| Julio Espinosa Guerra (Santiago de Chile en 1974) reside en Madrid, desde marzo de 2001, donde ha ejercido como lector de Tusquets Editores y coordinador de las lecturas de poesía del café Libertad 8. Colabora habitualmente con reseñas, artículos y entrevistas en diferentes medios, como "La estafeta del viento", de Casa de América; la web Literaturas.com; "Osservazioni", del Centro Cultural Italiano en Madrid, y "Rayentrú", de Chile. En la actualidad dirige los talleres de poesía e iniciación al relato breve de www.escueladeescritores.com. En el año 1996 apareció su primera publicación "Cuando la rosa aún no existía" . Becado por la Universidad de Göttinegen, Alemania. Licenciado por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y beca de poesía Fundación Pablo Neruda. En 1999 publicó "La soledad del encuentro" y el año 2000 estuvo becado en creación literaria por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile. Su último libro es "Las metamorfosis de un animal sin paraíso" Premio de Poesía Villa de Leganés 2004.
COMENTARIO A “ EL VIENTO DETENIDO ” de Juan Pedro Carrasco García.
Hace algunos meses llegó a mis manos el primer libro de Juan Pedro Carrasco García, "El viento detenido" . Entonces, antes de poder siquiera (h)ojearlo, me alegré sinceramente al enterarme de que era su primer libro de poemas, porque no es común que un hombre de cuarenta años se atreva a salir de su aislamiento para enfrentarse a un público que, además de desconocido, muchas veces es cruel o, por el contrario, excesivamente condescendiente.
Lamentablemente tengo que decir que esta alegría inicial se ha visto opacada después de la lectura, pues no es lógico que alguien que señala en su breve presentación que “ejerce la enseñanza (...), colabora en varios medios y ha sido director teatral” no haya tenido él mismo la capacidad de alejarse de sus propios textos de manera crítica o, por último, un amigo que le sugiriese la eliminación de los textos más débiles.
No he dudado en ningún instante que la apuesta del autor por la poesía sea verdadera. Es más, si hay algo positivo en este conjunto de poemas es la sinceridad que de él se desprende. A pesar de esto, el autor acumula ciertos problemas que considero siempre es positivo mencionar, debido a que sólo así pueden superarse.
El primero de ellos, que ya se nota en el primer poema, es el uso un tanto exacerbado de ciertos términos, sustantivos o adjetivos, que bien utilizados podrían ayudar a la configuración de un territorio mítico por lo nebuloso o de un hilo conductor a lo largo de todo el texto, pero que se transforman, debido al exceso, en una reiteración de palabras que denota la falta versatilidad del autor, siempre estancado en el mismo mensaje, en la misma idea, en los mismos ritmos. Es tan copiosa esta acumulación de palabras que casi no hay poema que no incluya los términos silencio(s), ceniza(s), sombra(s), viento(s), recuerdo(s), sueño(s), tiempo, memoria, atardecer ( o crepúsculo), niebla, secreto, lejanía, olvido, encuentro(s) o desencuentro(s) . Y hay otros, no menos usados, que se suceden cada dos o tres poemas: oscuridad, corazón, alma, eco, jardín, deseo(s), ausencia, huida, otoño y camino . Esto redunda en la reducción del discurso a unos mismos conceptos que el escritor utiliza como ladrillos estructurales. En sí mismo, esto no es negativo, pero su reiteración en algunos textos estanca la creación de imágenes poéticas.
A partir de esto, surge un nuevo problema del libro, ya que cuando nos estancamos en un grupo de palabras repetidas se estanca la posibilidad de crear nuevos mensajes, nuevos conceptos poéticos. Por decirlo de alguna manera, es como si el minero que sacó oro de una veta durante años, vuelva a ella una y otra vez aunque sea evidente que se ha agotado. Lo más grave no es que Carrasco García haya descubierto él la veta y él la agote, puesto que por último estaríamos frente a una propuesta personal. No, el autor de "El viento detenido" utiliza fórmulas conocidas ya desde hace algún tiempo.
Pero no todo es negativo, pues hay poemas donde se puede apreciar una búsqueda personal, algo alejadas de la morfología y semántica imperantes en todo el texto. Algunos ejemplos serían estos cuatro versos de la página once (p. 11): “A veces a ninguna parte vuelvo/ porque no sé de dónde soy y llego/ a noches que devienen inmortales/ y no conocen a quién las habita”. Otro ejemplo, esta vez de la página veintinueve (p. 29): “en esta tierra presentida/ deshago mi equipaje,/ coloco los retratos olvidados/ y escucho tus silencios/ con las cigarras de la tarde” . Pero indudablemente donde Carrasco García logra su mejor tono es en el primer poema de la tercera parte, que a pesar de tratarse de un soneto, marca una diferencia con los demás. Este es el poema más valioso del libro, pues da razones para creer que estamos frente a un autor con posibilidades reales, pero que necesita indudablemente no dejar de trabajar. Lo transcribo íntegramente, ya que pienso que vale la pena: “ Partimos del silencio. Tras un sueño,/ abandonado, el hombre crece y mora/ en el paisaje desierto que atesora/ el empuje del viento al sol sureño.// Camina, y burla su pasar risueño,/ buscando entre las tierras de la aurora,/ valles de sombras, luz no redentora,/ la claridad que pisa con empeño// recorriendo mil islas, mientras deja/ enmudecidos rastros a su suerte/ por la senda del tiempo que lo aleja// de su origen, cercándolo en la muerte./ Es su destino una perpetua huida./ Volvemos al silencio. Tras la vida.. ” (p. 41)
Hay otro aspecto que me hace pensar seriamente en que este autor todavía nos puede dar algo interesante en el futuro. Se trata de que posee conciencia del lenguaje. Esto, que pudiera parecer una nimiedad, es significativo, puesto que si hay una característica que le pertenece a los poetas, es el pensarse no solamente a través del lenguaje, sino pensar el lenguaje mismo. Y esto está presente de alguna forma, aunque de manera germinal, en los poemas de las páginas diecisiete, dieciocho, veinte, veintiuno, veintidós, treinta y tres, treinta y siete, y cuarenta y ocho.
Por último, quiero señalar que este libro cumple con lo señalado en la segunda página del mismo. "El viento detenido" es efectivamente “una llamada hacia el amor y la nostalgia” . Por lo demás, sólo el hecho de que un nuevo libro de poemas vea la luz, que un nuevo poeta se atreva a utilizar la palabra como herramienta, vale la pena en nuestros días.
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