| Tras alzarse con el Premio Príncipe de Asturias de las letras que le fue entregado el pasado Octubre en Oviedo, Nélida Piñón presenta su nueva novela en castellano, Voces del desierto (Alfaguara), donde recupera el mito de Sherezade. Desde su casa en Río de Janeiro nos habla días antes de dicha entrega de su literatura, su país y su compromiso con los derechos humanos, especialmente los de la mujer.
Pregunta.- Después de numerosos premios, ¿de qué modo encaja el Príncipe de Asturias de las Letras?...
Respuesta.- El premio Príncipe de Asturias me confirmó que puedo valorar mi oficio de escritora. Asimismo me valió la estima de mis colegas y la generosidad de amigos y desconocidos.
P.- Dicen que gasta una sonrisa a prueba de todo obstáculo....
R.- No es algo que haga deliberadamente. Soy vulnerable frente a la vida pero me confieso enamorada de su misterio. Me esfuerzo por ser tolerante, compasiva, e intento pasar revista a los crímenes diarios que cada cual comete en medio de la arrogancia y los sentimientos desmedidos.
P.- ¿Podría hacer un retrato del lugar donde escribe?
R.- Antes me resultaba imprescindible contar con un escenario estimulante para escribir. Ahora escribo en los hoteles, en los aviones, monto mi escritorio de superviviente en cualquier lugar. Por eso cuando estoy en casa me enfrento a la dura tarea de escribir sin fantasías literarias, aunque intento adoptar un talante fuerte. No me gusta llegar debilitada a las palabras, pues en últimas voy a lidiar una batalla, amorosa y bélica a la vez, con la palabra. La música está siempre presente hasta el punto de olvidar lo que escucho. Sólo trabajo con material de óptima calidad. No bebo nada, ni siquiera un café. Tampoco fumo. Puedo crear tanto a mano como en el ordenador portátil que me acompaña por el mundo. Comienzo a producir por la mañana y, dado que la creación me apasiona, no suelo terminar a una hora determinada. Desde mi escritorio tengo una vista fascinante: las montañas y la Laguna Rodrigues de Freitas y cuando necesito imprimir arrebato a cierta escena consulto mis entrañas y mis emociones, me exprimo, escucho los Impromptus de Schubert o algún intérprete vocal que me haga sentir permeable.
P.- Todo escritor se siente influido por Shakespeare o Cervantes, ¿qué débitos literarios tiene?
R.- Les debo todo a todos. Anónimos y célebres. Amo la oralidad dispersa por el mundo. Estoy siempre en deuda con la inteligencia, con la astucia humana, con el mundo visible e invisible. Soy, por lo tanto, una lectora voraz e indisciplinada, agarro lo que alimenta mi imaginación, lo que expande mis horizontes. Desde luego, tengo una deuda eterna con Cervantes, Shakespeare, sin olvidar a Homero, que estuvo precedido por la épica que enseñó al universo arcaico a narrar con afiladas garras.
P.- En este año de centenario, es obligado preguntarle: ¿se siente más Quijote o más Sancho?
R.- Soy Quijote cuando caigo presa de la ilusión, cuando atribuyo al absurdo una situación asfixiante, cuando pretendo ir más allá de mi pobre y triste figura. Soy Sancho cuando acato la miseria de lo cotidiano, cuando me inclino ante la ruina, cuando soy proveedora de alimentos y de acciones concretas, cuando tolero nuestros fracasos. No es posible ser uno de ellos todo el tiempo. Es más, también somos los demás personajes que circulan a la orilla del deslumbrante océano que es el Quijote.
P.- Uno es un ser de la escritura todo el tiempo –ha dicho- . No hay esquizofrenia entre el escritor y la persona ... ¿Qué significa ser una escritora las 24 horas?
R.- Registro en cuadernos lo que sé y lo que intuyo, pero de vez en cuando me levanto en plena noche para escribir. Decir que soy escritora de tiempo completo significa que mi repertorio, humano y literario, emana de la mujer y de la escritora de modo indiscernible. En realidad sueño con tener una mirada de 360 grados, como la del camaleón y ser capaz de registrar lo espurio que ilumina el texto.
P.- Mi madre antes de morir, me dijo: Hija, estoy contenta con tus caminos. Pero no hablo de la profesional, si no del ser humano. Cada vez eres más compasiva...
R.- Mi madre, Carmen, un ser excepcional, me señaló el camino de la generosidad y el desprendimiento. No sé si puedo seguir su ejemplo y su inteligencia. Me conmueve pensar que el amor, la compasión, tanto para uno mismo como para el prójimo, son aspiraciones que justifican una vida. Y el artista debería asomarse a esa dimensión de la miseria y la misericordia que circunda al ser humano como parte del proceso de aprendizaje de su arte.
P.- A uno le alegra colmar las expectativas de sus padres...¿se siente feliz por haber escuchado a su madre esa declaración de orgullo hacia los derroteros de su vida?
R.- En los últimos años de su vida, mi madre me preparó para el hecho de perderla y yo acepté verla partir. Sus confesiones finales pretendían ampararme, fortalecerme. Así, ella confesó que siempre había percibido mis esfuerzos por hacer sentir a toda la familia orgullosa, como prueba de gratitud. Entonces me dijo que su amor por mí prescindía de pruebas, que no había deuda alguna entre nosotras, y que, en caso de que existiera una escala de valores semejante entre quienes se aman, yo le había dado más de lo que jamás había soñado recibir de una hija. Este último mensaje me hizo feliz. Soy una mujer que da prioridad a la intensidad de los afectos.
P.- ¿Hablaban español en casa, se comía gastronomía gallega, tenían morriña...?
R.- Hablábamos portugués, aunque a veces algunas palabras gallegas o españolas afloraban de repente para incendiar mi imaginación. Desde pequeña entendí que era heredera de dos culturas. En casa comíamos pulpo, ese extraño animal de ocho patas, mientras mis amigos comían frijoles negros. Por otro lado captaba en la abuela Amada, casi siempre vestida de seda, unos suspiros venidos de lejos, cosas que insinuaban que parte de su corazón se había quedado anclado fuera del Brasil.
P.- Dice “que intenta pensar el mundo”... A rasgos generales, ¿cómo lo ve?
R.- A pesar de haber prosperado en muchos aspectos, aún somos víctimas de sentimientos enfermizos e insensatos. La civilización es vulnerable, sucumbe sistemáticamente a la crueldad, al genocidio, a los estupros, al hambre, la injusticia, la intolerancia, al fundamentalismo. Es preciso detener el avance de la barbarie, que es carnívora y está siempre al acecho.
P.- La realidad Brasileña, la más inmediata a usted, ¿cómo la percibe?
R.- La realidad brasileña es fecunda, rica, difícil, provocadora, contradictoria. En su territorio circulan maravillas, injusticias, porciones que intentamos extirpar en el curso de nuestro perfeccionamiento cívico. Al final la grandeza de un pueblo se va forjando a lo largo de una trayectoria pedregosa. Amo profundamente el Brasil y a su pueblo. Hay en nosotros una jovialidad y una alegría ante la adversidad que me parecen admirables. Son virtudes bastante arraigadas que, creo yo, podrían ayudar a los hemisferios victoriosos a relativizar el drama, a carnavalizar la realidad.
P.- Desde fuera, se percibe una división política. Por un lado, los esperanzados en Lula y, por otro, los desencantados.... ¿A cuáles de ellos pertenece usted?
R.- Mi desencanto es antiguo. Con Brasil y con el mundo. Constato la ausencia de líderes con espíritu republicano y gran capacidad de decisión. La clase política de nuestros tiempos institucionalizó la incultura y demuestra una apabullante indiferencia respecto a las causas populares. En el ejercicio de la arrogancia el corazón de los hombres es como Cartago, cuya superficie fue revestida de sal después de su destrucción. Dada esa condición, temo que en muchas partes del mundo prospere la creencia en la ineficacia de la democracia, como un régimen incapaz de dar solución a los dramas humanos. Esa temible convicción nos cubriría de oprobio.
P.- ¿Cómo se conjuga eso de ser Académica en un país, en el que el porcentaje de analfabetismo sigue siendo tan alto?
R.- Si los escritores o los académicos de los países en vía de desarrollo estuvieran a la espera de tiempos propicios para el ejercicio cultural o para la producción de sus libros, ¿qué leerían sus pueblos una vez rescatados de la miseria? ¿Acaso escritores extranjeros? Esa mentalidad depresiva terminaría por privar a la cultura de un país de su propia cultura.
P.- En Brasil, como en todas partes, hay muchos tópicos. Desde fuera siente que el espíritu nacional lo mueve el balón, ... ¿se ve usted como “una minoría ética” dentro de su país?
R.- El fútbol es una pasión nacional, el fugaz pretexto para ser feliz. Sólo lamento que el deporte canalice todos los recursos de la ilusión, en detrimento de otros placeres, de la práctica de un espíritu crítico, por ejemplo. De ningún modo me siento parte de una minoría ética.
P.- Por curiosidad, ¿le gusta el fútbol?
R.- No mucho. Sigo, no obstante, la figura de ciertos jugadores que, sintiéndose Midas modernos, aceptan convertirse en objetos de culto. Sólo les falta que el Vaticano los entronice.
P.- Firme defensora de los derechos humanos, especialmente de los de la mujer... ¿en qué modos tangibles utiliza su pluma a favor de los desfavorecidos?
R.- No me veo como una justiciera, ni hago de la palabra un sable ideológico. Soy, eso sí, una conciencia que no se distrae, que rectifica sus pasos y aspira a perfeccionarse. Siempre que puedo comprometo mi ser, la pluma que anota los enredos humanos.
P.- Miembro de la Academia Brasileña de las Letras, y presidió esta institución durante un año convirtiéndose en la primera mujer que ocupaba ese cargo en sus cien años de historia y la primera mujer en todo el mundo en presidir una academia literaria nacional. ¿Qué opina de la discriminación positiva, los gobiernos en paridad? ... ¿no será otra forma de discriminarnos?
R.- Es una tentación aceptar la paridad que acelera el proceso de absorción de la mujer en los ámbitos del poder, mientras ésta fija su presencia intelectual y física en el horizonte visual de las personas. Conviene recordar que la mujer –y por ende, la mitad de la población mundial- es la porción invisible del proyecto humano.
P.- ¿C uál es exactamente el papel que ocupa la mujer en Brasil, dada la mezcla de razas, culturas... ¿hay un estatus diferente, en función de lo “oscura” que sea la piel?
R.- La mujer es discriminada en todos los rincones de la tierra. Si no tienes corbata no defines el rumbo de la sociedad, te falta poder. En Brasil o en Inglaterra la mujer blanca, culta, con un pedigree razonable, prospera mediante ciertos acuerdos. La mujer negra, analfabeta antes que nada, debe enfrentar la pobreza y la falta de perspectivas.
P.- Dice ser una persona con un sentido intenso "de lo carnal", que "ama la vida" y que no se deja "derrotar". En un mundo eternamente “deprimido”, usted es una rara especie.
R.- Hacer apología de la alegría irresponsable sería un claro síntoma de locura. Pero me resisto a asumir la postura de quien defiende la absoluta inadaptabilidad en la tierra como prueba de refinamiento intelectual. Desde niña me fascina la frase de Albert Camus: “con tanto sol en el alma, cómo pude apostar por el absurdo”.
P.- Nunca se ha desvinculado del todo del periodismo...¿por qué motivo?
R.- El periodismo fue fundamental en mi formación. Me proporcionó una deconstrucción mental que me libró del peligro de almacenar la vida con excesivo rigor. Leo los periódicos como si estuviera cazando caprichosas mariposas en un bosque.
P.- En su próxima novela, “Voces del desierto” (Alfaguara), se introduce en el mundo de Sherezada ... ¿supone cantar la historia de la liberación del mundo a través de la imaginación?
R.- Durante cinco años conviví con los abássidas, en la Bagdad del siglo X. En este enclave fascinante rodeado de sólidas murallas, nace Voces del Desierto , un escenario donde confluyen miserias, maravillas, devaneos, pasiones exacerbadas, el saber de la época, el sentido de la aventura. Es cono ese repertorio fascinante que Scherezada, la protagonista, sujeta a la ambigüedad femenina y a la tiranía, se enfrenta al Califa y le impone una realidad capaz de hechizar al soberano, pese a su odio por las mujeres. Vinculados a Medio Oriente, al universo del desierto, a las caravanas, a la vida nómada que no respeta fronteras políticas, Scherezada, uno de los mitos del saber narrativo, arrastra consigo en cada viaje un conjunto de historias, de mentiras, de convicciones que hacen parte del frontispicio árabe y de la humanidad entera.
P.- ¿Qué música forma parte de la banda sonora de su vida?
R.- Amo sobre todo a los clásicos. La ópera me exalta, aunque me gusta muchos el repertorio popular brasileño y en especial el fado, el flamenco. En fin, todo aquello que me arranca de mí misma, aunque al final no me salve.
P.- ¿Y sus películas imprescindibles....?
R.- Me fascinan los westerns de John Ford porque me evocan las tragedias griegas: la planicie desolada, el caballero solitario que mastica un trozo de carne reseca, consciente de que su muerte está cerca y no cuenta con nadie que le estreche la mano en señal de despedida.
P.- ¿Cómo se siente cuando viaja a Galicia, come “ pulpo a feira ”, bebe ribeiro y abraza al Santo en la Catedral de Santiago.....?
R.- No le temo a la caricatura siempre y cuando me haga feliz. Cuando estoy en Galicia tengo el inefable placer de reproducir recuerdos y actualizarlos, de traer de vuelta a la vida a muchos familiares y amigos que ya se fueron, de divertirme con un humor que también es mío. Río, ironizo, me emociono. Pongo a prueba mi modernidad brasileña en esas tierras antiguas que tanto amo. Nada de aquel territorio me resulta extraño. Digo en voz baja: si no te descifro me desintegro.
P.- Susan Sontag –antecesora en el premio- puso su pluma a disposición de la antiglobalización. ¿qué postura tiene usted al respecto?
R.- Roma globalizó el mundo conocido, los portugueses navegaron los mares orientales, los ingleses colonizaron etnias, los americanos rectificaron fronteras con el pretexto de la democracia. Todos quieren gobernar el espectáculo de la tierra sin abdicar del trono y las llaves del tesoro. Los gobiernos se someten a los intereses de las transnacionales mientras la ciudadanía y las identidades pierden fuerza en medio de estas sofisticadas operaciones. Apenas nos enteramos de la mitad de lo que ocurre y sólo cuando ya es demasiado tarde para reparar los estragos. Ambos conceptos están separados por el filo de la navaja, y en tanto la globalización aporte riqueza a nuestras casas cerraremos los ojos y relativizaremos nuestro idealismo.
P.- Sabemos poco de usted, salvo de sus raíces españolas.... ¿Cómo es un día normal en su vida?
R.- No tengo tantos días normales. A veces sospecho que vivo varias vidas en una. Viajo, leo, escribo, pienso, reverencio los afectos, el amor, los paisajes. En la intimidad disfruto de los placeres simples y de los efímeros también. Recibo a mis amigos, organizo mi casa de modo que sea el lugar de la libertad y no el de la exclusión. Aprecio la buena mesa, la conversación, los sentimientos intensos que se manifiestan al abrigo de la casa. Disfruto de las mil revelaciones que la vida me ofrece. |