Sumario. Libros. Reseña.
  Hormigas blancas (notas 1992-2003)
 

Jordi Doce

 

Madrid, Bartleby Editores, 2005

 

José Luis Gómez Toré

El mismo año en que aparece su poemario Gran angular , Jordi Doce publica Hormigas blancas que recoge, según nos indica su subtítulo, un largo período de escritura de más de diez años. La larga gestación del texto así como su carácter de libro de notas puede hacer pensar en un cuaderno de apuntes sin más cohesión que la que puede prestarle el hecho de haber sido compuesto por una misma pluma. Hay, sin embargo, una mirada que unifica la aparente heterogeneidad de estas notas, diversas en su tema y en su tono. Es la mirada de alguien que convierte el mismo acto de contemplar en una vocación, la de quien hace de su perplejidad una manera de estar en el mundo. Con las citas de Senosiain y Jiménez Lozano que abren el volumen, parece como si el autor pareciera invitarnos a pensar desde el fragmento y sobre el fragmento, en una época como la nuestra donde todo pensamiento que pretenda erigirse en sistema se hace sospechoso y en la cual encuentra un lugar privilegiado el texto breve, con frecuencia tan esclarecedor como enigmático.

Los textos aquí recogidos a veces recuerdan a una greguería (“Las tijeras sólo se dejan usar si les tapamos los ojos”), otras son reflexiones más demoradas donde cabe tanto la piedad como la ironía, la argumentación inteligente como el breve chispazo de una intuición. A menudo tienen la intensidad de un poema breve. Alguien que, sin conocer nada de la obra de Jordi Doce, lea estos textos bien puede sospechar que su autor es un poeta. Y no sólo porque la reflexión sobre la escritura poética ocupe buena parte de estas notas. Hay en este libro esa capacidad, desde luego no exclusiva de los poetas pero en estos imprescindible, para sugerir en unas pocas palabras tanto o más que lo que se dice (o parece decirse) explícitamente.

Esta capacidad de sugerencia no está reñida con la precisión, que salta a la vista tanto a la hora de retratar la extrañeza de lo cotidiano como al encontrar un rasgo de estilo en un escritor o incluso al detenerse frente al variopinto escaparate de las conductas humanas. Sobre esta última cuestión, valgan como muestra estos ejemplos, espigados aquí y allá entre las páginas del libro: “Su generosidad no admite límites. No cejará hasta humillarlos”; “¡Qué tolerantes nos hace la vanidad! Aceptamos los elogios de cualquiera”; “Juzga sin dar nombres propios, pero esto no le hace mejor”. El autor es consciente de la dureza de algunas de sus observaciones. Por ello, no sorprende un consejo que Jordi Doce parece darse a sí mismo pero que quizá más de un lector tomará para sí:“No mires tan ferozmente el mundo, recuerda que ha de durarte hasta el final”.

Muchas de las reflexiones vertidas en Hormigas blancas ayudan a comprender mejor la propia obra poética de Doce. Así, por ejemplo, su relación ambivalente con el lenguaje, que fascina y suscita desconfianza a un tiempo, o su preocupación por hacer del poema un lugar privilegiado desde el cual aprender a mirar el mundo: “Mucha de la poesía que más admiro parece responder a este dicho temprano de Valery: “Un mal hecho observado es más pérfido que un mal razonamiento””. No resulta casual que esta reflexión y otras incluidas en el libro aparecieran con anterioridad, formando parte de la poética que precedía los poemas de Jordi Doce en la antología La otra joven poesía española . Conviene añadir, con todo, que las abundantes notas en torno al oficio de escribir tienen un alcance más amplio, que no se limita a la propia obra. Resultan así muy iluminadoras por sí mismas, sin necesidad de que las refiramos necesariamente a la poesía del autor: “El poeta se distingue de otras especies de escritores en que sabe que el lenguaje sabe más que él”.

No quisiera acabar esta reseña sin hacer una observación que espero no parezca superflua. Hay lectores que rara vez se aproximan a aquellos textos que no se encuadran en los géneros que podríamos llamar canónicos como la novela, la poesía o el ensayo. Los libros de notas no dejan de pertenecer a una tradición literaria y encontramos en ella grandes nombres como Canetti. Sin embargo, no faltará quien piense que es ésta una escritura de menor calado. En el caso que nos ocupa, creo que resulta obligado dejar de lado los posibles prejuicios. Pese a su apariencia, no es Hormigas blancas , dentro de la obra literaria de Doce, un libro menor y merece desde luego una atenta lectura.