Sumario. Entrevistas.

Miguel Ángel Gara

"La pertenencia de Sara a una realidad distinta me ha posibilitado acercarme más a mí mismo"

Diego Valverde Villena

 

TRAS LOS PASOS DE SARA

lf ediciones de la ciudad de Béjar,  acaba de publicar en la colección Elárbol espiral, el primer poemario del madrileño Miguel Ángel Gara, cuyo título es "El libro de Sara".

P.-¿Quién es Sara? ¿Qué es Sara?

R.- Creo que Sara es, como ente poético, lo más parecido a una máscara o a un juego de espejos. Es decir una suerte de alter ego que me ha permitido expresarme hasta unos términos que me resultaban vedados. Creo que su pertenencia a un sexo distinto o a una realidad distinta me ha posibilitado paradójicamente acercarme más a mí mismo.

P.- El libro se abre con dos citas. Una de ellas es de Jaime Sabines, un poeta mexicano poco conocido en España. ¿Por qué lo has escogido? ¿Está entre tus favoritos?

R.- Lo cierto es que Jaime Sabines no es uno de mis poetas de cabecera a pesar de que me parece un poeta magnífico, con una trayectoria artística y humana admirable. Este verso, que aparece en su libro “Diario semanario” me pareció muy cercano al tono de desapego existencial y temporal que Sara necesitaba para articularse en el libro. Al mismo tiempo, la cita era un buen contrapunto, dado que el tono general del libro es elegíaco y el verso de Sabines más bien optimista.

P.-¿Qué otros autores componen tu nómina de poetas favoritos?

R.- Entre los muchos que uno podría nombrar y por decir algunos contemporáneos, Claudio Rodríguez (que aunque se ha muerto no se ha muerto), Antonio Gamoneda, Alvárez Ortega, Juan Luis Panero, la primera Blanca Andreu... En otro sentido me interesan mucho algunos poetas anglosajones como Derek Walcott, Ted Hughes o John Ashbery. Me atrae cierto sentido épico que tiene determinada poesía en inglés.

P.- La otra cita inaugural es del Génesis. Y es indudable que la Biblia está presente a lo largo del Libro de Sara -la forma versicular, el tono...-. Esta parece una propuesta muy valiente en la España actual, en la que al desconocimiento de la Biblia se junta un alejamiento, cuando no desprecio, de todo lo emparentado con la religión (al menos, con el judaísmo y el cristianismo). ¿Por qué has elegido estas referencias?

R.- El poema (porque el libro es un largo poema) se construyó a partir del nombre de Sara, que era un personaje imaginario existente con anterioridad, un personaje que en la ficción surgía de la memoria de un hombre para cambiarle los recuerdos. Así pues Sara conllevaba y traía consigo la culpa de un amor finalizado de manera abrupta, una culpa esencial. Este puede ser el pecado original en realidad, puesto que todas las cosas terminan y aunque lo sabemos perfectamente no dejamos de lamentarlo e incluso de intentar cambiarlo. Da la casualidad que Sara es uno de los nombres de mujer más conocidos del antiguo testamento por lo que todo me llevaba inevitablemente al mismo punto. Con ese planteamiento de fondo prácticamente se hacía necesario utilizar la imaginería bíblica con su repertorio de culpas y de amores indescifrables.

P.-¿Podríamos ver el Libro de Sara como una relectura -muy personal, por supuesto- del Cantar de Cantares? ¿Una especie de contrafactum actual?

R.- Puede ser, y al menos para mí es una idea halagadora, pero no ha sido de manera consciente y mucho menos premeditada. De hecho no tuve como modelo ningún libro de la Biblia en particular. Desde luego el cantar de los cantares, con su tono amoroso y su pulso erótico es una referencia inevitable que sin duda recorre subterráneamente el poema.

P.- En tu libro hay algunas imágenes muy poderosas e impactantes, del estilo de "el disco daba vueltas de pantera negra". Y, a la vez, junto a ese lirismo hay un tono narrativo y a veces gnómico. ¿Cómo cuadran esas tres vertientes dentro de tu concepción del libro?

R.- Hay una frase o un concepto de Holderlin que últimamente repito mucho porque se ajusta bien a lo que he intentado hacer en el libro. Él hablaba de “El rearme épico de la lírica” Eso se podría extrapolar en este caso al tono bíblico, épico en cuanto a lo narrativo, pero al servicio de un lirismo que aquí creo que se manifiesta en el amor (perdido o no) en el paso del tiempo y sobre todo en las cosas pequeñas, los detalles pequeños; un mechero, una despedida, una telaraña, en definitiva: el amor y el intento de huir de la muerte que creo son dos de los temas fundamentales de la lírica y de la epopeya.

P.-El sexo es uno de los leitmotivs del libro: una pulsión sexual muy fuerte, a veces oscura, una fuerza que la protagonista no siempre parece dominar...

R.- El sexo es esencial en la visión que tiene Sara del mundo. Hay que tener en cuenta que ella es una mujer muy apasionada que escarba en el pasado de un hombre al que amó profundamente, y todo esto sin renunciar a su sed de sensualidad, de experiencias nuevas, tal vez incluso aumentándola. En cierto modo para ella el amor es una experiencia más, pero es la experiencia más intensa de todas. Por eso su destino es quedarse seca, como una mariposa clavada que conserva toda su belleza, que parece que pudiera volar aún, pero que está muerta.

P.- La figura de Sara encarna una serie de símbolos: parece más Lilith que Eva, pero también es una Lolita destructora que se sumerge en varios tipos de Infierno. Los símbolos siempre tienen algo de inexplicable, algo que va más allá de lo racional. Pero, aun así, me animo a preguntarte, como creador -o amanuense- de Sara, ¿qué simbología ves tú detrás de ella? ¿Cuánto hay de masculino y de femenino en ese juego de espejos que es el rostro de Sara?

R.- Claro, lo difícil, incluso para mí (o sobre todo para mí) era distinguir la parte masculina de la femenina. Lo que yo creía que sería Sara de lo que realmente era. Después de escribirlo pensé que Sara tendría inevitablemente la voz de un hombre (mi voz) suplantando la voz de una mujer, pero en los últimos tiempos tengo la sensación de que ella existe al margen de mí, como realidad poética, se entiende. Por ese motivo empiezo a pensar que más bien soy yo su máscara en lugar de ser ella la mía.

Respecto a la simbología, estoy de acuerdo con lo que dices que es más Lilith que Eva, pero también es una mujer perdida en todos los sentidos de la palabra, al estilo de ciertas femme fatale del cine y la novela negra que no son del todo responsables del daño que hacen (pienso por ejemplo en la Simone Simon de la mujer pantera). En ese sentido, siempre he visto ese tipo de mujeres como un símbolo de la pasión. La ironía del destino de Sara es que su vida no acaba trágicamente, como ella había augurado, sino en manos del tiempo, que es un consumado taxidermista.

P.- Y un pequeño apunte práctico para orientar a los lectores de Literaturas.com. ¿Dónde se puede conseguir el Libro de Sara? ¿En qué librerías se distribuye?

R.- Lamentablemente Luis Felipe Comendador, editor del Árbol Espiral, aunque hace una excelente labor editorial, carece de distribución, por lo tanto “El libro de Sara” no se puede encontrar en las librerías, excepto en Visor que tiene unos pocos ejemplares. También hay algunos en “Artépolis” que para quien no lo conozca, es una sala de arte en la calle Olivar 13 de Madrid. Otra manera de que alguien consiga el libro es enviando un mail a literaturas.com y se le enviará con gran placer el ejemplar o ejemplares que pida.

Como tú sabes, si además de que se lee poca poesía, no se tiene distribución, las posibilidades de ser leído son menores. De todas formas los que tomamos este camino no creo que lo hagamos precisamente para vender mucho. Yo soy incluso de la opinión de que hasta cierto punto la poesía se debe a cierta vocación de belleza soterrada para crecer en el tiempo más que en el espacio. Sobre todo si es el espacio abarrotado de los mostradores de las librerías, llenos de novedades que duran muy poco.

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