Sumario. Entrevistas.

Pedro Ugarte

" Cada vez tendemos más a habitar en cápsulas vitales, pero que se relacionan con las demás cápsulas por meros intereses "

Marta Santos

Pedro Ugarte. Bilbao, 1963 . Abogado y economista, pero siempre ha trabajado como responsable de prensa, columnista o colaborador en programas radiofónicos. Es autor de dos poemarios, “ Incendios y amenazas” (Premio Nervión) y “ El falso fugitivo” , y de una obra narrativa compuesta por libros como “ Los traficantes de palabras” , “ Noticia de tierras improbables” , “ Manual para extranjeros” , “ La isla de Komodo” , “ Una ciudad del norte” y “Materiales para una expedicion” . También es autor de una “ Historia de Bilbao” . Su primera novela “ Los cuerpos de las nadadoras” , fue finalista del Premio Herralde de Novela en 1996 y obtuvo al año siguiente el Premio Euskadi de Literatura. Ganador al mejor libro inédito de los Premios NH de relatos cortos, 2002 con su obra “ Guerras privadas” . Ganador del Premio Lengua de Trapo de Narrativa 2004 con “ Casi inocentes” .

P: Como en “Los cuerpos de las nadadoras” , en el protagonista de “Casi inocentes” parece reconocerse la voz del propio autor. ¿Ha trabajado en esta novela con material autobiográfico?

R: Casi siempre escribo en primera persona, pero eso no quiere decir que mi biografía encaje en la de mis personajes. En mis primeras novelas había bastante material autobiográfico pero en “Casi inocentes” ese material es mucho menor. Aunque el hecho de ser padre me movió a pensar en ciertas cosas, la trama de la novela es completamente imaginaria. Quiero creer que si mis personajes suscitan esa clase de comentarios (una textura autobiográfica) es porque no están del todo mal construidos.

P: Hay una reflexión sobre la crisis de la familia de tono nostálgico pero, al mismo tiempo, presenta usted las relaciones familiares y de pareja como algo doloroso, “esa carga social”. ¿Cuál es su opinión sobre la pareja y la familia actual? ¿Cómo ve la evolución?

R: En la familia está lo mejor de lo mejor del ser humano, y lo peor de lo peor también. En ella los afectos sí son verdaderamente desinteresados y también es cierto que la familia supone la mayoría de las veces un colchón económico, cosa que hoy muchos jóvenes perciben, habida cuenta de lo mal que se han puesto las cosas para ellos. Otra cuestión es que la familia resulta al mismo tiempo un teatro absolutamente sórdido donde circulan viejas heridas, resentimientos, humillaciones, subordinaciones... y toda clase de malas sensaciones que quepa imaginar.

P: El protagonista parece inmerso en una crisis de edad. El paso del tiempo y la relación con su padre enfermo... Para usted ¿qué hay de positivo en la juventud y qué cosas se aprecian mejor con el paso de los años?

R: El paso del tiempo es algo irreparable y, en mi opinión, buena parte de la creación artística a lo largo de la historia de la humanidad se explica por ese torpe intento de resistirse al tiempo, de “hacer algo” que invalide su implacable transcurso. Hay una idea muy frecuentada, pero creo que, como la mayoría de las ideas frecuentadas, suele ser verdad: el paso del tiempo te hace más sabio, te ayuda a ser más prudente o a disfrutar mejor de las pequeñas cosas. Muchos decimos que nos gustaría volver a ser jóvenes pero “sabiendo lo que sabemos ahora”, tampoco en otro caso. En cuanto a la juventud, muy posiblemente tenga una sola virtud, pero que resulta embriagadora: la juventud es bella.

P: La relación del padre con el inmigrante que salva a su hijo está marcada por el sentimiento de deuda moral y los dobles sentidos. ¿Ha pretendido reflejar la incomunicación actual? ¿Es su novela una fábula sobre el deterioro del tejido social?

R: En “Casi inocentes” quería también tratar, siquiera de modo tangencial, el problema de la inmigración. Creo que lo he hecho con cierta dignidad, y al margen de demagogias y lenguajes más o menos correctos. Por otra parte, es obvio que hay un deterioro del tejido social. Cada vez tendemos más a habitar en cápsulas vitales, pero que se relacionan con las demás cápsulas por meros intereses.

P: Usted es autor de relatos. Como escritor, ¿qué le aporta escribir cuento? ¿Se encuentra más a gusto en la distancia corta o en la larga?

R: Me gusta decir a veces, puesto a provocar, que soy sobre todo un escritor de cuentos. Entonces siempre surge alguien que pregunta por qué escribo novelas. Es asombroso, lo que ocurre con el cuento es asombroso: un desprecio olímpico, una injustificable minusvaloración, una omisión vasta, sumaria y casi unánime. Yo no conozco a ningún novelista a quien se le pidan explicaciones por escribir cuentos. ¿Por qué debe ocurrir al revés?

P: Es un escritor muy reconocido en el País Vasco. ¿Le parece que vivir lejos de las grandes ciudades ha dificultado su promoción como autor a nivel nacional? ¿O eso no le preocupa?

R: Entiendo que su pregunta, con discreto cariño, elude la parte más descarnada: ¿por qué es más reconocido en el País Vasco que a nivel nacional? Y eso que hace muchos años que edito en Madrid y en Barcelona, en editoriales de prestigio, y a menudo acompañado de premios no menos prestigiosos. La verdad, creo que vivir en la periferia, en este país culturalmente bicéfalo, sí supone muchos obstáculos y que salir adelante exige un esfuerzo sobreañadido, con relación a los que habitan allá donde se cocinan los intereses. Pero, la verdad, ni pienso moverme de donde vivo, ni dedicar a esa cuestión más energías que las que merece.

 

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