| El suicidio es un buen antídoto contra la novela rosa por entregas que es la vida. ¿De qué sirve esperar lo que nunca habrá de aparecer en lo no nacido, si en lo presente no puedes disfrutar de las mínimas pertenencias que se dicen tuyas? ¿De qué sirve pensar, por ejemplo, "mañana intentaré ser feliz" si la felicidad no depende por completo de tus propias decisiones? ¿Para qué molestarse en buscar una persona no ogro si a la vuelta de la esquina ya está devorándote? Y, después de todo, ¿en qué crees? ¿Acaso estás ahora, ya vencido por los años, en plena disposición de dar un átomo de tu vida por alguien? ¿Por qué motivo has de seguir vislumbrando la esperanza si ahí fuera está cayendo un chaparrón de aquí te espero ?
No, creedme, no hay salidas, sino tan sólo rendijas aparentes que muestran la oscuridad de otros túneles y galerías interminables. Los sabios sí que entendieron la amargura en su justa medida, y por entenderla acabaron suicidándose.
Yo invito a todo el mundo a suicidarse como prueba de solidaridad con el ser humano, especie, en la actualidad, de muy dudosa existencia en nuestro planeta.
(Extensión de una lectura a vuela vista de Ciorán)
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