Sumario. Defensor del lector
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por
Benito Camela

Desde hace un tiempo, llegan a nuestra redacción e-mails, MSN y hasta cartas postales solicitando información no tanto sobre los contenidos de nuestra revista, sino sobre aspectos gramaticales y de léxico que plantean serias dudas entre los lectores. Es por ello que, siempre en nuestro papel de servicio público, en esta sección vamos a abordar algunas de las cuestiones relativas al correcto uso del lenguaje. Para ello, hemos solicitado la colaboración nada menos que de un monje trapense, fray Benito Camela, gran lector, mejor filólogo y mejor aún fabricante de licores, el cual, desde su retiro en un monasterio, muy gustosamente, se ha aprestado a esclarecer nuestra dudas. Este mes vamos a tratar sobre una expresión últimamente muy de moda...


Consulta 1

Mi persona y yo

Así como uno de los benefactores de este monasterio, don Elpidio Carmona, era de la firmísima opinión de que "al que no le guste el queso Roquefort es que es imbécil", y no admitía discusión alguna a este respecto, del mismo modo podemos lanzar la afirmación irrefutable de que uno de los síntomas más claros de estupidez humana es utilizar la expresión "mi persona" para referirse a uno mismo. O a uno propio, como diría de forma más antigua y hermosa nuestro padre prior.

Efectivamente, es costumbre en nuestros días, sobre todo cuando alguien se siente atacado, decir que hay un complot o una campaña "contra mi persona", y así se pronuncian lo mismo políticos que escritores, cineastas, actores, cantantes y gente de poco más o menos. De igual forma, opinan que algo es bueno o malo para su persona, dicen que de un suceso fue testigo presencial su persona o, ya en el colmo de la estulticia, son capaces de arrancarse con frases del estilo "iba mi persona paseando por la calle", "un perro mordió a mi persona" y otras por el estilo.

De todo lo cual, queridos lectores, debemos abstenernos, y procuraremos evitar su lectura, y de aquí en más tendremos por un auténtico tontaina a quienes tales "mi persona" diga en lugar de "yo" o de "mí" o de otros pronombres personales que para eso están en el lenguaje.

Porque imaginemos, amigos, que esta moda del personismo se expande... Sería terrible, sí, terrible, oír cómo los enamorados se sientan en los parques a deshojar margaritas mientras recitan la cantinela: ¿quiere a mi persona?, ¿no quiere a mi persona?; horrendo oír luego a estos mismos enamorados cómo, una vez decididos a declararse, le regalan por sorpresa un anillo a su prometida y le preguntan: ¿quieres casarte con mi persona? Espantoso escuchar, en el restaurante, al de la mesa de al lado que le dice al camarero: "a mi persona le va a traer un filete con patatas"; y espeluznante asistir a una consulta del médico en que éste le pregunte al paciente: "¿qué le duele a su persona?", y el enfermo conteste: "a mi persona le duele el coxis". O el calcáneo.

Dantesco será escuchar en las películas al general Custer cuando advierte, ante la súbita irrupción de varios indios: "Atacan a nuestras personas". Y así miles de ejemplos más.

Como el queso azul que tanto le gustaba a don Elpidio y sobre cuya bondad no admitía réplicas, así los viejos pronombres "yo", "mí", "me", conmigo" y tantos otros más pueden tener una apariencia poco atractiva, deslavazada, vieja, grosera, agusanada incluso, pero, eso sí, están llenos de sabor, de sustancia, de historia. Muy al contrario, estas nuevas formas de expresión, como el "mi persona", parecen más seductores a la vista y al oído, tienen mucha pompa y aparato, al menos son más largos, lo cual encandila a muchos necios que creen que hablar con muchas palabras es hablar mejor; pero en el fondo se trata de vocablos llenos de aire, inflados artificialmente, de cultivo transgénico y con menos sabor que un tomate de invernadero. Por tanto es mi consejo que no nos enredemos en estas cursilerías de personalidades y hablemos clara y francamente con los pronombres de toda la vida.

El próximo mes trataremos sobre la expresión "contra más", si está bien o mal dicha y las múltiples variedades que han surgido a raíz de ella.