| Javier Lorenzo tiene 44 años y es periodista. Aunque empezó a trabajar en la radio, en la Cadena SER, pasó a escribir en El Mundo, que era lo que realmente quería hacer. Porque escribir es una de sus muchas pasiones, algo que ha hecho desde que tiene uso de razón. Además de ésta, su primera novela, ha escrito guiones para televisión y publicó “La España hortera” , un ensayo prologado por Luis Carandell.
Casado, y con dos hijos, dice escribir desde que tiene uso de razón, pero también se dedica a otras muchas actividades de lo más variopintas. Entre ellas, es árbitro internacional de esgrima, deporte en el que fue campeón de España júnior en 1980 al florete y miembro de la selección nacional durante cinco años. Ahora sólo practica el pádel, aunque confiesa que ha tenido que superar ciertos prejuicios para jugarlo. Otra de sus aficiones es “enredar por Internet”, del que destaca lo sugerente del anonimato que proporciona.
“El último soldurio” , su primera novela, publicada por Planeta, es una apasionante recreación de una época convulsa, el siglo I a.C, cuando la Península Ibérica era aún un conjunto de tribus que peleaban entre sí y se resistían a perder sus tradiciones y su identidad a manos del ejército y la civilización de Roma.
P.- Tengo entendido que esta es su primera novela. ¿Por qué iniciarse en la literatura con un personaje como Corocotta? ¿Quién era Corocotta y por qué decidió contar su historia?
R.- Leí por primera vez algo sobre Corocotta cuando yo era un adolescente y me llamó muchísimo la atención que fuera tan loco como para presentarse a cobrar la recompensa que ofrecían por él. Pensé entonces que me encontraba –aunque el paralelismo sea un tanto infantil, si se quiere- ante el Astérix español. Era un héroe olvidado y alguien tenía que contar su historia. Para mí es un acto de justicia literaria, por decirlo de algún modo. Si hubiera sido galo o britano o germano ya habría decenas de películas y libros sobre él.
P.- ¿Es una novela histórica o pura ficción?
R.- Es ficción en lo que se refiere a las experiencias personales del protagonista, pero por lo demás se ajusta con todo rigor y pulcritud a los hechos históricos. Creo que cualquiera que lea la novela y conozca un poco la época podrá corroborarlo.
P.- ¿Qué fuentes ha utilizado para la documentación?
R.- Los clásicos, por supuesto: Homero, Estrabón, Dion Casio, Floro y Julio César especialmente. También las investigaciones y publicaciones de contemporáneos como Joaquín González Echegaray, Eduardo Peralta o Eutimio Martino.
P.- ¿Qué ha querido contar en esta novela?
R.- En primer lugar, como es lógico, lo que pudo haber sido la vida de Corocotta, un héroe hasta hoy minusvalorado. Y en segundo lugar, quise reflejar la existencia y el derrumbe de la España prerromana. De la España que aún no se llamaba Hispania. Es una época apasionante, pues supone un cambio radical en las costumbres y en la política, cuando desaparece el matriarcado y se empiezan a levantar los pilares de una nueva civilización.
P.- ¿Ve alguna similitud entre la Hispania del siglo I a.C. y la España actual? ¿Y entre los hispanos?
R.- Algunos valores, como el de la hospitalidad, siguen vigentes. Otros, como del honor a la palabra dada, han caído más en desuso. Por otra parte, la existencia de múltiples identidades sobre la Península sigue siendo uno de nuestros mayores tesoros, aunque algunos lo interpreten de un modo bastante reduccionista y patriotero.
P.- ¿Por qué cree que gusta tanto la novela histórica en nuestros días? ¿Quizá porque el presente nos gusta cada vez menos?
R.- Es posible. ¿Cuáles son los héroes de hoy? Los de Gran Hermano, algún cantante de moda, quizás algún actor. En cambio, en épocas pasadas el ser un héroe -el tener fama entre los tuyos- resultaba mucho más difícil y quienes lo lograban realmente eran ejemplos a seguir. Hasta los malvados causaban admiración. Hoy es todo mucho más superficial y ridículo.
P.- Sus autores favoritos y sus referentes literarios.
R.- Stendhal, Kafka, Herman Hesse, García Márquez... Por referirme a los que más me marcaron. Cada novela que he leído ha aportado algo a mi vida. En ese sentido, todas son referentes.
P.- ¿Cómo ve la literatura española actual?
R.- Siempre hay cosas interesantes que leer en España. No obstante, cada vez me interesa menos la que podríamos denominar como "literatura de sentimientos". Bueno, no es que me interese menos, es que me aburre soberanamente. Yo creo que en una novela tienen que pasar cosas en cada página. Las elucubraciones, el estado anímico y las relaciones afectivas de los personajes me importan un pimiento si no influyen directamente en la acción. Para mí tienen que estar subordinadas a la acción, no ser protagonistas.
P.- ¿Tiene algún nuevo proyecto literario entre manos?
R.- Sí. Después de darle muchas vueltas, finalmente he empezado otra novela histórica. Si en “El último soldurio” las mujeres tienen una gran importancia, en la que estoy escribiendo cobran un protagonismo fundamental.
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