Sumario. Opinión. Colaboraciones
 

Tantos Félix y un mechero

 
Jesús Alonso, Miembro de la Cátedra del Círculo Cultural Faroni
 
   

Volaba el año 91 y un servidor que, ya hacía más de una década que había empezado a leer a Jaime Gil de Biedma, tenía el detalle consigo mismo de olvidar aquellos versos del poeta barcelonés en los que avisaba, con insoportable lucidez, que las gracias resultan truculentas cuando se tienen más de treinta años.


Miguel Angel Cuadri, Jesús Alonso, Landero. Foto: Ferva.

Fue el 91 un año de mucha sed. Por aquel entonces, un presuntamente ingenioso grupo de amigos habíamos instituido el premio Guadiana. Se otorgaba, una vez al mes, a aquella persona que demostraba que la adolescencia tiene, como el río, la característica de acabar rebrotando después de un periodo de disimulo subterráneo. No hay que decir que fue un premio muy disputado.

Sigamos la corriente. Durante el otoño del 91 habíamos bebido el caudal del Ebro e íbamos camino del Tajo. Muchas de aquellas noches yo salía acompañado por una pareja de amigos entonces felizmente casada, Nacho y Eva.

Fue en una de aquellas noches cuando una Eva eufórica me habló de “Juegos de la edad tardía”, de Luis Landero. Todas las noches que salimos, y fueron muchas, Nacho y, sobre todo, Eva me fueron contando historias de una novela que yo me negaba a leer porque por aquel entonces yo seguía un largo cursillo intensivo, recetado por el poeta Félix Alonso-Bartol en el año 86, con el objetivo de podar el barroquismo de mi prosa. En el año 91 ya había leído y anotado más de cien novelas negras, había aprendido unas diez o quince citas de cada una de ellas y las soltaba cuándo y dónde podía. Así, que si bien es cierto que había dejado de ser barroco, me había convertido en un insoportable y efectista. El efectismo, y no la envidia, es el mal de España.

•  ¿Fumas?

•  Sólo cuando tengo un cigarro entre los labios.

•  Hola ¿qué tal?

•  Que estoy vivo es evidente, que lo esté tres segundos más no puedo por menos de dudarlo.

•  ¿Pedimos un gin-tonic a medias?

•  Las medias sólo son buenas para las piernas.

A las novelas negras recetadas por el poeta salmantino le había añadido yo, por mi cuenta, una amplia cosecha de relatos y novelas de escritores norteamericanos militantes del realismo sucio, del realismo aseado y de toda gama de realismos. Se puede decir que me estaba convirtiendo en el realista por antonomasia si bien lo más real que me pasó por aquella época fue un esguince de tobillo que se me produjo en Alba de Tormes por hacer una gracia con el brazo incorrupto de Santa Teresa.

Volvamos al redil, Nacho y, sobre todo, Eva se habían empeñado en que leyera, saltándome mi dieta literaria, “Juegos de la edad tardía”. Ella me daba argumentos variados y convincentes, pero en ninguno ponía tanto énfasis como en el de los burros: “todos los burros se llaman Félix. Como no vas a leer una novela en la que todos los burros se llaman Félix.

•  Ya, pero ¿Y si me hace recaer en el barroco?, -argumentaba yo aterrorizado-. He invertido tanto tiempo en mi tratamiento...

•  No es una novela barroca.

•  Ya, pero es que vosotros no tenéis el mismo concepto de barroco que yo. ¿Tiene algún adjetivo?

Era tan contrario a la floritura que por estrategia estética y por amistad me había hecho seguidor del CD Eibar, el equipo de fútbol menos barroco del mundo, que ya por entonces militaba en la Segunda División del Fútbol Español. Mi amigo, el eibarrés Félix Achótegui, me había convencido de que después de seguir al Eibar, equipo que despreciaba la hojarasca y el centrocampismo, ya nunca podría regresar al barroco. Achótegui me enseño el himno: “El Eibar tiene un once valiente y campeón. El Eibar tiene un once valiente y campeón. Ánimo pues, ánimo pues, que la victoria, que la victoria, que la victoria nuestra es.”: Y me regalo un encendedor negro con el escudo del equipo y con un slogan “A PRIMERA” que había estampando otro eibarrés, el rotulista Félix Borumburu, la persona más ocurrente que he conocido. A Borumburu le preguntaron un día por la época del pasado a la que le gustaría volver. El ni se inmutó. “Me gustaría volver a hace 10 minutos”, contestó, “porque tengo unas ganas de ir al baño que no me puedo aguantar y hace diez minutos estaba en el bar de la Cultu que tiene unos servicios limpísimos”.

Pues bien, una noche de muchas copas y mucho tabaco y muchos “Juegos de la edad tardía” y muchos burros, todos llamados Félix, Eva vio mi encendedor y me propuso un trueque: el encendedor, que por entonces ya tenía poco gas, por un ejemplar de “Juegos de la edad tardía”. Dos noches después acepté. El trueque fue premonitorio tanto para Eva como para mí. La novela de Landero me liberó, al menos hasta hoy, de la obsesión antibarroca e incluso de la intención de ser escritor. Leyendo a Landero vi que el puesto estaba bien cubierto, incluso en España, y comprendí que si quería ofrecer algo a la literatura lo mejor era seguir siendo lector. Es sin duda, una de las decisiones más felices de mi vida y me siento orgulloso de ella, sobre todo, en esas reuniones en las que se juntan muchos escritores, unos temblando de éditos y otros de inéditos. Sólo una vez cometí el pecadillo de la creación. Fue a finales de 1993. Félix Alonso-Bartol, con quien entonces compartía piso, me dejó un recorte de prensa del diario “El País”. Era la convocatoria del I PREMIO INTERNACIONAL DE RELATOS HIPERBREVES, convocado por “El Círculo Cultural Faroni”, una entidad filantrópica-literaria inspirada en apasionadas lecturas de “Juegos de la edad tardía”. Había que presentar un solo relato y no superar las 15 líneas. De algo me sirvió mi dieta antibarroca: Me hice acreedor a un accésit que me otorgó, de su mano, el maestro Landero con un cuento titulado “Siempre hay un motivo para salir a beber”. La llamada en la que me comunicaban el premio fue recogida por el eibarrés Félix Iceta, que aquel día estaba de paso en mi casa. Félix Iceta había sido compañero de pupitre de Félix Achótegui, el que me regaló el encendedor, durante toda la educación primaria y secundaria. Gracias a ese premiado cuento de siete líneas y media jugué a ser es impostor de escritor durante un largo tiempo. Un par de años después ocupé, tras dura oposición, la silla f minúscula en “El Círculo Cultural Faroni”. El tema de la conferencia de mi ingreso llevó por titulo “Definición y el elogio de la impostura”. Todos los años ejerzo como jurado antibarroco en el PREMIO INTERNACIONAL DE RELATOS HIPERBREVE que preside Luis Landero.

Eva y Nacho siguen felizmente casados, si bien no entre ellos. Eva, tras un periodo de soltería se casó, tras un largo y renacentista noviazgo, con el eibarrés Félix Iceta. Hace unos días me comentó que aún conserva el encendedor del Eibar (el slogan “A PRIMERA” sigue teniendo validez. El equipo continúa en segunda, si bien su fútbol se ha hecho más exquisito, como mis gustos.)

Yo, a veces pienso en escribir algo de provecho, pero gracias a mi fuerte voluntad venzo la tentación. Desde que nacieron los niños, Félix y Felisa, leo menos. Aún así, encuentro tiempo para volver con frecuencia a “Juegos...”, su prosa conserva el mismo afán de ascenso. Mi último ideal es fundar con Dacio Gil una Círculo Internacional de la Empatía que se integre en el Círculo Cultural Faroni.

Feliz aniversario.

JESÚS ALONSO es miembro del C. C. F y ostenta el sillón f minúscula. Guionista del programa de televisión española "La Aventura del Saber"(TVE 1)

 

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