Sumario. Opinión. Ana Pérez Cañamares
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Paradojas  
anacanamares@literaturas.com

Leo en el interesantísimo decálogo “22 dogmas en torno al cuento breve” que aparece en la página web del grupo literario “La llave de los campos”: “Prohibido escribir de lo que no se conoce. Prohibido escribir de lo que se conoce”. Sigo leyendo en una entrevista al poeta Antonio Colinas a propósito de su libro La simiente enterrada : “El poema ideal es aquel en el cual el poeta siente y razona en igual medida”. Y en un artículo de la escritora argentina María Teresa Andruetto, en la revista digital Imaginaria: “Se escribe para confirmar una y otra vez que no se sabe, que no se comprende (...) Buscando aquello que entre una frase y otra, en esa grieta que no es silencio ni voz, aparece (...) Buscando en fin una ruptura que deje ver por debajo algún resplandor de eso que llamamos vida” Y en un poema de Omar Khayyam: “Procura que tu prójimo no tenga que sufrir de tu sabiduría. (...) Los sabios no te enseñarán nada/, pero la caricia de las largas pestañas de una mujer te revelará la felicidad”.

 

Cada vez estoy más convencida de que el único lugar que acoge a las verdades sin asfixiarlas son las paradojas. Y para grandes paradojas las que habitan en los textos que se proponen diseccionar qué es la escritura. En sí mismo, el anhelo de definir qué es la literatura o qué es escribir es una batalla perdida. Tan perdida como traducir el texto que tenemos en la cabeza a un texto real y legible. Su única justificación vuelve a ser paradójica: “Liberarnos de las cosas, no evitándolas, sino atravesándolas” (Pavese).

Lo que más me sorprende es comprobar que lo que se dice de las cosas importantes es intercambiable. Se puede hablar de la literatura prácticamente igual que se habla de la vida. En ambas lo importante está siempre entre líneas.

Ana Pérez Cañamares
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