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"El musical debería ser asumido por teatros públicos"
Marcos Ordóñez Por Paula Corroto*

Marcos Ordoñez 1957. Es escritor y periodista. Es profesor de Guión en la Universitat Pompeu Fabra y de Teatro Contemporáneo, Guión y Crítica Teatral en el Intitut del teatre. Ha trabajado en diferentes diarios y revistas como El correo Catalán, ABC, Avui, Ajoblanco, Fotogramas. Actualmente colabora en el diario El País como crítico de teatro. Como escritor tiene en su haber más de una docena de libros publicados de narrativa, ensayo y teatro. Entre sus obras destacan El signo de los tiempos (1988); A cualquiera puede sucederle (1990); La esencia del guaguancó (1991); La noche de Eldorado (1991); Una vuelta por el Rialto (1994), Rancho Aparte (mención especial del jurado Premio Nadal (1997), La bestia anda suelta (1997) , la recopilación de sus críticas teatrales Molta comèdia (1996), Tarzán en Acapulco (2001).

El crítico de teatro y escritor Marcos Ordóñez (Barcelona, 1957) ha plasmado en su nuevo libro, Comedia con fantasmas, la pasión que siente por los escenarios desde que su padre le hablaba de los maravillosos estrenos que había visto en la cartelera madrileña de años 60. A través de una exhaustiva documentación y de las historias que ha escuchado a los más grandes actores de nuestra escena, Ordóñez ha construido una novela "para todos los públicos, incluso para los que no les guste el teatro", según afirma el propio autor.

El libro muestra un teatro bastante romántico. En los años 20 y 30 las compañías eran como un circo ambulante. Esto, sin embargo, no se ve en el teatro actual.
Yo creo que el teatro siempre es romántico. Hace falta un coraje enorme para subirse a un escenario, desde los griegos hasta ahora. Es decir, la locura que hace falta para salir ahí y convertirse en otra cosa existirá siempre, aunque sólo sea una persona hablando a otra iluminado por una luz.

En "Comedia con fantasmas" se observa que en el teatro hay un antes y un después tras la Guerra Civil. ¿Cómo marcó este conflicto al mundo del teatro?
La guerra trajo innumerables cambios. Yo he intentado retratar una generación que aprende el teatro haciéndolo, en el día a día, sin escuelas y sin métodos. Aprenden haciendo vodeviles, tragedias, comedias. Ahora el teatro puede ser más tranquilo, se han perdido todos los viajes, las dobles y triples sesiones, y en libro se observa que tras la Guerra Civil sí hay una cierta decadencia.
Madrid es otro de los personajes clave de la novela. ¿Cómo se ha documentado para escenificar el Madrid de los 30, 40, 50 que ya no existe?
A base de mapas de los años 30 y 40 y de muchísimas memorias de la época. Me parece que era Flaubert quien decía que un lugar se hace real no describiéndolo, sino haciendo que sucedan cosas.
En el libro se reconocen personajes reales como Fernán-Gómez por quien usted muestra una férrea admiración.
Fernando Fernán-Gómez es Dios. Para mí es mucho más que un actor, es escritor, es muchísimas cosas. Y ya que yo soy el guionista de esta película me puedo permitir que algunos actores hagan cameos y así aparezcan Orson Welles o Fernán-Gómez, aparte de para dar veracidad a la historia, como un homenaje descarado.
¿Qué opina de las salas alternativas? En los últimos tiempos en Madrid parece que están funcionando bastante bien.
El panorama de las "alternativas" de Madrid lo conozco poco, pero por lo que me cuentan, sigue pasando lo mismo que en Barcelona; es decir, cuesta bastante que un espectáculo nacido en el off entre en una programación del teatro "comercial". Dentro de esto, claro, hay 20.000 excepciones.
¿Qué diferencia a Madrid y Barcelona de la escena de Londres, Berlín o Nueva York?
De entrada, que hay muchísima más producción. Para mí, ahora Londres es la capital del teatro. Es donde se está haciendo un teatro más vivo, el que más me gusta. Es un teatro sin "ismos", sin una voluntad autoral de los directores. Se hace teatro y basta, sin que el director sea la megaestrella, sin hacer insensateces. Yo creo que esto ha sido algo que ha perjudicado bastante a la escena europea siempre. La diferencia más grande está en el público. En Nueva York y Londres, el teatro se abastece del público local y sobre todo de una franja turística enorme.
Supongo que también notará diferencias entre el público de Madrid y el de Barcelona.
Sí. A mí hay muchas cosas del público de Madrid que me encantan. Es mucho más entusiasta, el hecho sólo de ir al teatro tiene un componente de fiesta y de alegría que no se ve en Barcelona. Por el contrario, en Barcelona, en los últimos años se está haciendo mucho más teatro, hay muchas más compañías, muchos más actores. Quizá la producción en Madrid choca con un tipo de empresarios y programadores que funcionan a la antigua usanza, que no les gusta correr riesgos, y esto les lleva a un tipo de teatro más convencional.

Precisamente lo que ha copado la cartelera en los últimos meses han sido obras muy "comerciales", como los musicales.
Bueno, yo soy un apasionado del musical. De todas maneras, el gran problema del musical es que requiere una inversión muy grande de dinero. Por ello, el musical, como a se ha hecho en Londres, debería ser asumido por los teatros públicos.

* Por gentileza de Paula Corroto 2003. Publicada en la revista española Cambio 16.
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