Entrevistas a Luis Landero en el año 1995, 2000, 2001 y 2002
Noviembre 1995 por Marta Rivera de la Cruz*
Luis Landero vive en una casa llena de luz y de libros. Es un excelente conversador, que cita a Pessoa y a Camus, pero también a Einstein y a Butragueño. Confiesa que le encanta el fútbol, y cuando llegué a su casa estaba reproduciendo en un tablero de ajedrez la última partida de Kasparov y Anand. Hace poco que ha regresado de la Universidad de Yale, donde pasó el último semestre impartiendo un curso de Literatura. Actualmente está trabajando en lo que será su tercera novela, mientras sus otros dos trabajos, Juegos de la Edad Tardía y Caballeros de Fortuna , siguen gozando de los favores del público
Pregunta -¿Qué supone para un novelista alcanzar el éxito con una primera novela? Porque "Juegos de la Edad tardía" fue un auténtico "boom".
Luis Landero -Bueno, quizá supone un exceso de responsabilidad. Yo no sé si decir que fue un modo de perder la inocencia, aunque a mí esa frase me parece quizá de un romanticismo un poco trasnochado. En "La provincia del hombre", Canetti habla mucho del escritor que escribe anónimamente y de pronto empieza a salir a la luz, y entonces se crea una especie de reacción químico-psicológica que le hace escribir pensando en que lo que se escribe se va a publicar, en que la gente espera de él ciertas cosas... El otro día leí una frase de Butragueño; él decía que cuando no era famoso hacía las jugadas porque las hacía, sin pensar en nada, y luego, cuando se convirtió en una estrella, las hacía pensando en qué iban a pensar en la grada. Supongo que eso fue lo que me ocurrió a mí durante un tiempo... hasta que empecé a curarme y a volví a escribir como un escritor anónimo.
Pregunta -Pero, a decir de los que le conocen bien, el éxito no se le subió a la cabeza...
Luis Landero -A mí el éxito me cogió ya en una edad en que... en fin, ya tiene uno una especie de protección de escepticismo. Pero nadie está a salvo de la vanidad. La vanidad es el gran demonio contra el que uno, sea escritor o cualquier otra cosa, tiene que luchar . Camus decía que la vanidad y el resentimiento son los grandes enemigos del escritor. Yo lo que intento es escribir a mi aire, y trato de no preocuparme de cosas que, en el fondo, se me escapan.
Pregunta -Después del éxito de "Juegos..." ¿te sentiste de algún modo presionado para seguir escribiendo?
Luis Landero-Me vi presionado por dos frentes. Por un lado, por mí mismo, que soy escritor y necesito seguir escribiendo, y por el público. Y entonces empecé a plantearme qué era lo que el público esperaba de mí. Empecé a pensar que una segunda novela era una revalidación de la primera. en fin, que me vi un poco acosado por todos esos fantasmas, propios de un escritor inseguro, de una persona insegura como yo.
Pregunta - ¿Se considera inseguro?
Luis Landero -No, no es que me considere, es que lo soy. Y doy unos bandazos enormes desde una especie de euforia, en la cual me siento como un gran escritor, hasta todo lo contrario. Tengo días depresivos en los que pienso en mí casi como en un impostor, como en un necio.
Pregunta -"Juegos de la Edad Tardía" no es la típica ópera prima, en el sentido en que es una novela muy sólida...
Luis Landero -Sí, bueno, pero eso fue... en realidad, me llevó mucho tiempo escribirla. Al principio dije que ocho o nueve años, y los periodistas redondearon en diez. Luego eché cuentas, y resulta que no era tanto. En realidad, la escribí en cuatro años, pero es que estuve mucho tiempo rondándola. Digamos que fueron cuatro años de matrimonio y dos de noviazgo. Lo que pasa es que hasta los 31 años yo no me puse a escribir en serio. Vivía en una especie de soltería literaria, escribía fragmentos, escribó por escribir, pero sin intentar hacer obra. Cuando uno llega a los treinta es quizá el momento de ponerse a prueba. Y, tranquilamente, empecé con "juegos..."
Pregunta - ¿Es usted un escritor disciplinado?
Luis Landero -Ahora escribo todos los días, y muchas horas. Antes recuerdo que para mí no era tan agobiante. Ahora me he organizado mucho, para bien y para mal. En todo caso, espero no haberme convertido en un escritor profesional.
Pregunta -¿Cree que en su caso es posible no ser un escritor profesional?
Luis Landero -A mí me gusta ser aficionado. Pero eso es una pretensión. Fíjate, Juan Benet decía "yo no soy un escritor profesional, yo soy aficionado" Es una mezcla de vanidad y de verdad. Uno intenta rehuir los peligros del oficio. El escribir por oficio es uno de los grandes peligros del escritor. Cuando uno alcanza un estilo, un tono y una música y permanece fiel a ellos... eso puede no ser bueno. Así que intento ser un escritor sin oficio, que está aprendiendo cosas continuamente.
Pregunta -"Caballeros de Fortuna " apareció casi cinco años después que "Juegos..." La crítica la consoderó inferior a su primera novela. ¿Cree que se le exigió más por el hecho de haber puesto el listón tan alto con "juegos...?
Luis Landero -Claro que sí, pero es algo inevitable. Sabía que yo mismo había marcado el nivel, y se me iba a juzgar a partir de esa referencia. Es lo que pasa con las segundas novelas. A veces pienso qué hubiera pasado si "Caballeros..." hubiese sido la primera novela y "Juegos..." la segunda.
Pregunta -A usted, ¿cuál le gusta más?
Luis Landero -Creo que "Juegos...", quizá porque la escribí más a gusto y me identifico más con ella. Pero ha habido mucha gente a la que le ha gustado más "Caballeros". Es complicado. En Inglaterra, que son muy agudos para todas estas cosas, han creado un premio para distinguir a la segunda novela cuando ya la primera ha sido un éxito...De todos modos, mira, lo bueno de escribir la segunda novela es que ya no la tengo que escribir nunca más.
Pregunta -Aunque las dos novelas son muy distintas, existe un rasgo que identifica a una y a otra, y es el fracaso en el que viven los protagonistas. los personajes de sus libros son personas que no son lo que hubieran querido ser.
Luis Landero -Es que ese es mi tema. de hecho, estoy trabajando en una tercera novela que gira alrededor de esta idea.
Pregunta -Entonces, ¿le parece el fracaso más novelable que el éxito?
Luis Landero - Bueno, es que yo creo que ese es el tema de todas las novelas. Pensemos en cualquier novela, Mme. Bovary , Rojo y Negro , El Quijote , y encontramos que el tema fundamental no ya de la literatura, sino incluso de la filosofía y de la propia vida es la distancia tremenda entre la realidad y el deseo, entre lo que uno es y lo que hubiera querido ser. Eso lo tengo muy claro, y por eso escriba lo que escriba siempre me sale gente que tiene grandes deseos que la vida le impide realizar, y en un momento dado encuentra una especie de sucedáneo a través del cual puede realizarse y purificarse, y en mi tercera novela me está saliendo eso. No lo he pensado, pero me sale. Así que debe ser verdad aquello de que todos los escritores estamos escribiendo siempre la misma novela. Una vez le preguntaron a Einstein "¿cuáles han sido las más grandes ideas que ha tenido usted en su vida?" Y él respondió: "¡cómo ideas? Idea, querrá usted decir?".
Pregunta -En "Caballeros..." hay un personaje femenino maravilloso, el de Amalia. Parece tratado con un cariño y un cuidado especial...
Luis Landero -Tiene razón. Mira, en ese personaje he vertido todo mi erotismo. Cuando era niño, yo siempre pensé en la posibilidad de ser seducido por una mujer mayor. En esa relación entre Luciano y Amalia hay mucho de transgresión por la diferencia de edad entre ambos. Y la transgresión multiplica y potencia el erotismo. ¿Por qué es tan fascinante la seducción de Ana Ozores en "La Regenta"? Pues porque se trata de la caída de una mujer de profundas convicciones religiosas. Hay una serie de obstáculos que saltar, unas barreras que evitar. Amalia es una mujer muy segura, muy dueña de su mundo, pero cree que está preparada para vivir sola y prescindir de cualquier hombre, y en cierto momento se ve enredada en una pasión que la supera y tiene que dejarse arrastrar por ella.
Pregunta - ¿Qué autores le han influido más desde el punto de vista de vista estilístico?
Luis Landero -Reconozco muchas influencias, y de muy distinta índole. El "Orlando", de Virginia Woolf, por ejemplo. Y toda la novelística de Alejo Carpentier. De García Márquez he tomado el tono folklórico de la narración y el lenguaje oral... aunque, por otra parte, ese lenguaje oral está ya en "Las Mil y Una noches". Pero creo que las influencias más sólidas las he recibo de Kafka...Y, desde luego, de Faulkner.
Pregunta - El personaje de Esteban, un retrasado mental, es típicamente faulkneriano.
Luis Landero -Sí, absolutamente. Yo siento una total fascinación por los personajes inocentes. Faulkner creo dos magníficos, el Benjamin de "El ruido y la furia" y Ike, de "El Villorrio". En la literatura española tenemos al Alfanhuí de Sánchez Ferlosio, e incluso al mismo Lazarillo de Tormes. Bueno, y también tengo siempre presente a ese pesonaje maravilloso que aparece en "Agente Secreto", de Conrad, Stevie. Yo creo que Ike, Stevie y Alfanhuí son los tres grandes personajes inocentes de la literatura universal.
Pregunta -¿Cual es, desde el punto de vista de un escritor, el estado de salud de la novela española?
Luis Landero -Pues a mí me parece que, en general, es bueno. Aunque, si te soy sincero, pienso que eso lo tienen que decidir los lectores, esos doscientos o doscientos cincuenta mil españoles que compran libros.
Pregunta - ¿Se considera usted parte de una generación?
Luis Landero -La verdad es que ese tipo de clasificaciones no me parecen importantes. Lo que de verdad cuenta es producir buena literatura. Quiero decir que, hoy por hoy, da igual que Unamuno y Gómez de la Serna pertenecieran o no al mismo grupo literario. Esas cosas acaban perdiendo importancia ante la calidad de la obra de un autor. ni a mi vida.
Pregunta -¿Para cuando un próximo libro de Luis Landero?
Luis Landero - Estoy trabajando en mi tercera novela, como ya te he dicho, pero no tengo ni idea de cuándo va a salir al mercado ni de cuánto voy a tardar en terminarla. Por no saber, no sé ni el título que le voy a poner, lo que empieza a preocuparme un poco, porque es bueno que las cosas tengan su propio nombre...
ESPECULO Revista Electrónica cuatrimestral. Departamento de Filología Española III de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense (Madrid-España).
Espéculo (del latín. speculum ): espejo. Nombre aplicado en la Edad Media a ciertas obras de carácter didáctico, moral, ascético o científico.
* Marta Rivera es licenciada en Periodismo y Doctoranda del Departamento de Filología Española III (Facultad de Ciencias de la Información - Universidad Complutense)
ENTREVISTA Año 2.000 por Luis García
Café de los Austrias. Madrid 16 Diciembre 2.000
Introducción.- Cuando Luis Landero publicó en 1989 Juegos de la edad tardía , yo era un estudiante de Filología que desconocía las interioridades literarias, y que miraba con respeto a cuantos como él, habían conseguido tocar el cielo con las manos. No estábamos ante un autor más, en unos momentos de renovación narrativa en nuestro país, sino ante alguien llamado con el tiempo a marcar un antes y un después en la novela. Frente a quienes afirman sin pudor la próxima muerte de la novela como género, Landero nos entrega cada cuatro años un nuevo discurso narrativo alejado de convencionalismos literarios, y nos ofrece la posibilidad de continuar soñando con nuevas entregas. Forma parte por derecho propio del selecto trío, junto a Antonio Muñoz Molina y Luis Mateo Díez, que han conseguido alzarse con una novela el mismo año con el Premio Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica. Once años después, y cuando está cercana la aparición de su próxima novela, El guitarrista , novela marcadamente autobiográfica, jamás hubiera podido suponer que tendría la oportunidad de realizarle una entrevista. Y es que la realidad, por suerte, supera con creces la ficción.
Hace frío esta soleada mañana de invierno, algo que se olvida cuando se tiene delante, junto a una buena taza de café, al insigne escritor. ¿Quién es Luis Landero en realidad?. ¿Quién se oculta tras el enigmático Faroni en Juegos de la edad tardía ?. Es algo que intentamos descifrar en esta entrevista. Posiblemente no se consiga, pero como entonces, siempre nos quedará París.
Pregunta.- Antes de comenzar, una sospecha, o si lo prefiere un "cotilleo". Releyendo Juegos de la edad tardía , me encontré con un personaje cuyo nombre me resultaba familiar, que intuyo no fue tan inventado como sugiere en la novela. ¿Existe en realidad Lino Uruñuela, o fue una feliz coincidencia?
Luis Landero.- Es que no es un personaje. Sencillamente es el nombre de alguien a quien conozco. Lo introduje en la novela supongo que por cambiar..., por terminar con la impostura que había creado... Un poco para quitarme el peso de la farsa que había cultivado. De todos modos el nombre salió porque me dijo Lino un día: "a ver si me metes en la novela". Yo la estaba escribiendo y hasta me dio una idea. "Puede ser que el personaje quiera cambiar de nombre" -me dije-. Y Me ayudó, vaya si me ayudó la sugerencia de Lino, porque yo quería dejar la novela abierta, y se supone que el tener otro nombre iba a propiciar esa condición.
P.- Augusto Faroni, alter ego del protagonista de su novela Gregorio Olías, no es sino el símbolo de su generación, como arquetipo de un modo de entender la literatura, y la vida. Pero, ¿cómo es realidad Faroni?. Quiero decir, que ya que siempre se afirma que la primera novela de un autor suele tener una fuerte carga autobiográfica, ¿sería aplicable este axioma a su caso?
L.L .- Creo que sí. Lo que pasa que tampoco soy muy consciente de esa carga autobiográfica. Sé que la hay, que existe, pero no la he indagado, entre otras cosas porque intuyo que conecta con zonas oscuras de mi personalidad. En todo caso el supuesto carácter autobiográfico de la novela es aplicable más a mi padre, que era un hombre campesino, sencillo, y muy soñador. Tremendamente soñador y con muy buenas cualidades. Yo conservo las cartas suyas de la guerra, tenía mucha gracia escribiendo... Pero a la vez era un hombre insatisfecho y frustrado con la suerte que le había tocado vivir, ya que le hubiera gustado ser otra cosa que no fuera campesino. Yo viví toda esa frustración con una mezcla de desasosiego, que hizo que al venir a Madrid proyectase en mí todo lo que él no había podido ser. Yo creo que la personalidad de Faroni viene un poco de ahí en cuanto al componente autobiográfico. También está el fenómeno de la emigración, tanto interior como exterior, algo que por suerte o por desgracia conozco porque me tocó vivir y sufrir. Cuando veníamos en aquellos trenes de carbón de los años sesenta, toda aquella gente miserable de los campos a la búsqueda de un destino mejor...iban llenos de sueños, de ilusiones... Yo creo que viene de ahí. Pero también de mi carácter y mi capacidad de ensoñación. Cuando me imagino una cosa me la llego a creer...Un poco de todo. Hay un momento en que la historia que yo cuento, como todas las historias, a las pocas páginas son autónomas, tienen sus propias leyes y reglas.
P.- Pero está Faroni, él también es un soñador, un romántico...
L.L.- Si, claro. Gregorio Olías es un individuo que no ha acabado el bachiller, que se ha educado en el romanticismo, Lord Byron, Espronceda, el cine de Holliwod, y es un individuo que crea a Faroni con una serie de tópicos. Como yo en mi infancia y juventud, no tiene amigos leídos. Como él en la novela, mis amigos eran el aprendiz de un taller mecánico, gente muy de la calle... Y un poco esa imagen romántica que nos creamos en nuestra adolescencia derivó en el Faroni soñador de la obra. Pero claro, luego con toda la ironía de un individuo con casi cuarenta años que ha leído bastante, y que se distancia de su pasado.
P. La literatura no es sino una forma de carrera de obstáculos. Así es como a mí me gusta verla. Pero, ¿qué le indujo a ser tan persistente con Juegos de la edad tardía , sabiendo que lo único que provocaba en las Editoriales eran rechazo y buenas palabras?
L.L.- No, eso no es exactamente cierto. Hay mucha leyenda sobre ese asunto. En realidad la novela sólo fue rechazada en una ocasión, y además yo lo supe después de que se publicase.
P.- Faroni, cual mediático Quijote, dio lo mejor y lo peor de sí mismo, y por extensión más de lo que en un principio se pudiera esperar de él. ¿Imaginó en alguna ocasión que su estela pudiera llegar a que un Círculo Cultural llevara su nombre?
L.L.- Jamás. ¡Cómo iba a poder suponerlo!. Cuando me escribieron y me contaron lo del Circulo me llenó de satisfacción, porque me puso un poco en la pista de cómo me gustaría que se leyese la novela. Reduciendo la distancia entre la literatura y la vida. Lo del Círculo fue un modo de certificar esa idea que yo siempre mantuve al respecto. Algo así.
P. Le digo esto porque me consta que muchos de sus lectores lo fueron a partir de haber leído Quince líneas , la selección de microrrelatos que publicó El Círculo en Tusquets, y donde precisamente, Faroni reaparecía con algunos de ellos.
L.L. ¿Es eso cierto?. Pues no se si me halaga o... No, lo cierto es que yo estoy muy contento tanto con el Círculo y la labor que está desarrollando como con el hecho de que Faroni se haya universalizado.
P. ¿Sintió en algún momento el vértigo del escritor tras su primera novela, la sensación que lo que quería contar ya lo había hecho en su primera novela?
L.L. Muchas veces. La presión de escribir una segunda novela es tremenda, sobretodo después de que la primera haya sido un éxito. Sientes pánico, expectación, pero se supera rápidamente . Si, es probable que sí.
P . Uno, a medida que sigue su carrera, a usted y a otros de su generación, tiene la sensación de estar ante un autor de culto, que ha conseguido con tan sólo tres novelas lo que otros han necesitado con más tiempo. ¿A que crees que es debido?
L.L. ¿De culto?. Yo creo que no lo soy. Eso de ser un escritor de culto está reservado para aquellos minoritarios pero admirados, y bueno, yo no se si soy un autor admirado, pero desde luego no soy minoritario. Yo vendo multitud de ejemplares.
P . Pero la literatura de culto es un poco la perfecta simbiosis entre autor y lector. Sin embargo, a mi entender, aún le falta para doctorarse un libro de relatos cortos (para mí el género literario por excelencia) que estoy seguro tendrá guardado en un cajón. ¿Para cuándo?
L.L. Bueno, el relato corto me gusta, pero yo soy mas un constructor de mundos novelescos, y mientras estos existan y tenga fuerzas quiero aprovecharlos.
P . ¿Corriges mucho los textos?
L.L. Cada vez menos. Cada vez me importa menos el estilo y mas la sinceridad. O por decirlo de otro modo, me importan los logros estéticos a largo plazo. No me interesa la página perfecta, no me interesa el brillo, el hallazgo parcial de una metáfora, de una imagen de un adjetivo. Eso no es nada comparado con el de un capítulo. Los hallazgos parciales no son nada, son cabrilleos, brillos de los cuales huyo y a veces los encuentro y los tacho.
P. Decía Saramago que tenemos que aprender a escribir sin adjetivos . ¿Compartes esa idea?
L.L. Bueno, sin adjetivos... Para aprender a escribir sin adjetivos hay que haber escrito con ellos previamente Yo nunca fui un autor recargado ni mucho menos, siempre huí del barroquismo, es cierto. Pero se puede ser sencillo y falso, entendiendo por sencillo la escasez de adjetivos, y se puede ser barroco y verdadero. Alejo Carpentier, que me parece un novelista extraordinario es un ejemplo de esto. En él ni sobra ni falta una palabra, un adjetivo... Es un autor auténtico. Y hay otros, supuestamente sencillos que... mejor se dedicaban a otro oficio. La sencillez no es garantía de nada. No se trata tanto de buscar y encontrar la sencillez como la esencialidad.. La esencialidad se puede expresar de un modo barroco, conceptista...
P. Mendoza vaticinó hace algún tiempo el fin de la novela. ¿Crees que en estos tiempos tan agitados que vivimos, se tiende hacia una literatura de consumo, más rápida?
L.L. Hace tanto que se viene vaticinando... Probablemente sí. Es posible que se esté dando un regreso hacia la reflexión, y hacia tareas... mas demoradas. Pero también es posible que se esté generando una reacción contra toda esta prisa... la mayor parte vacía de contenido. Yo no soy muy optimista respecto al futuro de la novela, pero no por los tiempos sino por la ruptura que ha habido con el pasado. Se han roto amarras con el pasado. Amarras de gran calado. La tradición fundamentalmente era la escuela, la Universidad, el mundo académico en general... No hay más que hablar con un profesor de la ESO para darse cuenta de esa ruptura de amarras. Lo que había era un poco el contar por el contar. Ese tejido narrativo que formaba el barrio, la gente. El contar de padres a hijos. Todo eso de lo que hablan muchos filósofos, Walter Benjamin por ejemplo habla de ello... Y de algún modo eso era un vínculo con el pasado, con la tradición. La gente hablaba, y mantenía en la memoria colectiva “el recuerdo de”..., y había la conciencia de un pasado. Y todo eso se ha roto. De manera que ahora hay una ruptura enorme. Y lo que tenemos es una vocación suicida de vivir el presente. Está muy bien vivir el presente, eso se viene diciendo desde Petrarca....
P.- Carpe diem...
L.L. Sí, “carpe diem”, lo que pasa es que ahora ya no es vivir el presente, es devorar el presente, consumir el presente...
P . ¿Qué nos puede adelantar de Vacía invención ?. ¿Para cuando estará en las librerías?
L.L. Bueno, en realidad se trata del libro Entre líneas ya publicado, al que le he añadido algunos artículos. Lo de Vacía invención es un recurso muy común que se utiliza cuando aún no está el título definido.
P . Una vez, un amigo también escritor, le recordaba por una conferencia que había pronunciado en la Universidad de Oviedo bajo el título de El laberinto de papel . En ella aludía a un viaje poético-musical por diferentes universidades de EEUU recitando a Federico García Lorca. ¿Es cierto que en dicho viaje una estudiante norteamericana le confundió con el propio Federico, en la creencia de que era éste un poeta contemporáneo?
L.L . Sí, es cierto, Totalmente cierto .
P . Y ya que hablamos de aquel país, ¿cómo fue su experiencia de profesor?
L.L. Pues al principio me sentí sólo, muy sólo. Un poco como en la mili. ¿Quién me ha mandado venir aquí, me decía. Porque a la mili te obligan, pero aquí... Pero después recogí el aire, la soledad, y al final lo pasé bien. Escribía, paseaba, iba a Nueva York, la ciudad que mas me gusta del mundo... Y no estuvo mal la experiencia al final.
P. ¿Cómo eran sus estudiantes?
L.L. La ciudad se notaba que había sido rica, muy rica, pero estaba en plena decadencia postindustrial. Se veían las fábricas abandonadas, vacías, y en el centro de todo esto estaba la Universidad de Yale. ¿Los estudiantes?. Que te voy a contar. Eran los mejores estudiantes de EEUU, que no es poco. Por un lado les daba clase a los postgraduados, que eran filólogos, y ya se sabe que los filólogos son iguales en todas partes del mundo. Están pervertidos por la interpretación literaria, y en general por la falsedad cultural actual. Y luego estaba otro grupo de alumnos que eran físicos, matemáticos... Eran gente muy lista, muy inteligente, que comentaban a Lorca, a Buñuel, desde un punto de vista desprejuiciado con total inocencia. Y es precisamente esa falta de prejuicios lo que crea figuras tremendas. Y cuando el talento se cruzaba con la falta de prejuicios, los alumnos desarrollaban unos tipos de comentarios absolutamente renovadores y lo más importante, muy frescos.
P. ¿Qué novelas recuerdas con especial cariño?. ¿Las que más te han marcado en tu formación como escritor y lector?
L.L. Mira, una novela que a mí me emociona profundamente es El Gran Gastby . Me llega al fondo del alma. Me parece que es pura poesía. Posiblemente haya otras novelas que me gusten más, pero desde otro punto de vista. No se... El Gran Gastby la habré leído... infinidad de veces. Es una novela mágica, que la termino y la vuelvo a comenzar. Te puedo asegurar que me la sé de memoria, y esta no es una frase hecha. Además, es una novela que me apasiona por...
P . ... por el lenguaje, por el personaje, por la estructura...
L.L . Si, por todo eso. Y por la estructura, claro. Por como está escrita, con esos materiales tan leves, tan efervescentes, que hacen que parezca que la novela va a desaparecer en cualquier momento como la niebla... Y sin embargo se rehace una y otra vez. También está el tono, y yo cuando hablo del tono de una novela siempre habló del Gran Gastby como ejemplo de tono sutil. Con una distancia, una ironía, pero con una fuerza sentimental extraordinaria. Y a la vez que con la ironía, con una actitud intelectual por parte del narrador... testigo, tremenda. Porque el que escribe es testigo. Escribe en primera persona pero no cuenta su vida sino la vida de otro, de Gatsby. Y nunca abandona esa distancia, una distancia melancólica, desengañada, y es en esa distancia de melancolía y desengaño donde reside el secreto del tono. Es muy difícil conseguir eso. También, ya que hablamos de novelas que me hayan emocionado especialmente, alguna de Faulkner como Luz de Agosto y El Villorrio . Para mí son sus dos mejores novelas. También Mientras agonizo , aunque esta es un poco tramposa. Hay demasiados silencios, demasiadas elusiones...
P . A quien si que le gustaba es a García Márquez
L.L .- ¿ A García Márquez?. De todos modos a mí Márquez me gustó mucho en su tiempo, pero cada vez me atrae menos. Digamos que no es de mis preferidos.
P. Retomando una respuesta tuya anterior, ¿qué es exactamente un mundo novelesco?
L.L .- Es cuando de pronto sientes que algo empieza a funcionar como un motor. Funcionan las bielas, el cigüeñal, responde el freno y entonces... aparecen los personajes, aparecen las situaciones, aparecen los olores, el tiempo, el ambiente, el espacio... Eso es un mundo novelesco. En realidad es un trozo de vida, un enorme pedazo de vida que te atrae. El cuento no. El cuento generalmente es un matiz, una sola cosa que de pronto es como un remolino.
P. ¿No es un trozo de vida el cuento?
L.L. Sí, por supuesto que sí. Pero el cuento está muy definido por el contorno. Es como un disparo que no puedes fallar. En la novela disparas varias veces y no importa que falles en alguna ocasión. El mundo de la novela es un mundo de libertad, es un mundo de desestructuración. Es un mundo que no requiere la intensidad del cuento. El cuento tiene que ser muy intenso, como un arco en tensión para que la flecha salga... En tanto que la novela no requiere esa tensión. Es un mundo mas largo.
P . Y ya para terminar, ¿puede adelantarnos de que trata su próxima novela?
L.L. Bueno, lleva por título, en principio, El guitarrista, y espero acabarla relativamente pronto. Esta sí que va a ser una novela remotamente autobiográfica, porque parte de experiencias muy mías, que yo viví... pero enseguida la historia adquiere autonomía. No es exactamente la historia de un guitarrista, pero si que es verdad que esa semblanza cruza toda la novela. Es decir, está escrita en primera persona y trata de un hombre que se hace guitarrista... pero mejor no hablar mucho de ella. Sólo diré que parte de experiencias muy mías, pero enseguida adquiere autonomía. En esa medida va de la vida a la literatura. Como a mí me gusta.

ENTREVISTA Año 2.001
Luis Landero – chat en el diario EL MUNDO – 2001
Luis Landero no es sólo el autor de una de las mejores novelas del siglo XX, Juegos de la edad tardía, sino también uno de los mejores escritores actuales, como demuestra en «Entre líneas: el cuento y la vida», un libro protagonizado por un profesor de literatura. Landero ha acudido a elmundolibro.com para charlar con sus lectores.
1. Yo quiero que usted me de clases de literatura, ¿a qué instituto voy?
Tendrás que ir a la Escuela de Arte Dramático de Madrid.
2. Tengo unas ganas enormes de leerle. ¿Por dónde empiezo?
Yo empecé por «Juegos de la edad tardía» y me parece que es un buen comienzo también para ti. Mi último libro, sin embargo, recoge textos anteriores a mi primera novela. Espero que te guste.
3. Sr. Landero ¿qué le llevó a dejar su profesión y ponerse a escribir? ¿Una vocación tardía o recuperada?
Escribí mi primer poema con 14 años, de modo que fue una vocación prematura y de por vida. Desde mi primer verso supe que iba a ser escritor y que no tenía elección.
4. ¿Escribe pensando en el lector?
Sí y no. No pienso en el lector pero al mismo tiempo yo soy lector. De modo que, cuando el escritor se pone a escribir, no puede mandar al lector a otra habitación. Es decir, el lector también escribe.
5. ¿Tiene alguna manía de escritor?
No, necesito tranquilidad, silencio, y todo el tiempo del mundo por delante. Me gusta rodearme de bolígrafos, rotuladores, lápices, libretitas, soy un poco fetichista en eso.
6. ¿Cuál es su mayor miedo como escritor?
Perder la capacidad de sentir. Eso significa perder la capacidad de asombro, la imaginación y todas las cualidades que uno pueda tener como escritor. Dejar de sentir es la vejez como escritor.
7. ¿Cuántas vidas caben en una novela? ¿Cuántas novelas en una vida?
Menos que en la guía telefónica. Depende qué tipo de novelas sean. Son como las ciudades: algunas son multitudinarias y hay otras que con una sola vida se puede llenar y rebosar una novela.
8. ¿Posee algún habito de escritura?
Escribo todos los días sin faltar ni uno, y el día que no escribo no acabo de ser feliz. Lo cual no quiere decir que el día que escriba sea necesariamente feliz.
9. ¿cuál es su libro de cabecera?
Muchos. Diré dos: una buena antología poética y El Quijote.
10. ¿cuándo empezo a escribir?
Antes que escritor fui oyente. Es decir, oía cuentos de niño. De algún modo, así es cómo comencé a ser escritor.
11. ¿Escribe a diario?
Sí, a diario, incluidos sábados y domingos. No sabría no escribir.
12. ¿Qué es lo no vivido, lo soñado para usted?¿Qué añora todavía?
Lo no vivido quizá son los deseos irrealizables. Añoro la infancia, añoro no haberme dedicado profesionalmente a la guitarra, no ser un buen ajedrecista, así podría seguir indefinidamente.
13. ¿Ha escrito poesía?
Empecé escribiendo poesía. Escribí cientos de poemas, pero desgraciadamente ninguno bueno. Me hubiera gustado ser un buen poeta.
14. Si tuviera que elegir ¿Qué escogería, el cuento o la vida?
El cuento es vida y la vida es cuento. Cuando escribo tengo la sensación de vivir intensamente. De día vivimos y de noche soñamos lo vivido, así la vida y el cuento son caras de la misma moneda. Es un tópico inevitable.
15. ¿Escribe por… necesidad?
Por necesidad, desde luego. Para mí escribir es como respirar. Es mi mejor modo de felicidad.
16. ¿qué le inspiró, cuando decidio escribir este libro?
Este es un libro que se ha ido un poco haciendo a sí mismo, un poco al hilo de lo vivido. No hay nada concreto que me haya inspirado el libro, pero sí podría responder a tu pregunta si en vez de libro dijeras página o capítulo.
17. ¿Lee a escritores españoles actuales?¿Quiénes le gustan?
Claro que sí. Pero se publica tanto que lo que uno lee es una mínima parte. La lista sería un poco interminable. Por ejemplo, el último libro que he leído ha sido «Otoños y otras luces», de Angel González.
18. ¿Le gusta al cine?¿Le gustaría ver alguno de sus libros convertido en guión?
Mucho. Me gustaría ver algún libro mío en el cine, pero casi prefiero de momento posponer la aventura. A veces, entre la literatura y el cine, hay grandes desencuentros.
19. ¿Qué musica le gusta?
Flamenco, me gusta Mozart, me gustan los boleros, el jazz, la música caribeña (buena), me gusta silbar…
20. Aparte de la económica ¿qué recompensa encuentra escribiendo?
Escribir es un pasión que se basta a sí misma, escribir una buena frase, un buen folio, un buen libro, es un placer que no tiene precio.
21. ¿Cuál diría que es la mayor dificultad de alguien que quiere publicar, teniendo talento?
Que su literatura no conecte con los gustos al uso, y que ningún editor se atreva a arriesgar. Pero si tiene talento y persiste en el intento, encontrará algún tipo de recompensa.
22. ¿Tiene algún secreto inconfesable?
Sí, pero es inconfesable.
23. ¿Qué consejo daría a un escritor que empieza?
Que cuide la salud, porque el camino es largo. Que no escuche a las sirenas del éxito y del dinero. Que sea incorruptible en su vocación. Todo eso, y que escriba mucho.
24. ¿Qué opina de aquella idea de García Márquez de destruir las actuales reglas del lenguaje?
Yo creo que el español tiene unas reglas muy sencillas. No creo que el lenguaje escrito tenga que ser exactamente igual que el hablado. En las diferencias, está nuestro pasado colectivo.
25. ¿Sobrevivirá la novela al siglo 21?
Si no la asesinan, sí. Y si la asesinan, siempre habrá una novela para contar el asesinato.
26. escribir virtuasamente y leer, leer siempre…¿qué más hace falta para ser escritor?
Paciencia, paciencia, paciencia… Y luego sentir y vivir intensamente el oficio.
27. ¿Es la escritura un exorcismo?
Es verdad que a veces uno no elige los temas, sino al revés. Uno tiene sus demonios, como sus obsesiones, y escribirlas de algún modo es exorcizarlas.
28. Luis, el jueves se cierra el ciclo Con otra mirada (Ángel González). Si te pasas será, como siempre, un placer. ¿Con qué mirada querrías que leyéramos tu obra?
Toda mirada debe singularizar el objeto que mira, como le ocurre al amante con la amada, así es como me gustaría que me leyeran a mí, con mirada apasionada y excluyente.
29. ¿Qué le hace seguir escribiendo?En el ciclo de narrativa del Círculo de Bellas Artes hemos comprobado que todos los narradores a su edad peinan canas. ¿Por qué usted no tiene ni una? ¿Son los juegos de la edad tardía los que le mantienen joven?¿Es que un mágico aprendiz le tiñe el pelo?¿ o es que a base de cuento no acaba usted de envejecer?
Gracias por el halago. ¿Qué más puedo decir? Intentaremos envejecer lo más despacio que podamos.
30. ¿Este libro lo ha publicado pensando en las ventas de la Feria del Libro de Madrid?
No se me había ocurrido pensarlo, para el próximo lo tendré en cuenta.
31. ¿Debe ser el escritor un ser comprometido?
Por supuesto que sí, pero no debe poner su arte al servicio de ninguna causa. La escritura es un territorio de libertad, y mantenerlo es la mejor contribución que un escritor puede hacer a la sociedad.
32. ¿Hay escritura basura?
Naturalmente que sí. ¿Alguien lo duda?
33. ¿Cree usted como Arrabal que la mejor novela escrita yace en algún vertedero?
No, no lo creo. No creo en manuscritos maravillosos escondidos en un cajón, pero ojalá los hubiera y algún día salieran a la luz. Otra cosa es que haya grandes novelas, publicadas y no atendidas debidamente por los lectores.
34. ¿Cuál es el tema o los temas centrales de la literatura para usted?
El viaje, la muerte, el amor, el deseo, el poder… se podrían enumerar diez o doce temas que contendrían más o menos todo lo que se ha escrito. Pero serían generalidades, y el literatura es el arte de lo singular.
35. ¿.D…ó…n…d…e ….e…s…t…á…n ….l…a…s ….a…l…m…a…s, …d…ó…n…d…e ….l…o…s ….c…o…r…a…z…o…n…e…s?
Pues en el fondo del mar, y en cada página que uno escribe, en cada paisaje que uno mira… Sin alma y sin corazón, no hay vida, ya lo dice el bolero.
36. Contínuamente se reiventa algo que ya existe, ¿qué es lo que usted trata de reinventar en sus novelas?
El germen de las historias que uno cuenta suele estar en algún lugar de la memoria. Lo que uno reinventa es, más que lo vivido, lo que la vida nos insinuó, lo que pudimos vivir y se frustró al final.
37. ¿Ha escrito cuentos?¿Dónde esta más a gusto en distancias cortas o en novelas?
Cuentos he escrito muy pocos, de momento me siento más a gusto en la novela pero me gustaría intentar algún día la narración corta. De todos modos, en mi último libro aparecen esas distancias cortas.
38. ¿Es más difícil escribir un buen cuento que una novela?
No se mide en términos de dificultad, pero hay un error bastante generalizado acerca de que el cuento es más fácil que la novela. Cada uno tiene su tono, su ritmo y a menudo la tarea del escritor es encontrarlos.
39. ¿Por qué considera que la palabra tiene tanta fuerza? ¿De dónde cree que proviene?
Fuerza, desde luego, tiene mucha. Nada más hay que ver cómo se pueden inventar patrias de papel. Su fuerza viene de que por un lado reflejan la realidad y, por otro, esa otra realidad que bulle dentro de nosotros. Después de la música, es la mejor arma expresiva que existe. No somos nada sin las palabras.
40. usted cuida mucho el adjetivo ¿pero la abundancia de adjetivos no enlentece demasiado la narración?
Bueno, vamos a ver: hay escritores que no usan adjetivos y tienen un lenguaje recargado, y otros barrocos que son ligeros… El adjetivo tiene que ser o parecer necesario. Yo, desde luego, desconfío mucho del adjetivo y, a la vez, no puedo vivir sin él. A veces lo que recarga y retarda no es tanto el adjetivo como la propia sintaxis.
41. A veces me da la sensación que se acaba riendo de sus personajes, como si no le fuera del todo posible tomárselos en serio ¿Qué opina?
A veces me río de ellos, en la medida en que me distancio de ellos o me hace gracia su conducta. Pero yo me los tomo muy en serio, en el buen sentido de la palabra.
42. Con sus juegos de la edad tardia aprendí a amar la lectura. Solo por eso, gracias
Mi mayor gratitud por tus palabras.
43. La anécdota de “Albacete” en la escuela la encuentro genial. ¿es autobiográfica?
Hay algo de verdad, lo demás es la sombra de la verdad, que es alargada como la del ciprés.
44. ¿Qué te parece el fenómeno Harry Potter: millones de niños con un libro de 600 páginas en las manos pidiendo a sus padres que bajen la televisión?
Yo no he leído nada de Harry Potter, pero lo que dices me parece muy alentador.
45. ¿Le parece ‘El dinosaurio' de Monterroso un buen cuento, o un timo? A mí, a pesar de que el relato hiperbreve suele entusiasmarme, ‘El dinosaurio' me parece una soberana birria
Es un cuento que se ha convertido en leyenda. Algunos creen que han leído a Monterroso por conocer el cuento del dinosaurio. Monterroso tiene buenos cuentos y, desde luego, el del dinosaurio no es ni mucho menos el mejor.
46. ¿hace falta tener fe, sentir,para escribir?
Sentir, sí, desde luego. Lo de la fe no lo entiendo bien. ¿Fe en uno mismo? Hay que luchar por no perderla.
47. ¿Tiene algún héroe particular, o alguna heroína?
Para mí el gran héroe es Don Quijote, porque no se cansa nunca de vivir, y esa es una lección que debemos todos aprender. Heroínas, Emma Bovary, Anna Karenina, Ana Ozores, muchísimas más.
48. ¿Cuál es la transformación que ha experimentado el Luis Landero de Caballeros de fortuna?
No sé a qué te refieres. En todo caso, sí es verdad que esa novela en algún momento la escribí bajo un exceso de responsabilidad. Es una sospecha, no una certeza. Por lo demás, sigo siendo el escritor de siempre, en lo esencial.
49. ¿Qué piensa de todo esto del plagio?
Que es una sinvergonzonería y que más de uno tenía que haber dimitido de su cargo por vergüenza torera.
50. usted seguro que no tiene ningun negro
Yo soy mi propio negro.
51. ¿Vive usted de la literatura?
Pues sí, porque soy profesor de literatura y escritor de libros literarios.
52. Soy un estudiante de filología, ¿q le enseñó la Uni?
Hice poca vida universitaria y aprendí pocas cosas de interés en esos años. Lo que sé de literatura me lo he gestionado yo solo, como lector, como escritor…
53. ¿Es consciente de ser el mejor ejemplo de que, escribiendo magníficamente (y sin mercadotecnia de por medio), se pueden lograr los premios más importantes y un alto número de ventas?
Creo que hay escritores que no valoran la calidad de un buen número de lectores que hay en nuestra sociedad. Además, un escritor no debe escribir para conseguir premios ni lectores, debe sólo escribir lo que él cree que debe escribir.
54. ¿Cree que con la madurez se adquiere calidad o por el contrario se puede perder?
Algunos la aumentan y otros pierden la energía y la frescura de la juventud, como los rockeros. Uno de los peores enemigos del escritor es la complacencia y la rutina, y a veces la madurez trae consigo el conformismo. A veces se escribe más por oficio que por vocación.
55. ¿Esta escribiendo ahora una nueva novela?
Estoy terminando una novela, que provisionalmente se llama «El guitarrista». Me quedan sólo 15 folios. Es decir, que en un par de años estará lista.
Hasta entonces, un abrazo.
ENTREVISTA Año 2.002
Revista Espéculo
LUIS LANDERO: "Cervantes es el arcángel del idioma español"
Por Santiago Velázquez Jordán
En el hotel Wellington de Madrid hay una calma primaveral muy gratificante. Traspasado el hall, Luis Landero espera en uno de los salones majestuosos del hotel, entre el sosiego de los camareros y las sinfonías de los altavoces. Landero acaba de publicar El guitarrista y lleva tres días embarcado en la promoción del libro. Ésta es la última de sus entrevistas y, a pesar de ello, se muestra afable y conversador. Nos cuenta alguna de sus anécdotas con los periodistas. Mejor no divulgarlas.
Luis Landero es autor de una de las obras maestras de los 90, Juegos de la edad tardía , novela que le reportó el Premio Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica. Es muy exigente consigo mismo y por eso publica cada muchos años. Sus otros libros son: Caballeros de Fortuna, El mágico aprendiz , Entre líneas: el cuento o la vida y El guitarrista . Ésta última narra la vida de Emilio, un joven que lleva una vida gris entre el taller mecánico en el que trabaja y la academia en la que estudia por las noches. La llegada de su primo Raimundo será un acicate para abandonar esa mediocridad y marchar por los caminos del arte (primero como guitarrista, luego como escritor).
-Usted ha comentado que El guitarrista es un yacimiento de experiencia, que es una novela muy vivida. ¿Qué diferencia hay con otras novelas anteriores?
-Todas las novelas tienen que ser vividas, lo que pasa es que hay estratos de experiencias más profundos, más evidentes y más próximos. En esta novela hay experiencias muy inmediatas, que yo he vivido de cerca. Lo cual no significa que en Juegos de la edad tardía no haya un sustrato y una vivencia personal, pero a través de un camino simbólico, a través de sugerencias. En El guitarrista viví cosas que son ciertas y las cuento objetivamente, por lo menos en el arranque.
-¿Siempre parte de sus experiencias para escribir?
-Claro, pero lo que uno vive es lo que uno lee, ve, experimenta, oye, es aquello que uno soñó, aquello que a uno le contaron, lo que uno imaginó o entrevió. Todo eso es vida. La imaginación ayuda al observador, complementa.
-¿Hay menos elementos imaginativos en El guitarrista que en novelas anteriores?
-Pues no sabría hacer un diagnóstico sobre la cantidad de imaginación que hay en mis novelas, pero aquí el planteamiento es muy imaginario, una novela escrita cerca del corazón. Es muy complicado, porque El guitarrista es más cercana. Pero bueno, todo es cercano, todo parte de la experiencia de uno. El escritor es alguien que va llenando sus alforjas a lo largo del camino y que va recogiendo materiales. Cuando se pone a escribir todo eso sale, y a veces cosas que uno escribe y piensa que son gratuitas, en el fondo son experiencias muy profundas.
-Usted ha comentado en alguna ocasión que "antes de escribir es importante vivir". ¿Es eso necesario para ser escritor?
-Inevitablemente, sí. Pero entendiendo por vivir, observar. Para vivir hay que observar, hay que estar abierto a todo, no hace falta irse lejos. Vivir no es necesariamente correr aventuras, visitar otros países, conocer otras gentes. Es visitar el barrio, saber mirar, fijando la mirada, imaginando, completando la vida de los demás. A veces, como decía Ortega y Gasset, la originalidad no está más allá, sino más acá. Todos somos intransferibles, únicos, como nuestras huellas dactilares, nuestra cara, en esa medida todos tenemos una historia que contar, todos tenemos un mundo muy personal, pero ese mundo hay que trabajárselo, hay que educar el buen gusto, la mirada, la sensibilidad, y aprender a mirar el mundo desde tu ángulo perceptivo y sentimental. Pero vivir no en el sentido romántico del término...
-Sí, claro, parece que hay una idea falsa del escritor como alguien bohemio que viaja constantemente y conoce personajes de todo tipo...
-...efectivamente, es una idea romántica del escritor, que ha arraigado de un modo bobalicón. Es un romanticismo mal entendido. Hay escritores como Virgilio que habla del mar mejor que nadie y apenas lo vio. O autores como Kafka o Proust, que no salieron casi de sus ciudades. Todo está dentro de uno. Hay que saber exprimir el jugo a la química que se produce entre lo externo y lo interno. Incluso yo iría más lejos: hay quien lee libros de un modo más vital que otros que viven experiencias directas y reales. Hay quien puede leer un manual de viajes a la Patagonia, e imaginarse y ver todo mejor que quien va a la Patagonia de verdad. A veces, asumir libros de un modo vital es llenar las alforjas.
-Eso depende de la sensibilidad.
-Sí, y de conectar también la lectura con tus experiencias, con tus sueños, nunca se lee en frío. Cuando uno lee se apodera, se adueña de las vidas ajenas para hacerlas propias.
-Hemos citado a Kafka. Es fácil conectar el mundo de usted con el del autor de Praga. ¿Qué hay de Kafka en su obra?
-Kafka es un referente inevitable. Mi visión del mundo no coincide plenamente con la suya, pero sí que es cierto que Kafka me ha ayudado a aquilatarla mejor, a matizarla mejor, a reconducirla, a encauzarla. En definitiva, lo que cuenta Kafka es lo que cuentan muchos escritores. Todos soñamos, y todos tenemos un conflicto entre lo que soñamos y lo que nos gustaría ser, entre la realidad y los deseos. La condición humana depende mucho de esa relación entre lo que tú aspiras a ser y lo que realmente eres.
-¿Cómo se puede superar ese "quiero y no puedo" que afecta a tantísima gente?
-Eso es insoluble, el hombre es así, no tiene fácil solución. Hay que vivirlo, forma parte del juego de la vida. Se puede salir a través del ensueño. Hay mitos en la actitud humana: la torre de Babel, el mito de Ícaro, Prometeo, Sísifo, todo eso forma parte de nosotros. Es duro llegar a una edad canónica de tu vida y ver que no has cumplido tus sueños. Pero lo peor de todo no es eso, sino no haber intentado cumplirlos. Quien lo intenta, quien se arriesga, vive. Lo peor es no haberse atrevido.
-Cuando era joven, ¿se imaginó que llegaría a ser un escritor reconocido y admirado?
-No, no. Lo que yo sí tenía muy claro es que yo quería ser escritor. Bueno, concretamente, poeta, quería ser poeta. Escribí mis primeros versos con catorce o quince años. Es más, no concebía ser escritor sino poeta.
-No en vano, dicen que la poesía es la madre de todos los géneros.
-Yo creo que sí, la verdad. Nada afina más la sensibilidad que la poesía. A todos aquellos que quieran ser escritores yo les aconsejo que lean mucha poesía, porque enseña la síntesis del lenguaje, afina los sentidos, educa la sensibilidad, condensa las imágenes.
-Hace poco, en un artículo de El Cultural , Francisco Umbral decía que los jóvenes escritores escriben sin metáforas, y que así les va.
-Puede ser verdad, no lo sé. De toda la vida, la poesía era fundamental en la formación de un escritor. Ha habido un momento en que se ha prescindido de la poesía en la formación de un escritor y se ha sustituido a veces por el cine.
-Usted es profesor de Literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid. ¿Cómo se puede enseñar a la gente joven a que aprecie la literatura en institutos, universidades, etc.?
-Buf. Eso es muy complicado, sobre todo por cómo está la enseñanza pública, cómo están los institutos, la sociedad. Yo tengo alumnos privilegiados, puesto que no hay que convencerlos, ya están convertidos. Hay que pensar que nadie enseña literatura, son los autores los que la enseñan: Cervantes, Valle-Inclán, Hemingway. El profesor es un anfitrión, un presentador. Son experiencias que se trasmiten a través de la pasión. Es muy difícil convencer lógica o racionalmente a alguien de que lea poesía. Es una experiencia compartida, incomunicable. Es como el soneto de Lope, "quien lo probó, lo sabe". Si alguien no ha estado enamorado, cómo explicarle qué es eso. La literatura no hay que enseñarla, hay que invitar a participar de una pasión, es abrir o indicar caminos. Indicar el camino que va hasta Shakespeare y que sea Shakespeare el que enseñe.
-Hablando de poesía, ¿cuáles son sus poetas predilectos?
-Antonio Machado, sin duda. Juan Ramón Jiménez, César Vallejo, Pablo Neruda, Lorca. En la literatura de lengua española, incluida la latinoamericana, tenemos la mejor poesía de la primera mitad del siglo XX, y en la segunda mitad tenemos la mejor novela. El lenguaje que mantienen novela y sociedad es fundamental. A veces, se escribe lo que la sociedad exige o pide, las inquietudes de la sociedad es lo que da el novelista. Si hay una novela nada brillante es porque no hay una sociedad brillante. Esas cosas van unidas. Yo no veo que en nuestra sociedad haya desasosiego, inquietud, puede ser que en algún momento aflore, pero yo no lo veo. La novela anda desconcertada en busca de un referente.
-Es curioso esto que dice, porque el ganador del Premio Alfaguara, Tomás Eloy Martínez, y la finalista del Planeta, Marcelo Serrano, ambos latinoamericanos, abogaron en su día por una literatura comprometida social y políticamente. Aquí, en España, parece que vamos por otros derroteros, ¿no?
-Es la diferencia entre lo que se llama primer y tercer mundo, entre la sociedad del bienestar y la emergente. En la sociedad de bienestar se han cumplido ciertos objetivos, se ha llegado a un consenso de satisfacción social, hay un cansancio político, histórico y social.
-En ese caso, ¿cabe el compromiso del escritor con la sociedad?
-Sí, siempre cabe. No me imagino un libro que no sea rebelde, que no remueva creencias e ideas, que no signifique una revolución. Hay que ir más allá del puro entretenimiento, por lo menos si es un libro que aspira a ser literatura, cultura. Tampoco sé hasta qué punto asocian en Latinoamérica la literatura con el compromiso. Me imagino que habrá de todo. Siempre hay un diálogo vivo entre literatura y sociedad. Sólo tienes que ver la Generación del 98, y cómo refleja el tiempo en que viven sus autores.
-Usted ganó el Premio Nacional y el Premio de la Crítica con su novela Juegos de la edad tardía . ¿Influyó esto en su carrera?
-Al principio sí, me costó superar la experiencia del éxito, la experiencia de que se fijen en ti, de que todos esperen lo que vas a escribir, sentirte juzgado y vigilado. Eso me influyó, y eso siempre es malo. Una cosa fantástica de la literatura es que te aisla de la realidad, pero a la vez te comunica secretamente con ella. Creo que, aún así, en la segunda novela esa presión no estuvo presente. Y con El guitarrista , ni siquiera existió. La literatura te aísla del desasosiego. El éxito no contribuye para nada en la formación de una persona. El éxito puede halagar la vanidad, puede crear seguridad (aunque esto lo dudo). Es bueno, pero no es esencial.
-He leído que de Caballeros de Fortuna no está muy contento, ¿es cierto?
-Bueno, nunca estoy contento con lo que escribo. Estoy contento al principio, pero luego veo que no me gusta, y que en la siguiente novela daré el do de pecho.
-Y de El guitarrista , ¿está contento?
-Sí. Claro, que lo puedo decir ahora, pues la he acabado recientemente. Las novelas las vivo intensamente y me las aprendo de memoria, pero una vez que las publico me olvido por completo de ellas. Un ejemplo: mi traductora al francés estuvo hace poco en Madrid para consultarme dudas de El mágico aprendiz . Comenzó a plantearme dudas y descubrí que no me acordaba de nada.
-¿Cuánto ha tardado en escribir El guitarrista ?
-Dos años y medio o tres. Entre maduración y escritura. Madurar es importante. Aunque parezca que no haces nada, estás haciendo mucho. Fermentar las ideas al margen de la razón es muy bueno. Incluso los días en que no te sale nada, no se pierden. Es importante forcejear y luchar con el lenguaje.
-¿Es cierto que ha eliminado todo lo que le sonaba a literatura?
-Sí, he suprimido todo aquello que sonaba a impostado, a preciosismo. En eso, estéticamente he ido evolucionando. Tengo cierta tendencia al barroco, a la exuberancia. Se puede ser sincero y exuberante, como se puede ser sencillo y ser falso. Ser exuberante no es malo. Pero yo he ido puliendo. Esta historia me ha pedido otro tono más depurado, más sencillo, más cercano al lenguaje oral. De esa manera, he cumplido uno de mis ideales estéticos: escribir en un lenguaje que no se note. Es como los actores de Hitchcock, que no se notan, que pasan desapercibidos, que el actor no se note, tipos como Cary Grant o James Stewart.
-Todas sus novelas están perfectamente construidas. ¿Parte de alguna planificación antes de ponerse a escribir?
-Sí. Soy incapaz de escribir sin una estructura previa. Lo cual no quiere decir que los elementos de esa estructura sean inamovibles. Al contrario, la estructura es una garantía para no perderte, para no ir por galerías colaterales. Una vez que te pones a escribir es cuando empiezas a conocer a fondo la historia. En función de eso, la estructura puede modificarse. La historia la tengo muy clara, así como los personajes, los nudos, etc. Eso no es bueno ni malo, es un método, una forma. También tengo mi espacio de libertad, porque la literatura es un mundo imprevisible. En este sentido, se trafica con una idea romanticoide de que si planeas la novela, la estás abortando. ¡Qué tontería!
-¿Cuáles son los autores que más le han marcado, los que han sido referencia en su obra?
-Muchísimos. Sobre todo, los clásicos españoles, porque me permiten ver hasta qué punto nuestro idioma está muy vivo, lleno de vida y de frescura. Vivimos en una sociedad donde el lenguaje estándar es el de todos, un lenguaje sin vida, que dice poco, que es correcto pero que no dice nada, es de pulso débil. Cuando uno va a los clásicos recupera la frescura. Es necesario leer a los clásicos. Además, eso te ayuda a refrescar tu lenguaje, sin necesidad de caer en un lenguaje anacrónico y antiguo, claro.
-De los autores clásicos, ¿a quién prefiere?
-A Cervantes, porque está por encima de toda duda. El idioma se ha encarnado en él, es el arcángel del idioma español. En la época de Cervantes se escribe muy bien: es una época en que el lenguaje oral y el escrito alcanzan un equilibrio asombroso. El “escribo como hablo” de Juan de Valdés se cumple perfectamente en Cervantes. Es el equilibrio perfecto entre la espontaneidad del lenguaje hablado y la sofisticación del escrito. Cosa que hoy en día, no ocurre, pues el lenguaje hablado de hoy es penoso.
-Alguien ha dicho que la “Enciclopedia del Género Humano” que aparece en El guitarrista es muy borgiana. ¿Es cierto?
-Bueno, no del todo. Eso es un referente fácil. Borges sirve para un roto y para un descosido, sirve para todo. Es como los sabios chinos. No, no se me pasó Borges por la cabeza. Esa idea salió de los diarios que yo escribo. En ellos, recojo la vida de todo lo que me rodea, de la gente que conozco y que veo, y ahí me surgió la idea. Achacar eso a Borges es de una sofisticación vulgar.
-Voy a pecar de sofisticado vulgar, pero hay una parte del libro que me recordó a “Un sueño realizado” de Onetti, aquella del Holandés que dice...
-Ah, qué gran cuento, qué maravilloso. Sí, y pensé en él. Yo conocí al Holandés que aparece en la novela, un tipo que cantaba "Granada" y que en la última octava callaba porque había una broma convenida en la que alguien tiraba una bandeja. Con “Un sueño realizado” de Onetti ocurre igual, es crear un teatro en torno a un sueño lejano, del que sólo queda un coche que pasa, una calle, alguien que pasa. No es que esté inspirado en el cuento de Onetti, pero sí que lo tuve presente. Onetti es un autor de referencia para mí, no sólo por su estilo sino por sus temas. Yo he tenido una etapa onettiana, como he tenido etapas en que imitaba a otros autores. Lo cual no me parece mal. Como aprendizaje para escribir está muy bien, te permite identificarte con un autor y escribir a su modo, aprendes técnicas, manejos propios del lenguaje, giros, recursos, etc. El mundo balbuciente del principio, cuando estás aprendiendo a escribir, se puede perfilar con esos modelos. Es ver tu propio mundo con el molde de un maestro. Claro, no hay que quedarse ahí, sino buscar tu propio camino.
© Santiago Velázquez Jordán 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios . Universidad Complutense de Madrid
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