en España, pero no lo estaban en absoluto; todo lo contrario: había poderosas corrientes de podredumbre lamiendo los cimientos de la sociedad. Era la misma insania que nos condujo a la Guerra Civil. Y lo peor: la misma mugre que habita en nosotros todavía y que nos
divide en dos españas oscuras y agrestes (cuando las dos tienen una cara
liberal y civilizada también). No tenemos más que ver cómo está el patio político y social hoy día. La famosa "crispación" está empezando a mutar, como un virus social peligrosísimo, y a convertirse en odio puro y duro. Incluso en la calle se puede apreciar cada día cómo nos invade la mala educación, la agresividad más animal hacia los otros, la violencia.
L.G.- Estamos ante el retrato de una época, ante un retablo en que no falta casi nada.... ¿estamos ante la novela que te hubiera gustado leer?
A.V.- Ante una mirada asombrada sobre la época, la de los niños de entonces, que no la vivieron con intensidad, por lo general, o que no tuvieron conciencia política del momento. Sí, me hubiera gustado leer más cosas sobre aquel entonces. E incluso estudiarlas, pero la Guerra Civil española y el franquismo han sido episodios de nuestra historia que se han escamoteado a las generaciones que no participaron políticamente en ninguno de los dos. Debe ser que nuestro pasado nos da vergüenza. No es extraño.
L.G.- ¿Qué pretendes contar en la novela, o que pretendes que el lector interprete....?. Porque no querrás que se convierta en un mero thriller....
A.V.-Una no puede controlar las lecturas que hacen otros de algo que ha escrito. Tampoco imponer nada en el lector, que es soberanamente libre y por lo tanto interpreta lo que le da la real gana. Esta novela es la lectura que "yo" hago de unos días clave en la historia de España. No tengo la pretensión de aleccionar a nadie, aunque personalmente he sacado conclusiones ideológicas muy duras respecto a mi país, que están en el libro y que probablemente no gustarán a casi nadie. Qué le vamos a hacer...
L.G.- ¿Cómo perfilaste los personajes?. ¿Tienen algo de real, autobiográfico...?
A.V.- Los personajes suelen nacer de varias mimbres entrelazadas (realidad, imaginación, carne auténtica, poliéster...) Lo importante es que el resultado sea creíble. Así son los personajes y personajes de esta novela: tienen cosas mías (de la niña que yo fui), y otras que no tienen nada que ver conmigo. El cura joven de mi libro se parece bastante a los curas de pueblo que yo conocí en aquella época. El abuelo es un trasunto de alguien real. La tía solterona es una más de las tías solteronas que el franquismo produjo como churros: mujeres dedicadas a la oración (y, si tenían suerte, como mi personaje, a la jardinería), cuyas vidas vacías y su consiguiente sacrificio inútil hoy día me parecen tan estériles como conmovedores.
L.G.- España 1975.... ¿en verdad lo recuerdas como lo cuentas?
A.V.- Escribir un libro no es exactamente recordar, sino investigar sobre todo. Está novela no es la traducción literal de mis recuerdos, entre otras cosas porque tengo pocos de entonces y esos pocos, a secas, no me hubieran servido para escribir un libro. En esta novela hay menos memoria personal que análisis histórico.
L.G.- ¿Te ha favorecido a la hora de escribir la novela, el vivir alejada de tu país?
A.V.-Hace casi tres años que vivo —y muy felizmente, por cierto— en Madrid. Esta novela la he escrito enteramente aquí. No hubiese podido escribirla en otro lugar. O sí, quién sabe, y en cualquier caso qué importa. Sí es cierto que vivir algún tiempo fuera del lugar de origen abre los horizontes mentales (y sobre todo ideológicos) de la gente. Yo lo he hecho, y la experiencia me parece muy enriquecedora, hasta el punto de que quizás la repita el día menos pensado. El mundo es ancho y hermoso, y yo siempre estaré dispuesta a conocerlo un poco mejor.
L.G.- ¿Volverás a San Esteban en el futuro?
A.V.-No lo sé, no creo, pero tampoco me atrevo a responder un "no" rotundo. Ha habido lectores me han pedido que escriba "la segunda parte" de algunas de mis novelas. Eso es fantástico porque quiere decir que las peripecias de los personajes les han interesado tanto que les gustaría seguir sabiendo cosas
de ellos, cómo les va la vida. Como lectora, entiendo el deseo y lo comparto. Como escritora... un trabajo así me pondría los pelos de punta, por lo menos al principio. Claro que el "regreso" también tiene la ventaja de que ya conoces
a los actores de la historia, su lógica interna, sus necesidades y tormentos, sus miserias y alegrías... Ah, no sé, vaya. Tendría que pensármelo.
L.G.- Personalmente te conocí literariamente antes como poeta que como narradora.... ¿en que género te encuentras mas a gusto?.
A.V.- La poesía ha iluminado mi vida, y sigue haciéndolo. Si no me sintiera "poeta" moriría de un ataque fulminante de vulgaridad. Y, además, moriría cabreada. En fin, bromas aparte, la poesía es mi amante, siempre lo ha sido, pero la prosa es... mi cónyuge, digamos. La poesía me visita cuando le viene en gana, pero la novela (y la escritura de artículos, etc), está presente en mi vida cada día. Me reporta unos lectores maravillosos —lo digo con verdadero orgullo: tengo lectores extraordinarios, gente ilustrada, civilizada; me siento muy honrada por ellos—, la prosa nunca me falla, es fiel, paga mis facturas... No podría vivir sin las dos a la vez. Poesía y prosa. Las dos son la manera que tengo de estar en el mundo.
L.G.- ¿Qué estas preparando actualmente?
A.V.-Otra novela, claro. He comprobado que si paso unos días sin pensar en una novela, y sin escribir aunque sólo sea unos párrafos, me angustio y lo paso fatal. Sufro un auténtico síndrome de abstinencia. Así que no me queda más remedio que empezar una nueva historia al día siguiente de acabar la anterior. Y tengo historias para rato, por cierto.
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