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"El hombre que mató a Durruti" ganó el I Certamen Internacional de Novela Corta José Saramago, convocado por la Unión Regional de Comisiones Obreras de Cantabria. Un jurado que presidía Josefína Aldecoa otorgó el galardón por unanimidad. Ya que los grandes concursos se han decidido abiertamente a dilapidar su patrimonio literario, y a apostar abiertamente por obras de encargo que se distinguen por su dudosa valía, por su inapetencia existencial y por su inanidad estética, tendremos que ir acostumbrándonos a rastrear en aquellos certámenes que aún no han sido colonizados por la imperiosa necesidad de satisfacer las exigencias comerciales. De cuando en cuando, en esos muchas veces despreciados concursos provincianos, nos encontramos con un escritor que nos sorprende, que se divierte escribiendo y nos contagia su pasión. Con alguien que no se siente obligado a ganarse apresuradamente los garbanzos con millonarios pastiches de a tanto la línea escrita. Con alguien como Pedro de Paz.
Esto mismo escribí en la reseña de "El hombre que mató a Durruti" , y se me permitirá que me autoplagie repitiéndolo, porque sigo sosteniéndolo.
Este madrileño de Alcorcón tuvo a bien concedernos una entrevista el pasado 24 de noviembre, en un céntrico y lujoso restaurante del foro, situado en la mismísima Plaza de Ópera.
P.- ¿Por qué precisamente Durruti; Pedro?
R.- Siempre me ha interesado mucho la Historia de España. De forma particular, el periodo correspondiente a la primera mitad del siglo pasado. Más concretamente, la época circunscrita a la guerra civil española, enfocada desde una perspectiva más social o histórica que política, siempre ha causado en mí una cierta fascinación. Había leído mucho acerca de esta etapa y de entre mis lecturas surgió un personaje, Durruti, cuyo recorrido vital, plagado de peculiaridades, captó poderosamente mi atención. Comencé a escribir sobre las curiosas circunstancias que rodearon su muerte con la intención de exponer las distintas teorías que sobre el hecho se barajaban, agrupándolas en un relato breve de ocho o diez páginas. Veinte a lo sumo. Comencé a volcar los datos que había adquirido a través de mis distintas lecturas, a darlos forma a través de un hilo argumental y cuando finalicé, me encontré con que tenía entre manos 80 páginas: mi primera novela corta. Escogí a Durruti porque me apetecía escribir novela negra y las particulares circunstancias que rodeaban su muerte me permitían aunar dos asuntos que me apasionan: la guerra civil y la novela policiaca.
P.- ¿Cuáles son tus referentes literarios?
R.- Me apasiona la novela negra, pero más aún la policiaca en su vertiente más clásica: Conan Doyle, Agatha Christie, Edgard Allan Poe… Ésa es mi fuente inicial de inspiración, aunque no puedo negar que también me agradan autores como Hammet, Chandler, Mickey Spillane o Lorenzo Silva.
P.- El protagonista de "El hombre que mató a Durruti" , Fernández Durán, mantiene una visión del mundo muy particular, que no sé si compartes .
R.- No exactamente. La visión del mundo de Fernández Durán está muy inspirada en la que Conan Doyle nos mostraba a través de Sherlock Colmes ya que El hombre que mató a Durruti es, en el fondo y en la forma, un sentido y consciente homenaje a dicho autor. Aunque sí comparto muchas de sus actitudes: su escepticismo, la forma aséptica de afrontar los datos, su visión analítica…
P.- "El hombre que mató a Durruti" se ambienta en el mundo cruel y en descomposición de la guerra civil. ¿Escondes alguna pretensión social?
R.- Intento recrear lo que hubiera sentido un madrileño de la época viendo cómo el magnífico Madrid de la belle époque se viene abajo por una guerra estúpida.
P.- Madrid es un personaje más en "El hombre que mató a Durruti" .
R.- Sí. Me apasiona Madrid. Cuando comencé la historia, me planteé dos posibles enfoques. Podía entregarme a una ficción total, o ceñirme a la realidad histórica. Lo segundo me resultó más atractivo. Era también una cuestión de respeto. Por eso intenté conjugar los datos reales con los ficticios, y articularlos en torno a una verdad, respetando los hechos, de forma verosímil, sin que se viera detrás un andamio argumental.
P.- ¿Nos encontraremos de nuevo con Fernández Durán y Alcázar?
R.- Mi intención es que así sea: son mis primeros personajes importantes. No es una cuestión de merchandising: les he cogido cariño. Casi todos los lectores que se han puesto en contacto conmigo dicen que les ha sabido a poco. Tengo en mente una novela que, como en El hombre que mató a Durruti , parta de hechos reales históricos y los conjugue con la ficción de modo verídico. Disfruto mucho con ese tipo de artificios literarios: mezclar la realidad con la ficción hasta difuminar la línea que une ambas. En este caso, se trata de un suceso que tuvo lugar un año después de la acción reflejada en El hombre que mató a Durruti y que, sin ser importante para el desarrollo de la contienda, se convirtió en un acontecimiento muy comentado entre los habitantes del Madrid sitiado: la explosión, en enero de 1938, de la estación de Metro de Lista, en la Calle Torrijos, actual Conde de Peñalver. Un hecho así, que dio lugar a múltiples conjeturas en su momento, no podía dejarse escapar como trama argumental para una novela policiaca. De nuevo trato de ajustarme a los hechos reales tanto como puedo, pero me permito mayores licencias literarias, porque en El hombre que mató a Durruti me sentí un poco encorsetado: quería homenajear a Durruti y al género policiaco en su forma más canónica, y, a su vez, mantener los hechos históricos demostrados. Me quedaba poco margen para la imaginación. Quiero que esta novela sea más extensa y que quepa en ella más la ficción.
P.- ¿Qué te interesa de la literatura española que se está cociendo?
R.- Me interesan los best-seller, la novela de aventura, la de acción, la negra. No comprendo por qué se desprecian estos géneros y se los trata de menores. Yo me siento novelista, no escritor. Escribo novelas. O « nivolas » como definía Unamuno a las suyas. Y como tal, me parece una tarea muy digna. Yo disfruto leyendo a Grisham, Pérez-Reverte, Lorenzo Silva… Para mí, son grandes contadores de historias. ¿Son grandes escritores? No me considero con la autoridad suficiente para realizar tales afirmaciones pero lo que si sé es que son grandes narradores. Bajo mi punto de vista, otro de los problemas serios de la literatura actual es que no se promociona ni se da oportunidad a los nuevos valores, que, por norma, suelen recibir una acogida tibia por parte de los editores, de los lectores y de la crítica. Y los hay muchos y muy buenos como, por ejemplo, Javier Cortés, autor de La clonación de Jesucristo , escritor al que muy pocos conocen y que sabe contar buenas historias con una prosa ágil y muy imaginativa. A mí me interesa que una novela consiga entretener a partir de una historia cautivadora porque creo que el fin de la literatura es divertir. Enseñar también, claro, pero ese aspecto no debe dejar al margen el entretenimiento. A veces dicen de mi estilo que es demasiado telegráfico, que se parece a un guión de cine. Yo sé que mi prosa no es excesivamente brillante, ni intenta serlo. Sólo trato de contar una historia y contarla bien, y, aunque sí lo considero un aspecto importante, me preocupa bastante menos pulir la prosa o sacar brillo al adjetivo que cautivar al lector con una buena trama argumental.
P.- ¿Cuáles son los fantasmas de Pedro de Paz?
R.- No soy consciente de tenerlos. Pero sí es cierto que me llaman la atención los hechos tortuosos porque requieren una implicación sentimental por parte del lector. Es cierto que todos mis relatos publicados en mi web giran en torno a la muerte. De ella me interesa sobre todo su impacto emocional. En El hombre que mató a Durruti juega un papel fundamental, claro, pero lo más importante es el proceso deductivo que se abre al mostrarse las circunstancias de la muerte de Durruti. La muerte consigue que se desplieguen las emociones y se disparen los sentimientos.
P.- ¿Qué estás escribiendo ahora?
R.- Una novela. Primero escribí El hombre que mató a Durruti , después una novela larga de aventuras cuya acción transcurre en nuestros días y que estoy tratando de publicar. Ahora estoy intentando combinar las dos inquietudes con una historia ambientada en la actualidad, cuya trama se relaciona con un suceso de la guerra civil. Mantiene la línea argumental típica del thriller policiaco.
P.- Entonces, no me cabe duda de que habrá más muertes.
R.- Incluso descripciones explícitas de muertes. Se trata de una novela negra más clara, de un estilo mas « hard », inspirada en un perdedor, que son quienes dan las mejores historias. El protagonista es un «persuasor», es decir, alguien que se dedica a convencer a cualquiera para que haga lo que, por propia iniciativa, no está dispuesto a llevar a cabo. Desde el cobro de una deuda hasta forzar la venta de unos terrenos cuyo propietario no está dispuesto a traspasar. Se ambienta en un barrio periférico de Madrid cuyo nombre no se cita pero que, cuando enfoco la historia, en mi mente, siempre acabo imaginando el mío. Al persuasor le proponen recuperar unos documentos que han sido sustraídos a una persona que ha sido asesinada. Esos documentos tienen que ver con un asunto relacionado de forma tangencial con la guerra civil.
P.- ¿Se muere la novela, como dicen algunos?
R.- No. Siempre quedará un reducto de lectores y escritores que la mantendrán viva. El problema es que algunas novelas no intentan reflejar las verdaderas inquietudes del hombre, sino lo que la sociedad quiere leer, y se convierten en cantos de sirena. En cualquier caso, la literatura basura no existe, de todos los libros se puede aprender algo. Es cierto que se ha producido en la novela un grave descenso de calidad, porque los escritores se han convertido en figuras mediáticas demasiado preocupadas por ofrecer al lector lo que pide.
Pues en eso estamos, amigo Pedro, en que la novela no se nos muera.
En los últimos días Pedro de Paz ha firmado contrato de representación con la agente Cristina Salama, y una editorial británica está valorando la publicación de "El hombre que mató a Durruti" en inglés. Luego vendrán a decirnos que este chico apuntaba maneras. Que quede aquí constancia de que yo lo descubrí primero, para Literaturas.com |