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Segunda entrega como homenaje al IV Centenario
de El Quijote
que estamos dedicando desde Literaturas.com
Es del escritor Fernando Arrabal. El autor nos brinda en EXCLUSIVA
un cuadro y dibujo suyo acompañado de un texto de lo más
provocador.
Arrabal en estado puro.
LA GLORIETA CERVANTINA A TOCATEJA
Fernando Arrabal
Los glorificadores patrios dan faroles a toros pasados. Si hoy soltaran
soga premiarían a Corín Tellado. Pero no hay que pedir
peras al olmo. Ni sal a lo desaborido.
En 1579, el Premio Cervantes, a tocateja, le hubiera venido al pelo
a doña Leonor de Cortinas. Con los noventa y pico mil euros,
un maravedí sobre otro, hubiera podido pagar al fin el rescate
de su hijo. Miguel de Cervantes. A la sazón esclavo en Argel.
500 escudos de oro valían, tarín barín, 90.152,82€.
La exacta doblonada que se le abona al premiado de hoy. Se llame
Dulce María o don Álvaro. Por la fuerza del sino
La ceremonia de la confusión y hasta de la marrullería
cultural tiene su cresta en la distribución de laureles,
premios, medallas, copas, collares y otras chucherías. A
Cervantes (Ayo, poetón..., socarrón@) cuando se le
propuso que eligiera su lauro salió por peteneras. Se dio
de alta el 17 de abril de 1609 en la Hermandad de Esclavos del Santisimo
Sacramento. Sabrosa malicia de quien había vivido como tal.
Pero no del intangible sacramento, sino del “inexorable y
sodomita rey de Argel”.
Esta ceremonia desde tiempos de Cervantes la vienen celebrando todos
los regímenes. Es la glorieta cervantina. La ritualizan con
tantos pompones y forrajeras como involuntario humor. Este rito,
con su niebla meona de incienso y su polvo de confites, permite
a los mandamases realizar, disfrazados de consoladores de los desconsolados,
su verdadero proyecto: Meter en vereda a los rebeldes.
El 9 de enero de 1947, el antiguo régimen se sirvió
del mismísimo Manuel de Falla para celebrar la ceremonia.
El país, estaba en deuda con el músico. En 1905 el
compositor se había ganado el derecho de estrenar en el Teatro
Real de Madrid su ópera La vida breve. Durante nueve años,
los talibanes de nuestra cultura lo impidieron. No sin antes exigirle
la traducción del libreto al italiano. Falla, hastiado de
esta Alarga historia de
La vida breve@, atravesó los Pirineos. Pronto vio al fin
su ópera representada. Y triunfalmente en París, en
enero de 1914. A su muerte un faraónico funeral recorrió
el Atlántico, como una Armada invencible. Desde Buenos Aires
a Cádiz. Y a la postre, nos lo metieron a los españolitos
de a pie como cebada al rabo. En nuestros bolsillos con billetes
de 100 pesetas.
La madre de Cervantes, para rescatar a su hijo se dirigió
a los mandamasas. Disfrazada de viuda para entapujar a su impresentable
y pusilánime marido. Mandamases a los cuales un bledo les
importaba que Cervantes se pudriera en Argel. O Cernuda en México
Distrito Federal.
Cervantes empieza a escribir El Quijote a los cincuenta y cinco
años. En una prisión española Adonde toda incomodidad
tiene su asiento@. )Hubiera encontrado arrestos para escribir su
novela si le hubieran otorgado el Cervantes? El Aquijotismo no es
compatible con el éxito@, anunció calzando puntos
el poeta Luis Rosales. Al fin y al cabo los borregueros pánicos
e hispánicos fomentaron la rabia tranquila de Cervantes.
Como siempre estimularon las rebeldes vocaciones de los escritores
y artistas más heterodoxos y quijotescos de la tierra.
Si un premio gordo de la literatura hubiera existido en el siglo
XVII no hubiera extrañado a nadie que lo ganara don Alfonso
Fernández de Avellaneda, autor del falso don Quijote. Cervantes
no lo hubiera merecido.
F.Arrabal, París 2005

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