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"Sonríe Delgado"
nació hace 14 años en una pizzería de Murcia.
Así lo cuenta su autor, Javier Puebla (Madrid, 1958), escritor,
periodista y director de cine, cuyas señas de identidad son
su impenitente sombrero, su imperdible diario, sus microrrelatos
y una sonrisa constante, tras la que quizás se encuentre
un tipo que sabe más de lo que cuenta. Excéntrico
y agradable, Puebla ha escrito una novela que no se lee. Se bebe.
Y como el buen whisky, es un gustazo para el lector.
-La novela transcurre por varios escenarios: Murcia, Barcelona,
Beirut. ¿A qué se debe esta continua traslación
de lugares?
-Porque yo siempre estoy en ningún sitio. Me pasaba en Murcia
y en todas partes. En Murcia yo jugaba a contarles que era igual
que Nueva York, porque además yo venía de allí.
Y es que los murcianos son muy acogedores, se comía como
en Nueva York... Y también me pareció una ciudad árabe,
así que durante algunos días estuve en Beirut sin
darme mucha cuenta.
-¿Qué le atrae del juego de identidades en el
que se basa toda la novela?
- Eso es un placer. Es lo que echas de menos cuando vives en un
sitio pequeño. En Madrid tienes el anonimato. Es muy divertido
ser muchas gentes y además si eres escritor también
puedes vivir muchas vidas. En este caso le dejé a mi personaje
que pudiera disfrutar siendo diferentes personajes.
-¿Por qué apenas hay personajes positivos? Los
hay ingenuos, pero en realidad me ha parecido una novela un tanto
misántropa.
-Es que yo creo que todos somos mezcla de ángel y demonio.
Incluso Frederic Traum, el protagonista, tiene su propia ética.
Con Alberto Delgado se porta muy bien. Le cuida mucho.
-En relación con las mujeres el retrato no es muy generoso
porque o son unas víboras, como Ana Camino y Raquel, o son
ingenuas, como Alicia.
-Alicia es demasiado tonta porque Frederic no quiere verla. Raquel,
sin embargo, sabe muy bien lo que quiere. Y sí me parece
muy buena gente, además de ser muy atractiva. Las mujeres
muy atractivas cuando se relacionan con los hombres siempre tienen
el plus de que los hombres nos hacemos un poco más tontos
cuando estamos con ellas. Luego, Ana Camino es también una
mujer luchadora. Ni es víbora ni es tonta. Yo creo que todos
participamos de todo. El más listo tiene puntos de tonto,
y el más tonto tiene puntos de brillantez y genialidad absoluta.
-La novela habla mucho de la desconfianza. Todos los personajes
desconfían de todos. ¿Esto por qué es así?
-Porque todos desconfiamos de todos. Hay mucha desconfianza en
el mundo, pero confianza casi ilimitada en uno mismo.
-¿De qué desconfía usted?
-Yo creo que todo esto es una gran farsa. Por ejemplo, Clinton
fue un buen presidente y, por una chorrada, la sociedad pacata en
la que estamos todos enmascarados se lo quiso cargar. Yo desconfío
de ese montaje hipócrita. A mí me gustaría
que a la gente se nos aceptase como somos, con nuestra parte buena
y nuestra parte mala.
-Frederic Traum llega a Barcelona convertido en Federico Bueno
y se comporta con Ana Camino tal y como lo hizo Alberto Delgado,
¿Por qué ella no llega nunca a sospechar nada?
-Porque ella sigue un patrón de conducta. Ella encuentra
a un chico ingenuo y lo explota. No considera a los hombres inteligentes.
Piensa que las mujeres son superiores a los hombres y que se les
maneja con facilidad a base de sexo o de hacerles bien la comida.
Así que se da cuenta al final.
-¿De dónde sale esa obsesión por las cámaras
de fotos que tiene Alberto Delgado?
-A mí me gustan mucho. La imagen es una forma de creatividad
al igual que la escritura. Yo estoy igual de cómodo rodando
una película y dirigiéndola que escribiendo una novela.
Son un poco el mismo lenguaje. La cámara es como la pluma.
Si la manejas con mucha fluidez, la cámara fija el momento
que quieres. También aplico el estómago a la cámara
así que con ella consigo lo mismo que con las palabras.
-La novela transcurre siempre al límite, pero el final
es un "happy end" total. ¿Por qué?
-Yo quiero que acabe bien porque lo que no acaba bien es la vida,
en general. A mí me apetece que cuando el lector acabe la
novela tenga un plus de energía y que durante un tiempo le
dure la sensación de que las cosas pueden acabar bien. Me
gustan los happy end porque la vida es dura y rara vez es un happy
end.
-"Sonríe, Delgado" se inscribe dentro
de la novela negra, ¿Por qué en los últimos
años han sido premiadas en el Nadal muchas novelas de este
género?
-Bueno, yo creo que esta novela no es negra sino urbana. Creo que
la realidad actual tiene mucho de novela negra. Todos somos personajes
de novela negra.
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