Sumario. Libros. Reseña.
  Mi nombre es rojo
 

Mercedes Díaz Villarías

 

Editorial Plurabelle

 

Guillermo Ruiz Villagordo

La obra de Mercedes Díaz Villarías es una pura alucinación. Y no me refiero sólo a “Mi nombre es rojo” sino a toda su obra poética, manantial de deleite estético a través de la conjuración suicida del dolor más o menos velado. Las alucinaciones, que desde luego son productos de la fantasía, están compuestas por elementos reales que se distorsionan, se extreman, se relacionan más o menos absurdamente en apariencia. Tal y como hay grados en las alucinaciones, así los encontramos en sus tres entregas poéticas. Si en “Enviada especial” es ella misma como personaje poético quien se revela a través de un diálogo angustiante, por el tiovivo de esperanza/desesperanza que deposita en él, con un Dios con unas aristas sádicas muy particulares que recuerdan al de un Blas de Otero, en “Finlandia” el mismo personaje, adoptando una postura de falsa serenidad, constantemente al borde de una tensa resignación, realiza apuntes diversos sobre un entorno ad hoc como es el del gélido país del norte y su ambiente a propósito para ejercicios espirituales masoquistas.

En “Mi nombre es rojo” la poeta, lejos de desvanecerse (su poesía necesita de su visión presencial para adquirir la contundencia que la hace tan atrayente y adictiva), se encarna en diversos personajes femeninos que representan en otra instancia un ramillete de símbolos, condiciones y perspectivas. El lector se encuentra con un abrumador laberinto cifrado de referencias que crean una impresión de complejidad e irracionalidad que cada lectura va haciendo más clara, más transparente. De hecho, ahí radica uno de los alicientes del libro, en revisar las entrañas de los poemas y aislar las imágenes propuestas. Sólo así llegaremos a un segundo nivel de lectura de este libro que admite lecturas prácticamente infinitas, que sólo los libros de verdadero valor ofrecen. Quien conozca la trayectoria vital de Isadora Duncan comprobará esto en el poema “Temblando en mis zapatillas. Isadora D.” , o en “Un manantial de sangre con la forma de una chica. Björk.” quien conozca los elementos del imaginario de la cantante. A veces sus personajes son muñecos que sirven como ejemplo de una posición frente a la vida y el mundo (¿no es lo mismo?), como en los poemas contrapuestos “Garbage: plumas, cuchillas y la boca seca. Shirley M.” y “My loneliness me está matando. Britney S.” . El nexo general es una observación penetrante, dulce y agria, que da un beso para regalar inmediatamente una bofetada. Poesía inédita y necesaria.

Las palabras de Mercedes, como dije más arriba, tienen algo que se echa mucho de menos en la poesía española última: fuerza, firmeza, una afirmación a pesar de y por la negación irreductible, que constituyen el vórtice desde el que contemplar el caos que rodea al huracán, localización especial desde la que sólo una realidad descoyuntada que quiebre cualquier molde puede impedir caer en la locura absoluta. Es asimilar la barbarie cotidiana con sus mismas técnicas, sobrevivir al enemigo convirtiéndose en él, entenderlo para derrotarlo.

Aquí está la voz de Mercedes desnuda para que te apropies de ella el tiempo que quieras. Será una experiencia única. La decisión es tuya.