De cuentos hay antologías de todo tipo y criterio, y ahora sale a las librerías y kioscos, en edición de bolsillo, la “Antología del Cuento Triste” , realizada por Augusto Monterroso y Bárbara Jacobs. Si se me permite el chiste, conociendo las inclinaciones de Monterroso ésta debería ser una antología mínima, breve, escueta y, por tanto, perfecta, como es la escritura del maestro. Pero no. El libro es voluminoso e incluye veinticuatro cuentos escogidos por la pareja Monterroso-Jacobs con un criterio subjetivo, como admiten en el prefacio.
Todos los cuentos incluidos en esta selección son tristes, como lo son el 99 por ciento de los cuentos que se han escrito desde que el hombre empezó a garabatear con una piedra picuda sobre otra piedra para contar hazañas de caza, como lo es el 99 por ciento de la literatura en general, porque la literatura es triste (¿es triste la vida, en general?). Hay pocos cuentos alegres, por tanto, así que Monterroso tuvo que desechar pocos y elegir entre muchos y eligió estos, que hay que leer obligatoriamente y sin excusa, porque el criterio literario del escritor guatemalteco es la Biblia para algunos, entre los que me incluyo. En fin, todo se resume en que si eso le gustaba a Monterroso eso debía ser bueno.
Aquí está el clásico “Bartleby” , de Melville, o “La Cigarra” , del maestro Chejov, junto con cuentos de gente a la que yo no conocía, lo confieso, como René Marqués o Grace Paley, cuyo cuento es triste, tristísimo. Que falte gente como Aldecoa, con sus cuentos tristes y esperanzados, o Carver, con los suyos sin esperanza, por citar a clásicos del relato, es lo más normal. No todos pueden estar cuando hay tanto donde elegir. Pero todos los que están lo son. Cuentos tristes. Cuentos buenos.
Martín Peña
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