Sumario. Polémica.
 

Una vez más

 

Premios literarios

 
   

En La Polémica de este mes una vez más el asunto de los premios literarios. Sería muy fácil echar toda la culpa de lo que son los premios en España al último de ellos, nos referimos al que otorga el Grupo Planeta. Se asegura que el premio se pacta de antemano con un autor que pueda amortizar los 601 mil euros, o al menos se aproxime hacerlo. Hay que vender muchos libros para que esto ocurra. La realidad es que para la editorial supone una campaña de publicidad gratuita en todos los medios que se hacen eco de la información. Quizás las casi dos millones de entradas que tiene cuando ponemos en el buscador las palabras "premio planeta", nos da una idea del fenómeno del que estamos hablando.

Planeta no sólo vende libros, es un grupo multimedia que tiene muchas otras actividades, el premio sólo es la punta del iceberg de la empresa catalana que soporta ediciones de libros que poca gente conoce, sellos que no son tan rentables ni tan señeros, autores que han publicado sin mucha suerte. El Grupo también ha tenido inversiones fallidas como el sitio web veintinueve.com o Temalia o el proyecto de un aparato llamado Prodigio que sólo valía para utilizar Internet. Ese riesgo empresarial también lo corrió la misma casa que ahora es criticada por dar un premio gordo a una obra que hasta que salga publicada no sabemos si funcionará en las estanterías.

Podríamos traer ahora una reciente sentencia de Argentina, donde un candidato interpuso una denuncia contra la organización del premio y ésta ha sido reconocida por un juez. Vender es un objetivo, pero también tener proyección pública, aunque en ocasiones esta promoción venga acompañada de cierto escándalo. Siendo realistas, esta polémica sólo interesa en algunos medios especializados, a la crítica y a los escritores. El lector de calle, no entra ni se entera, oye referencias pero nada más. En cuanto salgan los dos libros tendrán de nuevo un éxito de ventas porque el suelo comprador que tiene el premio es amplio y llega a donde tiene que llegar, a los lectores poco exigentes - o mejor dicho quiénes somos nosotros para hablar de exigencias, si a veces publicamos textos que no están al nivel de nuestros lectores en nuestros medios - de escritura de consumo.

La verdadera literatura se hace en otros sitios y no tenemos por qué avergonzarnos cuando un autor se lleva a casa tan suculento chuletón. Quien quiere se informa -como en esta vida-, busca en sus librerías de referencia, sus editoriales favoritas y en sus sitios web otras cosas. Antes los premios eran una referencia, ahora sabemos que son otro mecanismo de venta en la cuenta de resultados de la editorial. Están contemplados en el plan de marketing de las empresas cada año.

También es bastante hipócrita sólo acusar a Planeta de lo que hace. Todos conocemos cómo se gestionan los premios literarios de empresa privadas que buscan la mayor rentabilidad en sus inversiones en este país. El libro no es un bien cultural, es un producto de consumo, ojala lo fuera de masas. Lo hemos hecho entre todos, por hiperinflación de títulos, por masificación de temáticas, por la rentabilidad fácil, por la cantidad de gente que escribe y quiere publicar o se autopublica, por el fenómeno de las editoriales que nacen del ámbito de lo público y que no tienen parangón en Europa, por el precio -que viene- del libro, incluso por los vaivenes de los lectores, que muy bien podemos llamar mercado. Está claro que el lector también está confundido.

Premios de novelas hay muchos y también el Primavera tiene sus cosas, como el de Torrevieja y el Alfaguara o el de los editores...por no hablar de los de poesía. Hace apenas unos meses publicamos un reportaje de investigación sobre este tema, se llamaba Premio S.O.S, en él buceamos sobre las causas y las razones, entrevistamos, citamos cuadros de cantidades y autores que sólo se dedican a ganar premios. Traemos de nuevo a esta Polémica el artículo señalado para volver a leer lo que allí decíamos o mejor dicho nos decían.

Si el premio Planeta desapareciera, podríamos decir que estamos locos por cerrar una salida editorial a un escritor o por la de cerrar la puerta a lectores que con su buena fe se dejan aconsejar por el marchamo de que ese libro ha sido premiado.

Como bien apuntó el escritor, una cosa es literatura y otra el ambiente literario. Pero parece que en tiempos de confusión y de nuevos replanteamientos editoriales, todos van corriendo detrás de lo mismo, del pelotavinci. Hemos criticado la cultura del pelotazo cuando una inversión o un negocio daba dividendos extraordinarios, la impresión ahora es que todas las editoriales, sobre todo los grupos que soportan grandes gastos, buscan esa salida que de dinero a sus proyectos. Otros hacen lo contrario, se consolidan a base de un catálogo que resista las embestidas del vaivén del mercado, cultivando un fondo, un caladero dónde poder seguir recogiendo cuando las cosas vayan mal. Es una definición editorial tan válida como cualquier otra.

La pregunta es, ¿Que querrán leer los nuevos lectores que se incorporen cuando tenga poder adquisitivo?

La edición era un negocio romántico hasta que las ventas lo sustituyeron por un negocio fantástico, pero no todos ven y viven la edición de igual manera, igual que no todo el público lee y compra de la misma forma.

Seria injusto cargar las tintas sobre la moralidad del premio Planeta solamente, aunque bien es cierto que al ser el más cuantioso e internacional es el que más repercusión tiene. Muchos premios en nuestro país tienen ese defecto de moral y se otorgan desde las mesas de los restaurantes. Creo que rasgarse las vestiduras es un acto de hipocresía. Todos sabemos que los Reyes Magos no existen.

PremioS.O.S

Literaturas.com