Sumario. Opinión. Repóquer de damas

Así nos va, ¿así nos irá?

 

Elena Medel

 
   

Damos la bienvenida a la escritora Elena Medel, que a partir de hoy formará parte del equipo en nuestro Poquer de Damas. Ahora pasa a llamarse Repoquer de Damas. 5 mujeres escritoras turnandose mes a mes con sus opiniones literarias. Gracias Elena por estar con nosotros.

La mirada engaña: apariencia perdida, realidad fija en un punto concreto. La barbilla se apoya, con descuido, sobre la mano. Y un libro. Un libro sobre la mesa, proyectado en su origen como personaje secundario de la historia, pero acaparando la atención con su luz. Es la ilustración de portada del ensayo de Laura Freixas “Literatura y mujeres” . Se cumplen cuatro años de la publicación en Destino de una obra clave, por su posición explícita y reivindicativa, para la reciente literatura española. Un libro que actualizó problemas y planteó soluciones, ejerciendo de sal para la herida, extrayendo de las hemerotecas y las aulas vacías asuntos cruciales para quienes escribimos, hombre o mujer ante el teclado. En “Literatura y mujeres” , Laura Freixas demostró que los argumentos se sostienen con validez aunque se prescinda de tecnicismos no registrados por la RAE. Supo investigar, pensar, y exponerlo sin altivez léxica, transmitiendo un apasionamiento necesario entre tanta aséptica teoría.

Han pasado cuatro años desde la irrupción en las librerías de “Literatura y mujeres” ; cuatro años que son infelizmente contradictorios. Si en este tiempo el mercado editorial —qué se vende, qué se escribe, qué se publica— ha virado en más de una ocasión, las situaciones planteadas por Laura Freixas permanecen inamovibles. Los medios de comunicación, las propias editoriales, empujan a la imprenta un falso boom de la literatura femenina: proclaman que somos mayoría en los catálogos, en los premios, en las listas de ventas. Colocan fotografías en las portadas, y nombres en los primeros párrafos de cada reportaje. Un mural color de rosa que frena el sentido común.

Lo real es que las obras de narrativa escritas por mujeres no alcanzan a significar ni una cuarta parte de lo que se publica en nuestro país. La cifra es sensiblemente menor en cuanto a poesía; y en los casos de ensayo y teatro, las estadísticas provocan pesadillas. La pasada bonanza en los premios literarios comerciales —Planeta, Nadal, etcétera; los que reconocen obras inéditas, en resumen— es hoy un espejismo, y los premios institucionales continúan estancados en esa inaccesibilidad nunca abandonada. El escaso número de mujeres que ejercen la crítica literaria se corresponde, casualmente, con el escaso número de reseñas a libros escritos por mujeres, unos artículos que —por otra parte— se apresuran a identificar “literatura femenina” —mujer que escribe sobre mujeres, oh pecado— con “literatura light”, novelitas para la hora de la siesta, sin sustancia. ¿Qué factor impulsa este aparente fenómeno? La visibilidad mediática, me temo: una mujer vende más revistas, multiplica el juego de los pies de página, es un soplo de aire fresco en un panorama aletargado por bigotes y corbatas. En definitiva, su imagen —no aquello que escribe, sino aquello que representa— aporta novedad.

“Literatura y mujeres” abrió los ojos a un puñado de maniquíes con bolígrafo, de fotogénica sonrisa y escalofrío ante la grabadora. ¿Existe la literatura femenina? Balbuceos, negaciones, tópicos: «sólo hay buena y mala literatura». Sólo hay buena y mala literatura para quien se niega a reconocer unos rasgos comunes, unas inquietudes compartidas, una realidad histórica cuyo descubrimiento se logra con leer un poco; para quien posa, para quien no desea ser consciente de que su público es mayoritariamente femenino, como si las lectoras devaluaran la calidad del libro y los lectores la elevasen. Entonemos, pues, el mea culpa : la responsabilidad del cambio debe ser nuestra. Me niego a interpretar esa respuesta estándar, el «sólo hay buena y mala literatura» tan extendido en cuestionarios y conversaciones de café, como un gesto de hipocresía, como un intento de negar la propia condición femenina. Ni mucho menos. La concibo como una coraza, una manera de sortear los hipotéticos obstáculos que surgirían de una posición concienciada. Porque responder «sí, existe una literatura femenina» es tirar piedras a nuestra nueva casa, demasiado enclavada en una urbanización machista. Un ejemplo; aquí adopto la autobiografía, el yo estuve allí , porque fui testigo. El microcosmos literario ríe, cómplice, ante un escritor joven que se jacta de escoger repertorios distintos, muy marcados, para sus lecturas: uno, elevado y críptico, para el público barbudo y erudito, y otro, más facilito y sentimental, para las señoras de pueblo. Él dijo señoras de pueblo , y yo no supe cómo responder; en ese momento, preferí ignorar la estupidez de ese supuesto hombre del nuevo milenio. Así nos va, así nos irá.

Si “Literatura y mujeres” se hubiese publicado en otro país, hablaríamos de un libro polémico, comentado hasta la saciedad, protagonista de todos los escaparates, vigente cuatro años después. Es un ejemplo brillante de divulgación y lucidez, transmite al gran público una investigación, una reflexión de la que te sientes partícipe a las pocas páginas. ¿La lástima? Estamos en España. Contradigan las costumbres, busquen este ensayo si no lo leyeron en su día. Lo dicho: así nos va, así nos irá. Cambiemos el chip, o el barco se hunde.

Literaturas.com