Cuando
la soledad se disfraza de caos
Efraim Medina Reyes consiguió en 1997 el Premio Nacional
de Novela del Ministerio de Cultura de Colombia con la obra Érase
una vez el amor pero tuve que matarlo. Técnicas de
masturbación entre Batman y Robin es el último
libro de un autor al que una parte de la crítica ha llegado
a considerar el auténtico renovador de las letras colombianas.
La excesiva afición a las comparaciones, a los paralelismos
innecesarios entre autores, ha provocado que se haya denominado
al escritor de Cartagena de Indias con el nada acertado apelativo
de "el Bukowsky colombiano". En realidad, poco hay en
común entre las novelas del escritor norteamericano y los
libros de Medina Reyes, si exceptuamos su común utilización
de un lenguaje siempre directo, suburbano, obsceno en ocasiones,
o su mutuo interés por la marginalidad, por las historias
de perdedores, con el alcohol como elemento constante y estructurador
de la vida de los personajes, rasgos todos ellos que, por otra parte,
no son sólo definitorios del autor de Música de
cañerías, sino más bien de una importante
porción de escritores de la literatura contemporánea.
Resulta sorprendente el hecho de que, en un país como Colombia,
con unas tasas de criminalidad o de corrupción tan elevadas,
una novela pueda suscitar tanta polémica como la que ha levantado
la publicación de Técnicas de masturbación.
Efraim Medina Reyes es, de todas formas, un personaje singular y
contestatario; en sus intervenciones públicas, y en sus libros,
ha arremetido siempre no sólo contra los diversos estamentos
de la sociedad colombiana, sino también contra sus símbolos
más "intocables" como García Márquez
o Botero. Esta actitud, aparte de garantizar la polémica
constante en torno a sus declaraciones, le ha servido al autor como
un inestimable recurso publicitario para sus novelas.
Técnicas de masturbación entre Batman y Robin
nos sumerge en la historia de Sergio Bocafloja, un joven escritor
en busca de su identidad, en busca de un amor que lo salve, mientras
trata de superar el peso de un pasado que le abruma, rodeado de
otros personajes cuyas vidas también transcurren a la deriva,
en un mundo de excesos marcado por los altibajos propios de las
borracheras, las fiestas, las resacas
, un mundo complicado,
a medio camino entre la juventud y la madurez, enmarcado en una
sociedad y un escenario violento y caótico. La narración
fluye por las calles de Ciudad Inmóvil -denominación
bajo la cual se esconde la Cartagena natal del autor- y Bogotá,
por sus barrios marginales, por sus discotecas, por sus pensiones
más humildes, siempre con el mar sucio y deprimido de fondo.
Las complicadas relaciones del protagonista con su madre, con su
amigo Rep, el machista confeso que protagonizaba Érase una
vez el amor y sobre todo, con las diferentes mujeres con las que
entabla relación durante el texto, configuran el hilo argumental
de la novela.
Técnicas de Masturbación es, en el fondo,
una novela sobre la soledad, un libro sobre los devastadores efectos
del pasado y su recuerdo, en un grupo de personas cuya personalidad
ha sido construida, en gran parte, por los medios de comunicación,
dentro de una sociedad tan compleja y caótica como la colombiana,
siempre bajo la importante influencia mediática del vecino
yanquie. Y es también una novela sobre la difícil
búsqueda del afecto, una novela sobre el sexo, tratado siempre
con humor, con altas dosis de ironía, y con una clara amargura.
Una novela pop en la que el fútbol, el rock y las drogas
forman parte del paisaje cotidiano de los personajes.
Efraim Medina Reyes ha construido una novela collage, mezcla de
géneros y estilos, basada en la fragmentación y el
uso continuo de digresiones, en las que la voz del recuerdo toma
el protagonismo del libro. La trama no lineal nos obliga a veces
a volver atrás para completar la información. Los
diferentes apartados de la obra, aparentemente independientes entre
si, contribuyen a formar un todo común que da sentido al
texto. Encontramos una gran variedad de géneros y estilos
en los nueve apartados que integran la novela, desde el relato corto,
a la narración histórica más tradicional, la
novela epistolar, el guión cinematográfico
,
en todos ellos queda clara la inteligencia del autor, capaz de brindarnos
contundentes reflexiones, impregnadas casi siempre de pesimismo,
o de navegar a veces por las difíciles aguas de la prosa
poética.
Efraim consigue recrear una sensación de caos - en ocasiones
agotadora- para reflejar su visión del mundo que lo rodea.
Pese a sus intentos de ser original, rupturista, cuando la novela
alcanza mayor interés es cuando se mueve por los territorios
de la narración más convencional, dejando de lado
otras fórmulas más novedosas. Técnicas de
Masturbación es, en definitiva, un libro ameno, sorprendente
a veces, caótico e irregular en ocasiones, pero profundo
e interesante en la mayor parte de su recorrido.
Rafael Otero
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