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El desierto de la sed

 

Rodrigo Galarza

 

Editorial Amargord 2005

 

Pájaros en el vacío

Enrique Mercado

Rodrigo Galarza ( Corrientes , Argentina, 1972), poeta de larga trayectoria y hondura lírica más que demostrada en poemarios precedentes, ha apostado en "El desierto de la sed" ( Amargord , 2005) por una visión empobrecida de la luz. Pobreza en el sentido de búsqueda de lo esencial, de desasimiento, de despojamiento de ramajes que impidan ver el bosque sin sombras de la poesía.

No encontramos aquí al exuberante cantor de la América mítica y salvaje o al elegante observador de las brumas del Támesis de otros poemas. Las amarguras existenciales que han traído al poeta hasta este desierto literal y figurado, se empiezan a metamorfosear de pronto en búsqueda y hallazgo de lo minúsculo, de la candela básica que permitirá al autor alumbrarse por la cegazón esteparia del desconsuelo.

En ese sentido, el poemario es un colador de pájaros heridos, de alas destrozadas casi romas para el vuelo. El pájaro como metáfora del estado del poeta, como interrogación en el vacío, como palabra monocorde que, en la repetición, enuncia y alienta significados in-significantes .

En ese discurrir por el punto y el plano como únicas coordenadas, "El desierto de la sed" remite a aventuras tan incomprendidas, pero tan fascinantes, como la serie que pintó Miró a partir de la palabra-concepto pájaro . Aunque a medida que se avanza en el libro, empiezan a aparecer otros elementos, espacios y texturas que entroncan directamente con el "Cántico espiritual", de San Juan de la Cruz.

Esa desatención por el ornamento y los brillos fatuos de la poesía oficial, y a veces hasta un desmañamiento casi adrede, deudor del estado anímico del poeta-pájaro, presentan "El desierto de la sed" como el libro más controvertido, polémico y apasionante de Rodrigo Galarza hasta la fecha. Un libro, en puridad, necesario para el creador, tanto vital como literariamente, y que quizá se entienda mucho mejor dentro de unos años, cuando la trayectoria futura del escritor nos procure una perspectiva certera.

"El desierto de la sed" sería a la poesía lo que fue al rock el disco Tonight's The Night , de Neil Young. En Harvest , Young había logrado su obra maestra hasta ese momento. Pero el cantante canadiense, lejos de repetir los mismos esquemas en su siguiente álbum, se descolgó con ese magnífico, pero incomprendido y deslavazado trabajo al que hacemos referencia. Tonight's The Night venía a ser un reflejo fidedigno del infierno existencial que atravesaba entonces el músico. El arte como verdad, o cuando menos, como negación de la mentira, tanto propia como ajena.

Por ese motivo, El desierto de la sed es un buen libro, porque no falsea el alma del poeta, porque revela abismos luminosos para los que no sirven ni la métrica ni el oropel. Asomarse a cualquiera de sus poemas es rubricar estas afirmaciones: “me asomo/al silencio/y oigo el nacimiento de la sed:/silbo blanco de un pájaro/herido por la luz/blanco sobre blanco/me asomo/y su fulgor se adentra en mí” .