Sumario. Papeles de K. 6ª entrega

Resumen de lo acontecido:
Dos intrépidos reporteros de Literaturas.com, M.A.Gara y E.Mercado, parten hacia Checoslovaquia y hacia Alemania respectivamente en busca de la que puede ser una de las noticias más impactantes del panorama literario: la existencia de unos supuestos papeles perdidos del gran escritor K. Una tarea en la que son coordinados, desde la redacción en Madrid, por M.Baquero. Así las cosas, pronto empiezan a complicarse: los redactores son perseguidos y hasta sufren extraños accidentes, las estancias en los países se prolongan, los viajes se hacen cada vez más largos y al fin todo acaba adquiriendo unos tintes extraños, absurdos, misteriosos...

 

A TRAVÉS DEL MUNDO

From: M. A. Gara (m.a.gara@literaturas.com)
To: M. Baquero (m.baquero@literaturas.com)
y E. Mercado (e.mercado@literaturas.com)

Queridos Baquero y Mercado:
Piso fuerte por las calles victorianas con el flamante paraguas que he tenido la prudencia de adquirir, y lo de prudente no lo digo por la lluvia, porque hace un sol de justicia. En realidad este paraguas es una efectiva y pavorosa arma. No hay más que accionar un resorte oculto en la empuñadura y se extrae fácilmente una afiladísima espada. Como os imaginaréis, no cometí el error de traer en el bolsillo la pistola tal y como están las cosas con los vuelos, la seguridad y todas esas vainas, así que la oculté en un escondite perfecto: el compartimento secreto de mi maleta. Cuando llegué me enteré, después de las interminables preguntas, cuestionarios e interrogatorios a que me sometieron en la aduana, que la maleta había sido interceptada y requisada, pero eso no es tan problemático ya que los objetos personales, pastillas y petacas, los porto siempre en mi bolsa de mano. Salí sin decir ni pío del aeropuerto y lo primero que hice al llegar al centro de la ciudad fue ir a Harrod´s y llevarme este fabuloso estoque en previsión de posibles aventuras y malentendidos.
Ya sé, ya sé que no es factible que vuelva a seguirme yo mismo por el inabarcable metro londinense, pero sabéis bien, y de hecho lo estáis comprobando en vuestras carnes, que los ardides del enemigo llegan de cualquier parte y obligan a tomar intrépidas decisiones en décimas de segundo. Como ahora, que he estado a punto de caerme del taburete cuando me ha rozado una rolliza y escotada dama.
A lo que vamos, llevo dos días en un bed & breakfast. El más barato que he encontrado por Chelsea, dada nuestra acostumbrada situación monetaria. La habitación que he tomado es pequeña y casi perfecta si no fuera por la inveterada costumbre de quitarse los zapatos que tienen los siete paquistaníes que duermen a mi derecha y los olores a fritanga de la familia de malayos de mi izquierda (sé que son de ese país por su piel cetrina y porque los niños juegan a clavar en las paredes unos puñales que me recuerdan a los de Sandokan) preparando la comida en un hornillo cerca de la pared. En el almuerzo del primer día me ofrecieron un plato de asaduras, estaban ricas pero en la cena decliné la invitación una vez los retortijones de estómago me permitieron hablar.
Ahora escribo desde un café de Charing Cross Road, frente a las puertas de Foyle´s, la que se cree la librería más grande del mundo. He venido aquí a conseguir documentación antes de ir a consultar a la médium. La entrada, con un guardia vestido de negro, falda y alabarda, inspira cierto respeto, así como la interminable hilera de ventanas enrejadas que finaliza cuando la perspectiva de la calle se hace un mero punto. Pero no me voy a dejar amilanar por las dificultades, de la misma manera que K. no se dejó vencer por el castillo al que, en su célebre novela, no conseguía acceder. Trataré de conseguir documentación y, si hay oportunidad, trataré también de averiguar sin delatarme qué o quién nos pone trabas en nuestra búsqueda.
Un abrazo:
M.A.Gara


From: M. Baquero (m.baquero@literaturas.com)
To: M. A. Gara (m.a.gara@literaturas.com)
y E. Mercado (e.mercado@literaturas.com)

Amigos y compañeros:
Os mando este correo desde un buque en mitad del Atlántico, a 40 grados con 5 minutos latitud norte, 42 grados con 8 minutos longitud oeste, a una distancia aproximada de 756 millas náuticas del cabo Race, en Terranova, 594 de la isla de Flores, la más al este del archipiélago de las Azores, y 1.080 del cabo Farvel, extremo meridional de la isla de Groenlandia. «¿Seguro que vamos bien por aquí?», le pregunto al capitán cuando, cada mañana, paso frente a la puerta de su camarote, entorno la puerta, asomo la cabeza y allí me le encuentro, compás en la mano, frente a un enorme mapa. Estamos navegando de bolina y a sotavento, a una velocidad media de 20 nudos; nuestra dirección es oeste cuarta al noroeste o, lo que es lo mismo, una cuarta a proa a través de babor. «¡Más rápido! ¡Dadle caña!», grito a los timoneles cuando, al menos dos veces al día, me paso a verles por el puesto de mando. El estado de la mar es marejada, con áreas de fuerte marejada; el viento sopla de Levante fuerza 4, con intervalos de 5 y amainando por la noche a fuerza 3; la presión atmosférica es alta, de 1.016, en situación estacionaria. «¿Falta mucho, señor contramaestre? Me aburro», suelo comentarle a este oficial cuando me lo encuentro en cubierta.
Al final, con todo esto, he conseguido mi propósito, y es que me dejen estar en la Sala de Mando y Comunicaciones del buque con mi portátil, conectado a Internet y todo lo que necesite, «pero usted no se mueva de ahí hasta que lleguemos a puerto», me reitera el contramaestre. «Y no moleste al del sónar», me apercibe, cuando ve que observo con curiosidad al marinero que tengo al lado y que, con unos cascos en la orejas, contempla parece que extasiado una pantalla verde llena de rayas blancas.
En fin, que gracias a mi insistencia es que puedo estar ahora mandándoos, vía satélite, correos electrónicos. ¿A dónde voy en este buque?, os preguntaréis. A Nueva York. ¿A Nueva York?, exclamaréis asombrados. Sí, a Nueva York, a la metrópoli del mundo, al lugar donde se deciden y por donde pasan todos los grandes negocios artísticos y culturales. Pero, ¿por qué a Nueva York? Por una serie de descubrimientos que he hecho en la obra y la biografía de K. que ya os contaré en próximos correos. ¿Y cómo es, os seguiréis preguntando, que viajo a Nueva York en barco y no en avión, que sería más rápido y más cómodo? Sí, en efecto, os seguiré respondiendo, pero también más caro, y yo, pese a la catarsis que he experimentado, todavía converso en mí interior algunos vestigios del severo administrador que fui. En realidad… ¿Qué?, me interrumpiréis. En realidad yo tenía pensado ir a América enrolado como marinero en un buque de pesca, de los que marchan a los bancos de Terranova a la captura del yellow finn. Así, además del pasaje, me ganaría un dinero, que nunca viene mal. ¿Y qué ocurrió, adivino vuestra próxima pregunta, para que cambiase de idea? Ocurrió sencillamente que el patrón no me consideraba apto. ¿Ah no?, ¿y por qué?, volveréis a preguntarme luego. Porque no. Pero, ¿no te dio algún motivo en concreto?, insistiréis. Sí me lo dio, pero dejemos este tema, será mi respuesta. Venga, hombre, ¿cuál fue?, seguiréis insistiendo. Dejadme en paz, contestaré yo. Anda, dínoslo.
Corto aquí la comunicación porque os estáis poniendo muy pesados con tantas preguntas. Un saludo:
M. Baquero

From: E. Mercado (e.mercado@literaturas.com)
To: M. Baquero (m.baquero@literaturas.com)
y M. A. Gara (m.a.gara@literaturas.com);
C.C.: Ignacio Fernández (i.fernandez@literaturas.com)

Estimado —por decir algo— M. Baquero:
Vaya por delante que tienes un morro que te lo pisas. ¡Pues no me estabas apretando las tuercas por la pasta y ahora nos sales despilfarrador, inconsciente y turista al uso, por no decir, al gasto!... La madre que te parió, M. Baquero... Mal camino llevas intentando hacer de manera tan cutre las Américas... ¡Pero si K. nunca estuvo en América, hombre! La América de K. transcurre exclusivamente en el desolado y brumoso continente de su imaginación.
Anda, un saludo, mamón y (en el fondo) suerte,
E. Mercado
P.D.: Y, por supuesto, puestos ya a despilfarrar, hago escala en Amsterdam antes de plantarme en Moscú. En la ciudad de los canales viven dos de las tres emes que más amo en este mundo: Marihuana y Mujeres. La tercera es Mercado; yo mismo, claro.


From: From: Ignacio. Fernández (i.fernandez@literaturas-.com)
To: M. A. Gara (m.a.gara@literaturas.com),
E. Mercado (e.mercado@literaturas.com)
y M. Baquero (m.baquero@literaturas.com)

AEstimados redactores de la vuelta al mundo por la patilla:
Bastantes problemas tenemos aquí en la redacción de la revista como para que cada mañana desayune con vuestros malos tonos de correos electrónicos cruzados. Para zanjar de una vez por todas este asunto, amigo E. Mercado, te comunico que la decisión de enviar a EEUU a M.Baquero ha sido mía; creo que la pista que seguimos en Uesei es buena y por eso esta allí. Quiero dejar claro que ha sido una decisión conjunta, cuyo resultado es que nos hemos quedado reducidos a un disminuido grupo de redactores, con Luis García al látigo de está galera llena de becarios. Es decir, que ando de un lado a otro de los ordenadores dándoles pistas acerca de por dónde seguir su trabajo diario. Así que no me toquéis los cojones y haya paz entre vosotros o cancelo la misión K. y os venís echando leches desde donde coño estéis. ¿Vale?, Espero no tener que volver escribir nada parecido y en este tono.
Cada uno a lo suyo. He autorizado al contable para que te remita los tres mil dólares y espero que hagas buen uso de ellos, incluyendo las medicinas que me ha comentado Baquero necesitas. Comprendo tu sufrimiento por esos páramos y entiendo que no hay farmacias abiertas a cualquier hora.
M.Gara, ten cuidado con los juguetitos que vistes en los capítulos de Ibañez Menta cuando eras niño y a buen seguro te dejaron marcado, me refiero a la serie-killer «Usted puede ser el asesino» y no vayas dando mucho el cante con el mortífero paraguas modelo descabello de Curro, que tanto morlaco ha dejado invalido; no quiero tener que empezar a pagar pólizas de seguros por vosotros; además, tu mujer —por cierto, puedes llamarla algún día— me dice que por cuánto tiempo es la misión encomendada y que dónde estás, le digo que es alto secreto y que tú contactarás con ella. Macho, que es tu mujer, llámala, que pagamos nosotros.
Por cierto, tus correos aquí nos llegan bien, cierto que con el teclado anglosajón algunas tildes caen y otras mueren pero por lo demás y conociendo tu estilo periodístico se logra entender.

Continuará