A TRAVÉS DEL MUNDO
From: M. A. Gara (m.a.gara@literaturas.com)
To: M. Baquero (m.baquero@literaturas.com)
y E. Mercado (e.mercado@literaturas.com)
Queridos Baquero y Mercado:
Piso fuerte por las calles victorianas con el flamante paraguas
que he tenido la prudencia de adquirir, y lo de prudente no lo digo
por la lluvia, porque hace un sol de justicia. En realidad este
paraguas es una efectiva y pavorosa arma. No hay más que
accionar un resorte oculto en la empuñadura y se extrae fácilmente
una afiladísima espada. Como os imaginaréis, no cometí
el error de traer en el bolsillo la pistola tal y como están
las cosas con los vuelos, la seguridad y todas esas vainas, así
que la oculté en un escondite perfecto: el compartimento
secreto de mi maleta. Cuando llegué me enteré, después
de las interminables preguntas, cuestionarios e interrogatorios
a que me sometieron en la aduana, que la maleta había sido
interceptada y requisada, pero eso no es tan problemático
ya que los objetos personales, pastillas y petacas, los porto siempre
en mi bolsa de mano. Salí sin decir ni pío del aeropuerto
y lo primero que hice al llegar al centro de la ciudad fue ir a
Harrod´s y llevarme este fabuloso estoque en previsión
de posibles aventuras y malentendidos.
Ya sé, ya sé que no es factible que vuelva a seguirme
yo mismo por el inabarcable metro londinense, pero sabéis
bien, y de hecho lo estáis comprobando en vuestras carnes,
que los ardides del enemigo llegan de cualquier parte y obligan
a tomar intrépidas decisiones en décimas de segundo.
Como ahora, que he estado a punto de caerme del taburete cuando
me ha rozado una rolliza y escotada dama.
A lo que vamos, llevo dos días en un bed & breakfast.
El más barato que he encontrado por Chelsea, dada nuestra
acostumbrada situación monetaria. La habitación que
he tomado es pequeña y casi perfecta si no fuera por la inveterada
costumbre de quitarse los zapatos que tienen los siete paquistaníes
que duermen a mi derecha y los olores a fritanga de la familia de
malayos de mi izquierda (sé que son de ese país por
su piel cetrina y porque los niños juegan a clavar en las
paredes unos puñales que me recuerdan a los de Sandokan)
preparando la comida en un hornillo cerca de la pared. En el almuerzo
del primer día me ofrecieron un plato de asaduras, estaban
ricas pero en la cena decliné la invitación una vez
los retortijones de estómago me permitieron hablar.
Ahora escribo desde un café de Charing Cross Road, frente
a las puertas de Foyle´s, la que se cree la librería
más grande del mundo. He venido aquí a conseguir documentación
antes de ir a consultar a la médium. La entrada, con un guardia
vestido de negro, falda y alabarda, inspira cierto respeto, así
como la interminable hilera de ventanas enrejadas que finaliza cuando
la perspectiva de la calle se hace un mero punto. Pero no me voy
a dejar amilanar por las dificultades, de la misma manera que K.
no se dejó vencer por el castillo al que, en su célebre
novela, no conseguía acceder. Trataré de conseguir
documentación y, si hay oportunidad, trataré también
de averiguar sin delatarme qué o quién nos pone trabas
en nuestra búsqueda.
Un abrazo:
M.A.Gara
From: M. Baquero (m.baquero@literaturas.com)
To: M. A. Gara (m.a.gara@literaturas.com)
y E. Mercado (e.mercado@literaturas.com)
Amigos y compañeros:
Os mando este correo desde un buque en mitad del Atlántico,
a 40 grados con 5 minutos latitud norte, 42 grados con 8 minutos
longitud oeste, a una distancia aproximada de 756 millas náuticas
del cabo Race, en Terranova, 594 de la isla de Flores, la más
al este del archipiélago de las Azores, y 1.080 del cabo
Farvel, extremo meridional de la isla de Groenlandia. «¿Seguro
que vamos bien por aquí?», le pregunto al capitán
cuando, cada mañana, paso frente a la puerta de su camarote,
entorno la puerta, asomo la cabeza y allí me le encuentro,
compás en la mano, frente a un enorme mapa. Estamos navegando
de bolina y a sotavento, a una velocidad media de 20 nudos; nuestra
dirección es oeste cuarta al noroeste o, lo que es lo mismo,
una cuarta a proa a través de babor. «¡Más
rápido! ¡Dadle caña!», grito a los timoneles
cuando, al menos dos veces al día, me paso a verles por el
puesto de mando. El estado de la mar es marejada, con áreas
de fuerte marejada; el viento sopla de Levante fuerza 4, con intervalos
de 5 y amainando por la noche a fuerza 3; la presión atmosférica
es alta, de 1.016, en situación estacionaria. «¿Falta
mucho, señor contramaestre? Me aburro», suelo comentarle
a este oficial cuando me lo encuentro en cubierta.
Al final, con todo esto, he conseguido mi propósito, y es
que me dejen estar en la Sala de Mando y Comunicaciones del buque
con mi portátil, conectado a Internet y todo lo que necesite,
«pero usted no se mueva de ahí hasta que lleguemos
a puerto», me reitera el contramaestre. «Y no moleste
al del sónar», me apercibe, cuando ve que observo con
curiosidad al marinero que tengo al lado y que, con unos cascos
en la orejas, contempla parece que extasiado una pantalla verde
llena de rayas blancas.
En fin, que gracias a mi insistencia es que puedo estar ahora mandándoos,
vía satélite, correos electrónicos. ¿A
dónde voy en este buque?, os preguntaréis. A Nueva
York. ¿A Nueva York?, exclamaréis asombrados. Sí,
a Nueva York, a la metrópoli del mundo, al lugar donde se
deciden y por donde pasan todos los grandes negocios artísticos
y culturales. Pero, ¿por qué a Nueva York? Por una
serie de descubrimientos que he hecho en la obra y la biografía
de K. que ya os contaré en próximos correos. ¿Y
cómo es, os seguiréis preguntando, que viajo a Nueva
York en barco y no en avión, que sería más
rápido y más cómodo? Sí, en efecto,
os seguiré respondiendo, pero también más caro,
y yo, pese a la catarsis que he experimentado, todavía converso
en mí interior algunos vestigios del severo administrador
que fui. En realidad… ¿Qué?, me interrumpiréis.
En realidad yo tenía pensado ir a América enrolado
como marinero en un buque de pesca, de los que marchan a los bancos
de Terranova a la captura del yellow finn. Así, además
del pasaje, me ganaría un dinero, que nunca viene mal. ¿Y
qué ocurrió, adivino vuestra próxima pregunta,
para que cambiase de idea? Ocurrió sencillamente que el patrón
no me consideraba apto. ¿Ah no?, ¿y por qué?,
volveréis a preguntarme luego. Porque no. Pero, ¿no
te dio algún motivo en concreto?, insistiréis. Sí
me lo dio, pero dejemos este tema, será mi respuesta. Venga,
hombre, ¿cuál fue?, seguiréis insistiendo.
Dejadme en paz, contestaré yo. Anda, dínoslo.
Corto aquí la comunicación porque os estáis
poniendo muy pesados con tantas preguntas. Un saludo:
M. Baquero
From: E. Mercado (e.mercado@literaturas.com)
To: M. Baquero (m.baquero@literaturas.com)
y M. A. Gara (m.a.gara@literaturas.com);
C.C.: Ignacio Fernández (i.fernandez@literaturas.com)
Estimado —por decir algo— M. Baquero:
Vaya por delante que tienes un morro que te lo pisas. ¡Pues
no me estabas apretando las tuercas por la pasta y ahora nos sales
despilfarrador, inconsciente y turista al uso, por no decir, al
gasto!... La madre que te parió, M. Baquero... Mal camino
llevas intentando hacer de manera tan cutre las Américas...
¡Pero si K. nunca estuvo en América, hombre! La América
de K. transcurre exclusivamente en el desolado y brumoso continente
de su imaginación.
Anda, un saludo, mamón y (en el fondo) suerte,
E. Mercado
P.D.: Y, por supuesto, puestos ya a despilfarrar,
hago escala en Amsterdam antes de plantarme en Moscú. En
la ciudad de los canales viven dos de las tres emes que más
amo en este mundo: Marihuana y Mujeres. La tercera es Mercado; yo
mismo, claro.
From: From: Ignacio. Fernández (i.fernandez@literaturas-.com)
To: M. A. Gara (m.a.gara@literaturas.com),
E. Mercado (e.mercado@literaturas.com)
y M. Baquero (m.baquero@literaturas.com)
AEstimados redactores de la vuelta al mundo por la patilla:
Bastantes problemas tenemos aquí en la redacción de
la revista como para que cada mañana desayune con vuestros
malos tonos de correos electrónicos cruzados. Para zanjar
de una vez por todas este asunto, amigo E. Mercado, te comunico
que la decisión de enviar a EEUU a M.Baquero ha sido mía;
creo que la pista que seguimos en Uesei es buena y por eso esta
allí. Quiero dejar claro que ha sido una decisión
conjunta, cuyo resultado es que nos hemos quedado reducidos a un
disminuido grupo de redactores, con Luis García al látigo
de está galera llena de becarios. Es decir, que ando de un
lado a otro de los ordenadores dándoles pistas acerca de
por dónde seguir su trabajo diario. Así que no me
toquéis los cojones y haya paz entre vosotros o cancelo la
misión K. y os venís echando leches desde donde coño
estéis. ¿Vale?, Espero no tener que volver escribir
nada parecido y en este tono.
Cada uno a lo suyo. He autorizado al contable para que te remita
los tres mil dólares y espero que hagas buen uso de ellos,
incluyendo las medicinas que me ha comentado Baquero necesitas.
Comprendo tu sufrimiento por esos páramos y entiendo que
no hay farmacias abiertas a cualquier hora.
M.Gara, ten cuidado con los juguetitos que vistes en los capítulos
de Ibañez Menta cuando eras niño y a buen seguro te
dejaron marcado, me refiero a la serie-killer «Usted puede
ser el asesino» y no vayas dando mucho el cante con el mortífero
paraguas modelo descabello de Curro, que tanto morlaco ha dejado
invalido; no quiero tener que empezar a pagar pólizas de
seguros por vosotros; además, tu mujer —por cierto,
puedes llamarla algún día— me dice que por cuánto
tiempo es la misión encomendada y que dónde estás,
le digo que es alto secreto y que tú contactarás con
ella. Macho, que es tu mujer, llámala, que pagamos nosotros.
Por cierto, tus correos aquí nos llegan bien, cierto que
con el teclado anglosajón algunas tildes caen y otras mueren
pero por lo demás y conociendo tu estilo periodístico
se logra entender.
Continuará
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