Sumario. Memoria
 

Cicatrices: deslizamientos en la obra de Juan José Saer

 

Pablo Dorfman

 
   

Pablo Dorfman, Periodista recibido en la Universidad TEA en el año 2003 Finalizando la Licenciatura en Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Durante 2002 y 2003 formé parte del equipo de investigación del reconocido periodista Miguel Bonasso para su libro “El Palacio y la Calle”. Fui colaborador regular junto a Bonasso en notas publicadas en el diario Página/ 12 en esos años. Publiqué mi primer libro “Bernasconi tiempo después” en 2004. Es una obra de investigación periodística sobre un caso de narcotráfico (consultas en amazon.com y tematika.com). Actualmente escribiendo mi segundo libro “Los tabúes del Sexo hoy, Ciencia y Humor”, con la participación de reconocidos personajes argentinos del campo cultural y del espectáculo. Asimismo, publico reseñas literarias para una revista universitaria: escribí sobre Carver, Pessoa, Coetzee, Bolaño , Bayly y Arenas, entre otros.

Desde su primer obra publicada en 1960 por una pequeña editorial santafecina hasta sus últimos días en un hospital francés, Saer escribió para un pequeño grupo de amigos y lectores que admiraban su obra.

Es, - si se permite la expresión-, un escritor marginal no al estilo Henry Miller o “generación Beat”, sino un insistente experimentador en el campo literario, afianzado a premisas que no se modificaron en más de 35 años de intensa producción que abarcaron la novela, el cuento, el ensayo y la poesía. Su muerte, dejó a la Argentina sin uno de sus más grandes, perseverantes y notables artistas del siglo pasado; y al mundo de la literatura sin uno de sus más destacados contemporáneos.

Saer nació en Serodino, un pequeño pueblo del litoral argentino, en la provincia de Santa Fé. Hijo de inmigrantes, pasó su adolescencia influenciado por los existencialistas, Cesare Pavese y William Faulkner, y se núcleo a corta edad con un grupo de escritores, cuyo maestro fue el poeta entrerriano Juan L. Ortiz.

A los 25 años escribió “En la Zona”, el primer libro de cuentos que en su título condensó gran parte de su posterior temática. La “zona” es el río y la llanura, pero también sus habitantes, un grupo de personajes que fueron apareciendo a lo largo de todas sus obras, dándole a aquella premisa Proustiana un nuevo lugar: lograr una sociedad de personajes, donde se establezca con ellos una relación de intimidad.

El escritor en la otra Orilla

Sería deficiente atribuir a las sucesivas dictaduras militares que padeció la Argentina la poca repercusión que tuvo la producción de este escritor. Saer viajó en 1967 a Francia por 6 meses, “pero una sucesión de diversas razones” hicieron que nunca más volviera a vivir en su país.

Sólo en los albores de la democracia su obra-que se tradujo a más de 10 idiomas, aunque nunca contó con un numero importante de lectores-, empezó a ser trabajada por reducidos sectores del campo intelectual de nuestro país.

Lejos del coloquialismo y la añoranza que el peor realismo mágico concretó en la década del 60´, - no nos referimos a su conjunto; injusto sería catalogar así a obras como “El Coronel no tiene quien le Escriba” de García Márquez y algunas pocas más-, Saer escribió siempre sobre Serodino, deslizando sus rutinas y sus climas, las fiestas y la tradición, sus dilemas, al cual cada uno pudo darle una representación de alcance universal.

Su mirada sobre Serodino no es desde la melancolía y el sentimentalismo liviano; por el contrario, es de un realismo pleno de quien lleva las huellas de su tierra, - pensar en la región de Comala en el “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, uno de los escritores por el cual mayor devoción tenia Saer, es interesante para trazar un paralelo en este sentido, en esta búsqueda-.

“Entre el pensamiento, la percepción, las emociones y lo que se va escribiendo se produce un entrelazamiento, que no es otro que el texto literario acabado”, expresó en una entrevista en 1998. Y no hay mejor forma de condensar su obra que aquella definición: historias de viajeros, algunas más Chandlerianas-policíacas, la percepción de los sentidos, la experimentación sobre el Tiempo y el Espacio, abarcaron su temática regular y su problemática.

Se acerco a la Política, pero en sentido amplio. Es decir, la Política entendida como signo de interrogante, de apertura al conflicto, de realismo descarnado. Porque Saer es un realista puro, pero no ingenuo; ni mágico ni visceral: un creador de extraordinaria sensibilidad, quien hizo desde su pasión por la literatura un mundo propio.

Diría que hay otros rasgos que son salientes: su escritura poética actúa como un componente necesario en su obra. Las descripciones minuciosas y un centenar de páginas destinadas a diálogos coloquiales sobre la Forma, o el rol del escritor, sólo podían imprimirse a través de su lenguaje, de sus pausas. Su humor preciso, su agudeza sobre el mundo, y su sensibilidad, -no sensiblería-, conformaron textos que terminan dándole al lector una sensación de “suficiencia”, pero paradójicamente, el “deseo” por continuar.

Quien haya leído la “Vuelta Completa”, llegó hasta “Las Nubes”, quien leyó sus cuentos, ha contemplado sus poemas en el “Arte de Narrar”.

Concluiría señalando que hay una obstinencia Saeriana en varios aspectos, -la perfección de la obra sin descuidar el menor detalle, su lugar en el mundo como escritor y bibliotecario valiente, sus lecturas en las que solo reconoció la influencia del uruguayo Onetti y el mexicano Rulfo entre sus contemporáneos-, pero mencionaría como paradigma el núcleo reducido de personajes que aparecen a lo largo de toda su producción, entrecruzándose entre libro y libro.

Su muerte será acompañada por la de Carlos Tomatis, Ángel Leto, Horacio Barco, Marcos Rosenberg, Pichon Garay, entre otros: un grupo cerrado que lo acompaño desde su primer trabajo hasta el último aun desconocido, un libro póstumo de próxima aparición.

 

El oficio de vivir

“Cuando se trata de arte el verdadero lector va hacia la obra y no la obra hacia el lector, en el mundo industrial es la obra la que siempre va hacia el lector”, opinó meses antes de morir. Estas palabras, sintetizan una producción de casi 4 décadas en que la mirada sobre el mercado jamás se trastocó. Saer vivió para la literatura y no de la literatura; y su medido éxito sólo puede atribuirse a un reflote en la cultura argentina en la década del 80´ por revalorizar ciertos autores que eran considerados secundarios- se podría incluir a Héctor Tizón también-.

Al margen, claro, el éxito y el dinero nunca lo desvelaron. Hasta él ultimo de sus días, -Saer enfrentaba una enfermedad terminal hacia algunos años-, su máxima preocupación fue concluir “La Grande”. El texto actuará como abarcador y definitivo de su mundo propio, en donde en las 500 páginas a la que pronto podrán acceder los lectores contará con todo su elenco estelar; y el deslumbramiento que conllevara por su fina percepción del mundo y su mayúsculo genio.

“Yo no quiero tener tumba ni epitafio, quiero ser quemado y que mis cenizas sean dispersas dónde quieran, las pueden tirar a la basura si quieren, no porque piense que no valgo nada, sino que en cualquier lugar donde las tiren van a retomar la molienda universal de la materia y algún día volveré a este mundo, quizás, según la teoría del eterno retorno de Nietzsche, pero esta vez transformado en Paulo Coelho, lleno de dinero”, dijo en el 2000 cuando fue consultado acerca de la Muerte.

Saer se fue dejando, -espero me autoricen esta aventurada digresión sobre un tema que ha sido tratado en un sin fin de trabajos -, una obra que presenta un dilema sobre él ser “argentino”: el respeto por saberlo uno de los nuestros, y el dolor porque sus restos descansarán cerca de Jorge Luis Borges, Julio Cortazar y otros tantos; es decir, lejos nuestro.

Pablo Dorfman, Septiembre de 2005. Buenos Aires, Argentina.

Especial para Literaturas.com

Obras publicadas:

- En la zona (1960 - Cuentos)

- Responso (1964 – novela)

- Palo y hueso (1965 – cuento )

- La vuelta completa (1966 – novela)

- Unidad de lugar (1967 – cuento)

- Cicatrices (1969 – novela)

- El Limonero real (1974 – novela)

- La mayor (1976 – cuento)

- El arte de narrar (1977 – poesía)

- Nadie nada nunca (1980 – novela)

- El entenado (1983 – novela)

- Narraciones (1983 – relatos)

- Glosa (1985 – novela)

- La ocasión ( 1986 – novela)

- Juan José Saer por Juan José Saer (1986 – selección de textos)

- Para una literatura sin atributos (1988 – artículos y conferencias)

- El río sin orillas (1991 – ensayo)

- Lo imborrable (1992 – novela)

- La pesquisa (1994 – novela)

- El concepto de ficción (1997 – ensayo)

- Las nubes (1997 – novela)

- La narración-objeto (1999 – ensayo)

- Lugar (2000 – cuentos)

Cuentos completos (2002 )

- La Grande ( 2005)

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