Sumario. Opinión. Educomanía
 

Palabra de América

 

 
   

Se hacía necesario poner un poco de orden dentro del mundo de las letras en Hispanoamérica, sobremanera ahora que el boom lleva camino de ser revisado como movimiento literario y social. Y con ese empeño se reunieron en Junio del 2003 un nutrido grupo de jóvenes escritores latinoamericanos, herederos todos de aquella corriente pero reacios a que les comparen con los Márquez, Llosa o Sábato. No estuvieron todos los que son, pero cierto es que ninguno de los que asistieron a aquel Encuentro desmereció las ausencias. Todos portaban un bagaje intelectual que les colocaba en la órbita del nuevo milenio, eran jóvenes y tenían una gran carrera por delante. Pero a los Volpi, Mendoza, Franco, Gamboa, Padilla Iwasaki, Garcés, Paz Soldán, Rivera Garza e Iván Thays, incluyendo al prologuista del volumen que surgió de aquella reunión, Guillermo Cabrera Infante, el destino aún les tenía reservado un triste epílogo. El décimo, el que de algún modo iniciara la ruptura muchos años atrás, el gran animador al que literaturas.com tuvo la fortuna de conocer y entrevistar, fallecería pocos meses después. Porque Roberto Bolaño fue algo más que un escritor y ya presagiara su final al dejar inacabada la ponencia “Sevilla me mata”, literaturas.com ha preguntado a algunos de los participantes en aquel congreso por el boom, la literatura del boom y los herederos del boom. Estas son sus respuestas, las de Gonzalo Garcés, Fernando Iwasaki, Cristina Rivera Garza, Rodrigo Fresan, José Edmundo Paz-Soldan y Tulio Stella.

     Ignacio Algarín González 'Libro y teléfono móvil'

GONZALO GARCÉS

Estamos  ante una nueva generación de escritores latinoamericanos, posiblemente de las  más ricas de los últimos tiempos. ¿Se les puede considerar herederos del boom de los años sesenta y  setenta?

Algunos editores y algunos escritores fomentan este tipo de agrupación. Respeto sus esfuerzos; probablemente yo mismo sacaré algún beneficio de ellos. Pero tengo derecho a decir que me incomodan. La verdad es que no veo qué hacemos los escritores opinando sobre ese tema. ¿Por qué no se juntan los críticos, más unos cuantos profesores e historiadores de la literatura, y tratan de sacar algo en limpio? ¿Cómo pueden los propios interesados decidir? Y con esto no quiero decir que un escritor debe limitarse a escribir ficciones, que le esté vedado salir al ruedo. Pero al ruedo se sale a matar, no a decir "Miradme, leedme, que os juro que soy de las generaciones más ricas de los últimos tiempos." Matar significa, por ejemplo, imponer un modo diferente de leer. Un sistema de valores literarios hostil al que impera. Una relectura insolente de los clásicos o de los contemporáneos. Un reordenamiento de jerarquías. Cosas que Borges hizo con urbanidad y Bolaño hacía a garrotazos. Que Piglia hace con el cerebro y Fernando Vallejo con la glándula biliar. El tiempo dirá si el éxito les sonríe. Y, si fallan, al menos habrán eludido la postura indecorosa del empresario que jura que su nuevo Lavol lava más limpio.

¿Qué creen que les une y qué les diferencia con  aquellos?

No tengo idea. Dicho sea en honor de los demás participantes, creo que la mayoría tampoco tenía idea. Con esto no pretendo denostar iniciativas como la del encuentro de Sevilla; Dios sabe que los escritores pasan demasiado tiempo solos, que les falta sol, buena conversación, un cambio de aires. Aquella semana se cuenta entre las mejores de mi vida, y mi gratitud es total. No obstante, me parece cuestión de probidad señalar esta paradoja: doce escritores que, si en algo estuvieron de acuerdo, fue en que la literatura latinoamericana es una etiqueta y que queremos ser leídos como individuos; y que, sin embargo, para decir eso vamos a un encuentro de escritores latinoamericanos.

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FERNANDO IWASAKI

¿ Estamos ante una nueva generación de escritores latinoamericanos, posiblemente de las más ricas de los últimos tiempos. ¿Se les puede considerar herederos del boom de los años sesenta y setenta?

No soy muy proclive a hablar de "generaciones", pues pienso que una antología no hace una generación, sino el conjunto de una obra. Y al menos -en mi caso- no creo haber publicado todavía un libro que esté a la altura de los de Volpi, Fresán, Gamboa, Padilla y por supuesto
Bolaño. Y en lo que respecta a ser "herederos" del Boom, quizás lo seamos, aunque no más que Muñoz Molina, Enrique Vila-Matas, Ignacio Martínez de Pisón o Eduardo Mendicutti.


¿Qué creen que les une y qué les diferencia con aquellos?

Los autores del Boom nos enseñaron que un escritor debe inventar su tradición y que esa tradición no tiene por qué ser "nacional". Las novelas de Vargas Llosa no existirían sin las de Faulkner, los cuentos de Cortázar suponen los de Poe, el mundo de García Márquez proviene del mundo de Hemingway y la literatura de Fuentes tiene una deuda muy grande con Proust y Henry James. Los autores del Boom abrieron unos cauces por los que hoy discurre torrente la nueva literatura hispanoamericana. Nos une la literatura y nos diferencia la lectura que
cada uno hace para seguir escribiendo.

 

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CRISTINA RIVERA GARZA

Estamos ante una nueva generación de escritores latinoamericanos, posiblemente de las más ricas de los últimos tiempos. ¿Se les puede considerar herederos del boom de los años sesenta y setenta?

Todo escritor "hereda" lo que lee--lo hace ya sea críticamente, con
distancia, con admiración, con imprudencia. el boom, por otra parte, es un
fenómeno, como muchos, histórico e irrepetible.

¿Qué creen que les une y qué les diferencia con aquellos?

La experiencia de la lectura, por supuesto, siempre une. pero hay entre esaépoca y ésta al menos dos eventos que marcan diferencias ineludibles: la revolución digital y la caída del muro de berlín. el mundo, que siempre es otro, es efectivamente otro. las escrituras, para bien o para mal, también.

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RODRIGO FRESÁN

Estamos ante una nueva generación de escritores latinoamericanos, posiblemente de las más ricas de los últimos tiempos. ¿Se les puede considerar herederos del boom de los años sesenta y setenta?

Si he recibido alguna herencia, todavía estoy esperando la llamada del abogado. Ahora en serio: las comparaciones no sólo son odiosas: también son poco eficaces. Y los escritores escriben para no parecerse a otros escritores, creo. Se sueña con la autonomía, con la diferencia, con las ganas de estar muy solo y muy bien acompañado por los propios personajes. El resto, descubrir el supuesto lugar que se ocupa o no en una determinada tradición, es el trabajo de arqueólogos, académicos, editores, y periodistas.

¿Qué creen que les une y qué les diferencia con aquellos?

Tal vez la principal diferencia sea la ausencia del factor político como elemento integrador. América --para bien o para mal-- ya no es lo que era. Lo que nos une es, en realidad, la única unión posible y verdadera entre dos o más narradores: la necesidad casi patológica de contar historias.

 

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JOSÉ EDMUNDO PAZ-SOLDÁN

Estamos ante una nueva generación de escritores latinoamericanos, posiblemente de las m‡s ricas de los últimos tiempos. Se les puede considerar herederos del boom de los años sesenta y setenta?

 Sin duda. Nosotros aprendimos a escribir leyendo a los escritores del Boom. Si bien la influencia del Boom a ratos resultó negativa para escritores de posteriores generaciones, pues los abrumó con el peso de tantas obras de primer nivel, quizás lo que nos ayuda como generación es que ya no necesitamos competir con los escritores del Boom. Son nuestros clásicos y aprendemos de ellos.

¿Qué creen que les une y qué les diferencia con aquellos?

Nos une, creo, la ambición narrativa. Quizás no haya tanta pirotecnia lingüística, pero sí hay un deseo similar de innovación formal y temática. La principal diferencia consiste en que si bien los escritores del Boom estaban sobre todo muy interesados en escribir grandes novelas totalizadoras que alegorizaban el destino de una región, un país o un continente, creo que nosotros no estamos tan interesados en asociar literatura y nación. Creo que tenemos más libertad para explorar otras geografías narrativas. Pero eso se debe, claro, a que los escritores del Boom fueron grandes responsables, juntos a los modernistas, a los vanguardistas, a Borges, en abrir esa puerta. Parafraseando a Borges, estamos muy conscientes de que nuestra tradición es el universo.

 

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TULIO STELLA

Estamos ante una nueva generación de escritores latinoamericanos, posiblemente de las más ricas de los últimos tiempos. ¿Se les puede considerar herederos del boom de los años sesenta y setenta?

No. No hay herederos. Pero hay herencia: La herencia posible quizás sea el interés que despertaron los autores del boom, que dejaron, podríamos decir, una puerta entreabierta para acceder a lectores y editoriales más allá de Latinoamérica. 

¿Qué creen que les une y qué les diferencia con aquellos?


Los une solo el idioma, y la contingencia geográfica. Los diferencia todo el resto. Entre las diferencias más importantes están que para los escritores de los sesenta y setenta (dentro o fuera del boom) la experimentación, la búsqueda formal estaba unida a una intención ética, que en esa epoca se denominaba "compromiso" o "voluntad de denuncia y cambio". En sus obras se buscaba una "densidad" estética, una ambición creativa, a veces desmesurada, que se presentaba como absolutamente desinteresada por el mercado, el
marketing o las ventas globalizadas; un mundo editorial que, además, estaba apenas en sus comienzos. Otra diferencia que, creo, es destacable, es que para los escritores de los sesenta y setenta, la gran influencia "previa" venía de la literatura y del cine mundial. Hoy siento que para las nuevas generaciones de escritores la gran influencia, el espíritu del tiempo, proviene del cine norteamericano, la televisión y sus lenguajes, el video clip, Internet, el rock o la música pop.  Para sintetizarlo en una frase, podríamos decir que se pasó del optimismo de la voluntad al pesimismo de la razón... Y aquí está, tal vez, la gran diferencia.

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