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Las variaciones de un terco
Fernando Menéndez
Con cada mito añadido, se apuntala la terquedad. Con pequeños ritos domésticos: retratos, dilapidaciones, excesos. Tom Waits eligió su álbum “Mule Variations” para arruinar su romanticismo genérico. Años atrás, en 1978, un álbum como “Blue Valentine” celebraba utopías de neón, postales de navidad, desolaciones dulzonas en un coche descapotable. “Su sombrío”, de Marcos Canteli, se abre con una cita de Waits. Canteli se ha encontrado con el músico americano en el afán por llenar de arena las baladas.
“y que todo lo dicho / clausure”. Buscar una continuidad en la interrupción. La intermitencia y los silencios aportan sus bagajes. La escritura poética es una corriente demorada en remansos (los poemas) y no una sucesión de agradables protocolos.
“Ha sido dicho repetidas veces – se posee el libro mas no el poema –“. (Emilio Adolfo Westphalen)
“El poema abre huecos, horada. Ver la poesía como un proceso, un largo camino”. (Marcos Canteli)
La poesía es un decir (desdicho) , un decir consciente de su transición hacia la escritura; un decir que se reencuentra en un nuevo idioma sin el peso del excesivo intelecto pero con la novedad de los sentidos. Con “el ámbar / de un decir” Marcos Canteli define lo propiamente poético: resina fósil; opaco o semitransparente, duro y quebradizo, que arde fácilmente, con buen olor. Puede ser una sustancia que se encuentra en las vísceras de algunos grandes mamíferos.
Juntar poemas o construir un sistema poético. Cada nuevo libro es una interrupción y a la vez una parte activa de un proceso. Canteli cita al pintor Sanjurjo: “No quiero hacer más cuadros, quiero pintar”. En “Su sombrío”, más que la colección de poemas, sobresale la aspiración a un sistema: “largo camino”.
Todo sistema se basa en una tradición y en sus inspiradores. Otra bondad de la poesía de Canteli es la posibilidad que nos brinda de redefinir y releer el concepto de tradición. No se trata de cumplir unos preceptos o de ampararse en magisterios. Se trata más bien de interpelarse e incomodarse con aquellos ecos más intensos.
De inspiradores, José Miguel Ullán: barroco punk que hace guiños desde el futuro. Su poesía da cuerpo a deseos de Marcos Canteli que buscan realizarse en “Su sombrío”: “El poema que piensa a partir de las cosas, construye su pensamiento en presencias. Nada previo al poema, excepto, como decía, su búsqueda que tal vez sea ya el propio poema. ¿Qué es la forma de un poema? En poesía, no entiendo el diseño porque la forma es simultánea al poema; surge con él, en él: cada poema es una forma”.
Con Ullán, Lezama Lima, Góngora.
Las manos borran la prehistoria. El maniluvio mina las líneas de la usanza. Retablo sin autor. (No anónimo).
Sólo el actor: sus ademanes, el ajamiento de la palabra, el silencio.
La poesía practica la destrucción. (José Miguel Ullán, contraportada a “Maniluvios”, 1972)
Sagrado don, lascivo despilfarro. La poesía ilumina lo estéril (el suspiro).
De esa quietud voluptuosa nace la gran sospecha gongorina: sin exageración no hay paisaje; sin laberinto no hay rigor; sin lujo no hay escritura.
El conde nos propone una salida, neutra y terrible a un tiempo:
mal- decir. (José Miguel Ullán, “Sagrado don”, 1984)
Aspirar a un sistema no supone, en el caso de Marcos Canteli, blindar un discurso, una dicción; tender una mirada rígida. Al contrario, se trata de un sistema sensible. Trascendiendo lo coyuntural para concebir la poesía como un pensamiento, como una cultura. Algo que de forma muy atinada ha formulado el poeta y crítico Miguel Casado: “Ocurre, porque el pensamiento no se limita a las habilidades de la razón, ni se mide sólo en términos pragmáticos de eficacia, sino que incluye el espacio todo de la mente y el espíritu humanos – lo sensible, lo inconsciente, lo emocional... -, y la poesía resulta ser síntesis de esa clase de espacio” (Miguel Casado, “La poesía como pensamiento”)
La experiencia de la traducción ( Robert Creeley, William Carlos Williams) amplía y reafirma a la vez el terreno poético que habita Canteli. En este sentido, esperando el beneficio que Yves Bonnefoy concede a la traducción de poesía: un contraste de civilizaciones. El comienzo de un poema de William Carlos Williams traducido por el propio Canteli para el último número de la revista “Solaria” se convierte en una inesperada definición de su quehacer:
“El poema es esto:
un matiz de sonido
operando directamente
en una catarata de sentido”.
¿Lo que más admiro en un escritor? Que maneje fuerzas que lo arrebaten, que parezcan que van a destruirlo. Que se apodere de ese reto y disuelva la resistencia. Que destruya el lenguaje y que cree el lenguaje. Que durante el día no tenga pasado y por la noche sea milenario. Que le guste la granada, que nunca ha probado, y que le guste la guayaba que prueba todos los días.
Que se acerque a las cosas por apetito y que se aleje por repugnancia. (José Lezama Lima)
Su sombrío, susombrío: mal-decir, maldecir. |