Sumario. Libros. Reseña.
  Memoria de mis putas tristes
 

Gabriel García Márquez

 

Mondadori 2004

 

El interior de lo interno

Nacho Fernández

Hacer la reseña de este libro en el Valle Sagrado de los Incas al atardecer, es sentir toda la fuerza narrativa del mejor Márquez. Una vieja estación, vendedores en el anden, estoy sentado en la cocina de una posada rural llamada El Albergue esperando la llegada del tren que me llevará al Machu Pichu, el entorno es sin duda el sitio ideal para describir la impresionante belleza de este texto. El maestro colombiano vuelve abrir el tarro de las esencias en este relato corto que funciona como novela por el peso de su testimonio. Hablar del talento, de la expresión poética, de la medida del tiempo y del enjambre que es capaz de urdir el escritor, es decir lo que todos sabemos: nos encontramos ante un monstruo de la literatura que traspasa el siglo XXI en plenitud de forma creativa. Los viejos sueños de Gabo resucitan y es más Márquez que nunca. Al afilado tino de “sus” términos, la conjugación especial, su sensibilidad descriptiva, el aroma contenido de una profundidad que parece leve, el gran dominio musical del lenguaje, la descripción minimalista que se convierte en barroca cuando desea y que a renglón seguido es la línea de un colegial, hace que el argumento -aun siendo sencillo- resulte conmovedor, sugerente y nítido. De nuevo el autor colombiano se bambolea por las ventanas de su memoria, dejándonos un rastro de toda su vida. Personajes que hundieron su razón de ser en pasiones. Paisajes colindantes con su arraigo: puertos, barcos, fiestas, putas, olores y sabores de un país en llamas. Autocritico con su tiempo, ácido y desconsiderado, Gabo ataca el amor desde una perspectiva nihilista. El viejo escritor de columnas de un diario local se enfrenta a su vejez -y a su propia muerte- en un duelo con su juventud mental. Se compromete y sufre escribiendo textos para demostrar que la vida no es un trayecto, sino una ilusión, que emboca en uno cuando nadie sabe, quizás a la edad tardía. No hay coqueteo con la pederastia, muy al contrario, el deseo por una niña sume al nonagenario protagonista en un viaje a la senectud viva desde la atracción romántica, protectora y consecuentemente paternalista. En todo caso es la inversa, un ataque directo a sus limitaciones físicas e intelectuales, que él resuelve con maestría. Nunca hay escenas de sexo explicitas y recurre sólo a la edad de la adolescente como punto referencial de los limites del amor, en su caso de los extrarradios de la pasión obscena. Márquez entrona su relato en un ejercicio de purísima y catártica actitud vital. El interior de lo interno. El periodismo funciona como motor de la narración. El autor vuelve hacer un homenaje a lo que es su gran pasión: los diarios olvidados, a los periodistas corrientes con los medios más modestos, a las figuras inalcanzables de una redacción en tránsito. Estupenda metáfora de la sociedad donde todos caben con suficiencias o exageraciones. “Mustio Collado” como le llamaban sus ex alumnos, narra en primera persona sus noventa años de vida. Es feliz a su manera, melómano, sentimental, profesor de renuncia, cobarde ante su compromiso, egoísta, lector y putero. Es la imagen de un compendio de vidas arrasado por su nostalgia; la madre al fin pura decepción, su finísimo papa, las mujeres que le perdieron, las que amó y nunca llegó a confesar y las que le quisieron en secreto. Apuesto por su fealdad y glorioso por su haz de entrepierna. El niño anciano fagocita su infancia en las última paginas del libro en menos de tres párrafos. Admirable. El burlador burlado por su propia inspiración. Lean este libro es un vademécum de cualquiera de nuestras vidas y ahí esta.