Sumario. Entrevistas.

Entrevista a Fernando Iwasaki

"La literatura de terror nace de las pesadillas completas de un niño en coma"

Por Luis García

Estamos de buena cosecha. A las ya conocidas “ Pequeñas resistencias” o “Por favor sea breve”, también editadas por Páginas de Espuma, y a las publicaciones con cuenta gotas, pero siempre esperadas, de libros de microrrelatos de autores como Eduardo Galeano, se une ahora una maravillosa colección de pequeñas especies literarias firmadas por Fernando Iwasaki, que vienen a sazonar un género siempre respetado pero excesivamente olvidado.

-Presenta “Ajuar funerario” , en donde homenajea por partida doble al género del microrrelato y a la literatura fantástica.... ¿Vivimos tiempos dulces para el género breve?

- No creo que sean más dulces que hace unos cuantos años, cuando los lectores españoles descubrieron los cuentos de Cortázar, Borges, Ribeyro y Monterroso. Siempre se han publicado estupendos libros de relatos en España, pero quizás ahora existen editoriales y colecciones que apuestan de una manera más rotunda por este género. Y eso sí supone una diferencia.

-¿Se encuentra mas a gusto en las distancias cortas que en la novela?

- Son registros distintos que exigen tramas, atmósferas y personajes diferentes, pero no mucho más. Después de todo, el trabajo de un narrador se valora por el conjunto de su obra y en esa bolsa cotizan los relatos, las novelas, los prólogos, los ensayos y hasta los artículos.

-Porque creo haber leído en algún sitio que su reivindicación del cuento le viene de antaño...

- Desde adolescente admiré y leí a Poe, Lovecraft, Cortázar, Ribeyro y Borges. ¿Cómo no iba a escribir cuentos? Mis comienzos como escritor fueron los relatos reunidos en «Tres noches de corbata», un libro que publiqué en Lima en 1987 después de vender la cocina y la nevera. Publicar en Perú no era fácil y el cuento es un género que en América Latina mantiene un gran prestigio. La primera edición de aquel libro se agotó entre mis amigos y estudiantes universitarios y hubo incluso una segunda tirada que ya corrió por cuenta del editor y entonces no sólo volvimos a comer caliente, sino también fresquito.

- Sin embargo son pocos los editores que se atreven a publicar libros de relatos, y ya no digamos de microrrelatos...

- Todas las grandes editoriales publican excelentes libros de relatos. Pienso en Alfaguara, Anagrama y Tusquets; pero las editoriales pequeñas pueden permitirse el lujo de arriesgar en sus apuestas y así algunos de los mejores volúmenes de cuentos de los últimos años han sido editados por sellos maravillosos como Pre-Textos, Lengua de Trapo y El Acantilado. Páginas de Espuma pertenece a esta nueva estirpe de editoriales pequeñas, exquisitas y ambiciosas.

- Háblenos de “Ajuar Funerario” , ¿cómo y cuándo nació como libro de relatos independiente?

-Las primeras imágenes me vinieron a la mente a comienzos de los noventa, después de advertir que en muy pocas líneas era posible producir desasosiego y escalofrío. Siempre he sido lector de literatura de terror y se me antojó asumir el doble reto de escribir un libro de micro-relatos y que todos esos micro-relatos fueran de terror.

- Leo en el prologo la justificación al título, y leo que está fechado en 1998... ¿tanto tiempo llevaba “Ajuar funerario” guardado en un cajón?

- “Ajuar funerario” no estaba guardado en un cajón. Simplemente me puse a escribir esas historias a lo largo de todos estos años, porque es imposible redactar un centón de minicuentos de miedo en pocos meses. A veces leía o escuchaba hablar a alguien y se me ocurría una historia nueva que anotaba en una libreta para reescribirla más tarde. Llevo años haciendo eso y he escrito algunas más después de entregar el manuscrito definitivo. No obstante, el título y el prólogo sí son del año 98, cuando Lengua de Trapo me solicitó un cuento de diez páginas para la antología “Líneas Aéreas” y se me ocurrió mandar diez de aquellas miniaturas siniestras. Más bien, en un cajón tengo guardado un libro de relatos eróticos titulado “Fricciones. Historias de ciencia-fricción” , que una editorial me solicitó en 1992, pero hubo «marcha atrás», «gatillazo» y el editor se «corrió». Literariamente fue un fracaso, aunque eróticamente fue un éxito.

-¿Qué o quién le animó a publicar ahora sus micrrorelatos?

- Los diez micro-relatos que aparecieron en “Líneas Aéreas” comenzaron a circular por Internet de una manera sorprendente, y cuando Andrés Neuman me pidió cuentos inéditos para “Pequeñas resistencias” y le pasé algunos inéditos de “Ajuar funerario” , me exhortó a publicarlos sin demora. Doy fe que Juan Casamayor no se «corrió».

- Posiblemente (corríjame si me equivoco) el microrrelato tiene una dificultad añadida, ya que no es fácil condensar en seis, siete líneas, tanta fuerza.... ¿De dónde le viene el cultivar el género?

- Creo que el micro-relato supone primero la oralidad, un contador de historias. El escritor interviene al final para miniar, limar y pulir esas miniaturas orales. Estos son mis primeros micro-relatos, pero no son mis primeras historias orales. No se me ocurre otra explicación.

- Algunos de ellos son especialmente inquietantes. Estoy pensando en “Peter Pan” o en “La cueva” , ¿seguirá Fernando Iwasaki por ese camino?

-La infancia es la edad de todos los terrores primordiales y el niño siempre es sujeto de terror. O el niño que fuimos o los niños que engendramos. “Peter Pan” y “La cueva” tienen como elemento común esa infancia terrorífica o aterradora, y me interesa explorar esos territorios. La literatura de terror nace de las pesadillas completas de un niño en coma.

-Porque soy de los que opinan que es necesaria una reivindicación del género, y que la literatura con mayúsculas se encuentra en los pequeños, pequeños espacios.... ¿Cree necesario un debate sobre el mismo?

-¿Y qué conseguiría el ganador del debate? Para mí “El Quijote” es una suma de relatos. Como la Biblia o los poemas homéricos, aunque no veo utilidad filológica o comercial en semejante discusión. Desde un punto de vista literario tal vez, pero no creo que el tema le interese a más de cuatro gatos, entre los que me cuento.

-¿Coincide con el dodecálogo del su colega Andrés Neuman?

- Con Neuman coincido hasta en los gustos musicales y futbolísticos. Le tengo una gran admiración y un cariño incondicional. Además, la suma de exilios de su itinerario familiar me recuerda mucho a los míos. En esta España de «cristianos viejos» resulta inverosímil ese batiburrillo argentino de alemanes, rusos, polacos, judíos, españoles y franceses. Mis hijas estudian en el colegio público de un pueblo jornalero de la vega sevillana y todos los años tienen que volver a contar una historia familiar que se extiende por Japón, Italia, Perú y España. Las pobres no tienen más narices que dedicarse a la literatura.

-Sus cuentos tienen algo de Allan Poe... ¿cierto?

-Leí los dos tomitos azules de Alianza cuando tenía 14 años. Todavía los conservo y me siguen admirando el prólogo de Cortázar, sus historias de terror y las primeras historias policiales que creó para Dupin, el primer detective razonador de la literatura. En 1997 visité su tumba en Baltimore y descubrí que está enterrado entre la familia Watson y la familia Holmes. Estoy seguro que Conan Doyle también las vio cuando arribó a Baltimore como parte de la tripulación de un ballenero. Escribí sobre aquello en Clarín , la revista de García Martín.

-¿Cuales son sus referentes literarios?

-Como ya he descubierto a mis mentores en respuestas anteriores, no quiero dejar de citar a los autores españoles que más aprecio: Álvaro Cunqueiro, Wenceslao Fernández-Flórez, Julio Camba y Enrique Jardiel Poncela. Entre los peruanos admiro a Vargas Llosa, Bryce Echenique y Julio Ramón Ribeyro. Y para completar el canon debo mencionar a Stendhal, Melville, Tolstoi y Eça de Queiroz. Pero también me considero afortunado por ser contemporáneo de Juan Bonilla, Fernando Royuela, Belén Gopegui, Rodrigo Fresán, Nuria Barrios, Felipe Benítez Reyes, Lola Beccaria, Juan Manuel de Prada, Espido Freire, Jorge Eduardo Benavides, Andrés Neuman, Ana María Fasce, Eduardo Jordá, Jorge Volpi, Javier Cercas e Ignacio Martínez de Pisón, entre otros. Me encanta saber que hay tanta gente talentosa que tiene mi edad y de quienes puedo aprender.

-¿Y qué le une y separa de sus colegas peruanos, Bayly, Vargas Llosa, Bryce Echenique... ?

-Mario y Alfredo son algo más que dos autores peruanos prestigiosos. Son personas a quienes admiro y aprecio tanto en lo literario como en lo personal. Y estos sentimientos los hago extensivos a Ernesto Sábato, Guillermo Cabrera Infante y Jorge Edwards. Con Jaime Bayly es distinto, pues ambos somos más próximos en edad y vivencias. Jaime tiene mucho talento y considero que “ Los últimos días de «La Prensa»” es una gran novela; pero también hay otros estupendos escritores peruanos como Alonso Cueto, Iván Thays, Carlos Herrera, Enrique Planas, Giovanna Pollarolo, Leyla Bartet y Jorge Eduardo Benavides, cuyas obras me encantaría que se conocieran tanto como las de Jaime Bayly.

-¿Qué está escribiendo actualmente Fernando Iwasaki ?

-Desde hace meses trabajo en una novela histórica que transcurre entre Lima y Sevilla a comienzos del siglo XVII, pero no descarto publicar otras cosas antes de terminarla.

 

 

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