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No me llames iluso...
por querer hacer teatro
Por Chema Rodríguez
Chema Rodríguez (Madrid, 1973) hizo su debut en la obra "Perdona a tu pueblo Señor" (1989) a los quince años de edad con la compañía de teatro amateur "La Intemperie". Más tarde trabajó con la Compañía de Teatro "EL FORO" con la que estrenó ocho montajes entre 1992 y 1998. Estudió Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, compaginando estos estudios con sus actuaciones en teatro y los estudios de guitarra clásica y canto en el Conservatorio de Pozuelo de Alarcón. Estudió interpretación en la escuela de Cristina Rota (Promoción 1997-2001). Trabajó con la Compañía Nuevo Repertorio en el espectáculo "La Katarsis del tomatazo", famoso musical-cabaret que se ha representado en la Sala Mirador de Madrid durante siete años y en el que Chema actuó entre 1998 y el 2001. Entre sus otros trabajos se encuentran el musical "A Chorus Line" (2000) y la coreografía "Me caso no me caso" (Losdedae-Danza, 2001). Fundó junto a Marta Ochando la compañía Martelache, cuyo primer trabajo "Idioteces profundas contadas por imbéciles inteligentes" protagonizaba, además de ser su primer trabajo como autor.
Cuando me planteé por primera vez que quería hacer teatro me preguntaba qué sería necesario para cumplir tan tremendo y extraño objetivo. Mi madre decía que era necesario tener valentía. Mis hermanos pensaban que se necesitaba estar muy aburrido y tener talento para hacer la pelota. Mi padre afirmaba que era requisito imprescindible sufrir algún tipo de retraso psíquico o insuficiencia de riego sanguíneo en el cerebro. Yo pensaba que para hacer teatro bastaba con tener una obra. Mi ingenuidad y desconocimiento del medio no eran lo suficientemente grandes como para no saber que el camino sería más fácil de recorrer encontrando un productor, un promotor o ganando 10.000€ en la primitiva. Lo que nunca pensé fue en la necesidad de estar enajenado o enganchado a los psicofármacos para poder sumergirme en el maravilloso mundo de las candilejas.
Sin padrino ni relaciones de ningún tipo en el medio teatral pensé: "Haré teatro alternativo". Era una idea fantástica. Me sentí poderoso, inteligente y lleno de vida. Sé que soy más ingenuo que Heidi cuando le pone galletas a los reyes magos, pero pensé prepotentemente que lo tenía todo para hacer teatro. Me asocié con una compañera de estudios y ambos escogimos un maravilloso elenco de actores jóvenes con una amplia formación y mucho talento. Teníamos la obra "Idioteces profundas contadas por imbéciles inteligentes", una comedia ácida, divertida y bastante crítica. Fundamos la compañía MARTELACHE.
Hacer teatro alternativo parece ya bastante reto es estos días, pero nosotros decidimos hacer teatro de manera independiente, sin subvención, sin red. Había que ir a por todas, tirarse del avión sin paracaídas. Sabíamos que emplear todos tus ahorros y contraer un par de deudas para invertir en una actividad conocida como la menos rentable del mundo conocido ya parece ser algo suficientemente estúpido. Cualquier persona sabe que la cultura no da dinero, pero yo tenía un sueño y las dos neuronas de mi cerebro que controlan el sentido común estaban de resaca ese día. ¡Teníamos la obra! Encontrar el escenario parecía una tarea muy sencilla. En los últimos años en Madrid han crecido las salas alternativas como los champiñones en el campo después de llover.
El problema de algunas salas madrileñas es que programan con casi un año de antelación, y no hay fecha prácticamente en ninguna, a lo que se suma el hecho de que los programadotes son bastante perezosos a la hora de ver el vídeo de tu obra, que ellos previamente te han solicitado, probablemente para usarlo de pisapapeles.
No soy fácil de doblegar y tampoco lo es mi socia. Martelache al fin consigue encajar su primera obra en una sala. Muy rápido comprendes que las salas alternativas descargan sobre la compañía todo el peso. Muchos coordinadores de sala creen que los espectadores aparecerán en el teatro por arte de magia y otros piensan que tus relaciones personales y familiares llenaran la sala cada día. Ante la incapacidad de las salas para atraer público, la solución es convertirse en una navaja suiza. Tener una compañía de teatro significa ser un electrodoméstico multifuncional: pegador de carteles, relaciones publicas, autor, director, actor, administrador, contable, productor, etc. (A veces he llegado a pensar que soy casi tan versátil como Ana Obregón). Un director de una compañía pequeña debe hacer él mismo todo lo que no puede permitirse pagar.
Consigues la sala y rápidamente tiendes a pensar que a partir de ahí todo se volverá más sencillo. Nada de eso, porque después de representar tu obra con bastante éxito de público y crítica durante dos meses, las salas alternativas comienzan a pedirte un estreno. Sencillamente los programadotes no creen que haya público en Madrid para que una obra de pequeño formato pueda representarse durante más de tres meses y desde luego no en varias salas. En lugar de buscar nuevas formas de atraer al público y formas de convertir el teatro alternativo en algo más que una afición para gente "rarita", las salas piden a las compañías nuevos trabajos. ¿Por qué razón? Porque un porcentaje aceptable del público que ha disfrutado del primer montaje de una compañía seguramente acudirá al segundo. El "Fantasma de la Ópera" ha superado ya los 350.000 espectadores en Madrid y sin embargo es imposible que acudan a un montaje de teatro alternativo más de 500 personas... ¿Cómo es posible? ¿Es sólo cuestión de marketing?
Martelache quiere conseguir prolongar su actividad en el tiempo. No convertir seis meses de duro trabajo de creación en un entretenimiento para catorce representaciones. Buscar nuevas formas de atraer al público es el principal objetivo a cumplir. Por supuesto la tarea sería más fácil si la prensa de este país prestara más atención a los eventos culturales, pero es difícil apoyar los estrenos de teatro alternativo mientras toda la prensa nacional está concentrada frente a la puerta de Isabel Pantoja.
"Idioteces profundas contadas por imbéciles inteligentes" se ha representado más de quince meses seguidos, ha superado las cuarenta funciones y los 3.500 espectadores. La valoración es positiva. El esfuerzo ha dado sus frutos. A lo mejor un día no muy lejano, en una galaxia no demasiado lejana... hacer teatro alternativo en España se convierte en algo más que un entretenimiento para dementes.
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