| Estar
en una terraza, asistir a un partido de baloncesto, leer un periódico
en un parque o tomarse una copa en un bar... son “Producciones
de Presencia”, es decir, la nueva definición de Cultura
de masas moderna, según la sociología del momento
que, cómo no, ha nacido en Estados Unidos. Hay que reconocer
una cosa, y es que para esto de las denominaciones los norteamericanos
son únicos: desde los Yuppies a los Singles, los Bobos o
los Neocom la terminología verbal de la cultura anglosajona
es muy creativa. O muy simple, según se mire. Si hablamos
de los Brighteness, los post9/11 o los Metrosexuales, el abanico
de concepciones que definen conductas sociales es ilimitado, o casi.
Nuestra cultura -la Latina y nos entendemos, ¿vale?- adopta
formas emocionales pero solo en la traducción de términos
para definir causas o cosas. Qué poco influimos en su idioma
–el inglés- a la hora de exportar términos y
qué poca fusión existe entre el castellano de España
y el de Ecuador, por poner dos ejemplos de simbiosis social en grandes
ciudades en nuestro país. El flujo de ecuatorianos aquí
es el más amplio de América Latina y no llegan con
la intención de vivir en Europa –ahora con 25 destinos
para elegir-, no, sino a España como concepto vital. Imaginemos
que todos los emigrantes mexicanos solo quisieran llegar a Texas,
por ejemplo, para quedarse y vivir, ¿sentirían preocupación
los gobiernos por este flujo tan intenso a un solo punto? La revista
“Foreign Policy” (marzo-abril 2004) publicó un
articulo de Samuel P. Huntington titulado “The Hispanic Challenge”
sobre la emigración del continente sudamericano y hablaba
precisamente de los mexicanos. El autor del “polémico”
reportaje daba una serie de razones, muy escasas por cierto, para
acabar diciendo que en veinte años casi desaparecería
el inglés, pero no solo eso, también el modelo de
vida evolucionado que llevaron los primeros colonos ingleses a EE.UU.
¿Deben temer los norteamericanos esta llegada de espaldas
mojadas a sus confines? Sinceramente creo que no.
De la fusión de lenguajes especializados entre ambos idiomas
resultan neologismos que funcionan solo en estatus muy dinámicos
de la cultura urbana global. Ahora también nos llega el termino
“Deslocalizacion”, que toda la vida ha sido la fuga
de empresa a países de mano de obra más barata. La
terminología social ha sido creada también por el
poder, o quizá haya sido a la inversa; así Guerra
preventiva, Daños colaterales o Armas de destrucción
masiva se han colado en el lenguaje habitual de los medios de comunicación
de masas, dando pie a un nuevo diccionario de términos en
boga que es capaz de utilizar desde el mensajero que lleva el sobre
a la oficina hasta el director de una sucursal de banco. ¿Crece
el lenguaje?, ¿se suavizan los términos o es una nueva
redefinición de la comunicación informativa? No lo
sabemos pero estas palabras se han instalado en los grupos de poder,
en multinacionales, en la clase política y en los medios
de comunicación. Ver los interesantes artículos del
número Junio 2004 de la revista Letras Libres sobre “Perversiones
del lenguaje” de los autores José Luis Pardo, José
Antonio Millán, Maite Rico y Santiago González.
“Producciones de Presencia”, como se titula este articulo,
son los acontecimientos del mundo cultural relacionados más
con las emociones que con la literatura. Traemos un caso de producciones
de presencia en este número de Literaturas.com: un reportaje
de investigación sobre los Premios Literarios en España;
hemos analizado cuatro de novela, dos de cuentos y dos de poesía,
todos ellos de una cuantía tan desorbitada y generosa que
no se por qué aún los escritores de todo el mundo
-incluyendo anglosajones- no recalan en estos caladeros literarios,
más tipo Bingo Literario o El Superescriturón . Sabido
es que seria inútil que con un texto bajo plica los grandes
escritores de la Historia -aunque el mismísimo Carver, Poe
o Fitzgerald se levantaran de sus tumbas- pudieran hacer algo por
llevarse el talonazo a casa. Hemos preguntado a las editoriales,
a los agentes y a los escritores que han ganado estos premios no
con afán de crítica ni de revancha, solamente como
un ejercicio de investigación periodística de nuestro
entorno. Estas son también producciones de presencia: la
presentación de un texto a un premio literario; si no, que
se lo digan al chaval que hace 5 copias para un premio y las remite
desde Buenos Aires o La Paz. Queríamos dar a conocer que
es inútil que los escritores desconocidos, anónimos,
sin presencia de producción puedan tener acceso al trono
de los elegidos. Los premios literarios deberían ser plataformas
de promoción y descubrimiento de nuevos autores, el C.V de
escritor modesto, la puerta de entrada a las revista literarias
para que puedan escribir, a las editoriales, al triangulo ELL (editor,
librería, lector). Es curioso que ahora hasta los premios
más modestos los pueden ganar autores con tres o cuatro libros
en sus manos, muchas veces por la presión que ejercen los
agentes literarios, que proponen a los organizadores que, para que
el certamen tenga éxito en los medios y repercusión
social, un nombre de su escudería se encarga de presentar
un titulo o una narración, naturalmente con el consentimiento
del autor, que deja el trabajo sucio a su comisionista, el agente.
Así, cientos de pueblos de nuestra península se embarcan
en certámenes literarios de todo tipo, se confunden al considerar
la convocatoria por sí misma como un elemento de dinamización
cultural, y acaban sumidos -los organizadores- en la profunda depresión
del escaso “éxito” por los textos que reciben
y la mala calidad de los mismos, sin contar con la formación
de los jurados que emiten su testimonio de calidad: siempre está
el concejal/a de cultura, como si eso fuera un garante de profesionalidad
sin mácula. Sólo es una mirada al ombligo, más
propia de un país tercermundista que del país que
invento la novela de caballería moderna. España es
el país del mundo que posiblemente más premios literarios
tiene en relación con su escaso índice de lectura.
Somos una potencia editorial pero un desierto de superficie lectora.
¿Dónde queda la oportunidad de todos aquellos que
se asoman tímida y anónimamente a esta suerte de plaza
de toros llena de matadores pero con total ausencia de novilleros?;
si no hay plazas donde torear ¿como saldrán nuevas
figuras? Quizás el símil no es muy afortunado y pido
disculpas a los conservacionistas -también a los de los animales
de lidia-, pero de alguna manera defender la limpieza de los premios
literarios es una suerte de conservacionismo en donde nadie o muy
pocos militan.
Las empresas editoriales que convocan su premio tienen todo el
derecho del mundo a otorgarlo a quien quieran, sólo faltaría
que hubiera guardianes de ética en premios literarios, hasta
aquí nada que objetar. Lo que creo no es razonable es la
convocatoria del premio. ¿Por qué el premio 100 millones
no se convoca entre los 10 escritores que, por ejemplo, más
han vendido en los últimos tres años? El premio 100
de este año se lo han encargado a TF; el creador tendrá
que esmerarse porque hay mucha gente esperando que TF demuestra
las razones para haber sido el invitado o el elegido por la editorial.
O que se haga el concurso entre escritores de la misma editorial
en una suerte de “motivemos al escritor que presente el mejor
trabajo”. ¿Qué sentido tiene decir que se han
recibido originales de todas partes del mundo, hasta 700 novelas
de 300 folios, y luego el premio se lo lleva un autor de renombre?
No entiendo esta política de compensación... ah, que
es eso, la compensación; entonces hemos desvelado uno de
los misterios de todo esto. No te pago adelantos de derechos por
tu próximo libro y a cambio te doy el premio. Pongamos los
robapaginas sobre la mesa.
El joven escritor que ha creado su novela se lanza al envío
de sus pertenencias literarias con la ilusión de un rehén
a punto de ser liberado, pero ese testamento literario –no
siempre de calidad, es cierto- queda engullido en la trama del premio
y acaba resultando un recurso más –encima- para decir
que el certamen tiene éxito por el numero de manuscritos
recibidos. Estas son Producciones de Presencia. Soy pesimista en
este punto y creo que la filosofía de los premios tal como
la entendemos ahora seguirá por mucho tiempo, otra cosa es
que en el futuro las bases de participación, los jurados,
las editoriales y los agentes traten de acordar estructuras mínimas
para un desarrollo racional de este tipo de certámenes. No
creo, sinceramente, que aumentar especulativamente el montante de
los premios dé ni más categoría ni mejor obra
ni, por supuesto, más lectores. Lectores que cada vez perciben
más claramente el montaje económico comercial que
se desarrolla a sus espaldas y que poco a poco están consiguiendo
desestabilizar este Todo a Cien literario. Como dicen los publicitarios
de una cadena de tiendas informáticas en España y
que podemos aplicar al lector: ¡YO NO SOY TONTO!
Ignacio Fernández es Director-editor de Literaturas.com.
Oct 04
nachofernandez@literaturas.com
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